por: Cergio Prudencio
A propósito de los varios temas pendientes sobre los cuales en el actual proceso tenemos obligación de generar teoría, vaya un breve acercamiento a la idea de la memoria como factor de incidencia directa en la construcción de paradigmas culturales, sociales y políticos.
Como concepto, la “memoria” es el conjunto de procedimientos mediante los cuales una colectividad o un individuo se relacionan con su pasado. El pasado es una abstracción del tiempo que responde frecuentemente a construcciones culturales. Es decir, todos los seres humanos coinciden en la existencia de experiencias preliminares al presente, pero no todas las cosmovisiones conciben ni expresan esa existencia de la misma forma. La memoria será entonces un síntoma de la condición humana en reacción a acumulaciones vivenciales.
Reconocemos dos elementos dialécticos movilizadores de la memoria: el recuerdo y el olvido. Entre aquello que recordamos y aquello que olvidamos se implanta la memoria, como un posicionamiento ante todo lo antecedente.
Recordar y olvidar son las opciones. Podemos decidir qué recordamos y qué olvidamos; lo que queda en/con nosotros, y lo que no queda en/con nosotros, en asimilación y descarte como en cualquier proceso de la naturaleza. Sin embargo esa decisión puede ser un acto de soberanía o también una consecuencia de intervenciones. ¿Por qué olvidamos lo que olvidamos, y por qué recordamos lo que recordamos? Las respuestas a estas interrogantes nos llevan al observar, por una parte, el relacionamiento entre sociedades; y por otra parte, el comportamiento de la educación y de las comunicaciones como instrumentos influyentes en la determinación de lo que alguien, individual o colectivo, decide hacer con respecto a episodios del pasado: olvidar o recordar. Y es a partir de ahí que la memoria pasa a ser un campo de batalla ideológica.
El sistema colonial sabe que la hegemonía es posible solo en tanto y en cuanto el sometido deja de saber quién es; es decir, cuando su memoria es intervenida con propósitos de dominación política y económica; porque en el proceso de la memoria se resuelven dos categorías esenciales para la supervivencia de la cultura: la herencia y la identidad. Dos asuntos para otra ocasión.

Leave a Reply