enero 21, 2022

Ética y política de un expresidente

Todo boliviano y boliviana tiene todas las garantías para ejercer sus derechos políticos. Este es un dato de la realidad en Estados en los que rige una situación de plena y absoluta vigencia de las libertades civiles y políticas reconocidas universalmente. Bolivia no es la excepción.

Ahora bien, sin recortar un mínimo de espacio en el ejercicio de los derechos políticos, también surge la necesidad para los sujetos de esos derechos el apegarse a la ética como requisito fundamental para hacer creíble la palabra y la acción de cualquier ciudadano y ciudadana. Es muy difícil darle crédito a la honestidad de nadie si no guarda coherencia entre lo que dice y lo que hace.

La referencia a las dos ideas que acabamos de desarrollar –el ejercicio de los derechos políticos y la ética ante la vida y en el cumplimiento de esos derechos-, es lo que no está sucediendo con el historiador y expresidente Carlos Mesa, quien se ha convertido en una verdadera vedette en el campo de la oposición en el último tiempo, aproximadamente dos años. No hay problema en que en el protagonista del show, lo que si hay en que actúe con falta de ética.

Lo cuestionable del expresidente, pero tampoco sorpresivo, es el uso político que hace de su condición de vocero de la estrategia marítima. Mesa, quien concede entrevistas para referirse al tema, no ha aclarado en ninguna oportunidad el carácter de su papel en esa estrategia, que es, valga la insistencia, de ser vocero y nada más. El expresidente jamás ha señalado que la estrategia frente a Chile en el tema marítimo, como en otros campos, ha sido concebido por el gobierno a la cabeza del presidente Evo Morales. El silencio que guarda ante el hecho o prefiere callar, generando confusión en la gente no es ingenuo, por lo que es una expresión contundente de la violación de los más elementales códigos de ética.

Por otra parte, no hay declaración de prensa en la que el expresidente haga referencia a los resultados del referéndum del 21 de febrero de 2016. Por un lado, pide respeto a la voluntad del soberano, aunque algunas veces ha reconocido que la Constitución Política del Estado abre y no cierra la posibilidad de llevar adelante otros referéndum por el mismo tema. Lo que cuando ha sucedido esto último, Mesa ha retrocedido en menos que canta un gallo cuando la oposición partidaria ha salido a criticar sus declaraciones, lo cual muestra no solo incongruencia o la actitud vacilante de la que ya dio señales clarísimas cuando fue presidente sino también una falta de ética.

Esta conducta de Mesa no es la primera ni la última. Solo hay que recordar que en 2004, en su corto gobierno, el país fue escenario de un referéndum para definir el futuro de los hidrocarburos. El resultado de esa consulta es que más del 60 por ciento de los bolivianos y bolivianas eran partidarios de que el Estado recupere el control de los hidrocarburos. El entonces presidente Mesa no solo desconoció la voluntad popular y se negó, por presión de los Estados Unidos, a trabajar una ley que convirtiera en norma el sentimiento de la población, sino que desató una crisis política que más bien no evolucionó a un escenario de convulsión gracias a la madurez de los movimientos sociales que derrotaron los planes de la embajada de EE.UU. de imponer a un presidente de transición. Mesa prefirió desencadenar ese escenario con su renuncia antes que respetar la voluntad popular.

¿A qué todo esto sobre el expresidente Mesa? Por su papel en la oposición política a Evo Morales desde una posición que no guarda compatibilidad con lo que dice y hace.

Mesa debe decidir lo que quiere hacer. Si quiere ser candidato presidencial o actor central en la estructuración de una alternativa al gobierno de Morales, tiene todo el derecho y las garantías constitucionales. Pero entonces debe renunciar a su condición de vocero de la causa marítima. No es bueno ni ético usar causas nacionales y nobles para beneficio personal.

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