enero 16, 2022

Verdad y modernidad

El filósofo esloveno Slavoj Zizek, en un texto destinado al análisis del cine de Hollywood, señala –respecto a la película titulada Batman, el caballero de la noche, de Christopher Nohlan– que “la necesidad de una mentira para mantener la moral pública es el mensaje final del filme: sólo una mentira puede redimirnos” (Zizek, 89).

¿No sugiere acaso, entonces, la gran popularidad de El caballero de la noche [Batman] el hecho de que toca un punto sensible de nuestra constelación ideológico política: la indeseabilidad de la verdad? […] La pregunta que deberíamos hacernos es esta: ¿por qué, en este preciso momento, existe tal renovada necesidad de una Mentira para preservar el sistema social? (Zizek, 91).

Zizek nos recuerda que muchas veces una invención es necesaria para mantener el orden. Una mentira es necesaria para evitar el caos. Decir que el rey ha muerto permite a éste escapar, y evitar más derramamiento de sangre. Decir que la naturaleza está a salvo permite a las empresas continuar con la explotación de recursos naturales. Decir que ya no hay más esclavitud, que en este mundo todos somos libres, permite que la trata y el tráfico de mujeres y menores continúe. Esta idea de mentir a partir de un acuerdo o una invención nos remite inmediatamente a Friedrich Nietzsche, quien oponía invención frente a origen, y es decir que la cosas, en particular las verdades morales, no tienen origen sino tienen un momento de invención. Nietzsche lo decía en una tensión contra Paul Ree.

Cuestionar a qué denominamos verdad también nos lleva a las reflexiones de Rorty respecto a la manera de concebir la verdad como un consenso de auditorio. Para Rorty llamamos verdad a lo que acordamos llamar verdad, y que en el fondo algo puede pasar por verdadero si hay un consenso entre los hablantes para mantener y prorrogar esto como verdadero.

Finalmente esta idea de invención de la verdad nos remite a Byung Chul Han y sus reflexiones sobre “el original”. Para Han, lo que llamamos original es una pulsión de occidente, es decir es un tensión que tiene la cultura occidental de hacer valer sus supuestas verdades en pruebas. Algo no es válido por si mismo, sino que necesita de pruebas para sustentar su veracidad. Para Han el aprecio por el original lleva a la cultura occidental a construir archivos, museos y otros repositorios en busca de depositar en ellos las pruebas de la verdad. Algunas pruebas de muy dubitable procedencia.

Entonces podemos llamar verdad en realidad a la producción de verdad, en tanto invención, como pilar y centro de un juego relacional, sistémico, de un conjunto de prácticas y afirmaciones culturales, necesarias para mantener y prorrogar cierto orden.

La producción de verdad se puede estudiarla como invención, como es el caso de las versiones foucaultianas de Nietzsche; se la puede estudiar como creencia y aceptación, tal es el caso de las exposiciones de Richard Rorty, y finalmente en relación con la noción de original en la perspectiva del coreano Byung-Chul Han.

La industria cultural en el sentido formulado por Horkheimer y Adorno, entendido como el conjunto de sectores encargados de la creación, producción, exhibición, distribución y/o difusión de servicios y bienes culturales, tales como el arte, el entretenimiento, la publicidad, entre otros, ofrecen, como ya lo señaló Zizek, muchos ejemplos de esta necesidad de una verdad para mantener el orden. La serie de televisión House of Cards es una muestra de ellos, pero también lo es Juego de tronos. Quien ha dedicado largos análisis a esta pulsión de la industria cultural contemporánea es Dominique Moïsi, quien en un libro recientemente publicado, denominado Geopolítica de las series propone un marco de análisis de la geopolítica contemporánea.

Moïsi analiza los últimos atentados en suelo europeo, la situación en Siria, la crisis de los refugiados, el fenómeno del populismo, la nueva distribución del poder de las superpotencias… a través de series como Juego de tronos, House of Cards, Homeland, Downton Abbey, Occupied, Borgen, El ala oeste de la Casa Blanca, The Americans…Nos demuestra, por ejemplo, cómo las series occidentales critican y minan su propio sistema, que aparece siempre como corrupto y decadente, mientras las series chinas o rusas glorifican los suyos respectivos (http://erratanaturae.com/libro/geopolitica-de-las-series/ consultado el 1 de noviembre de 2017)

Comprender a los usos de la producción de verdad como pilar y centro de un juego relacional y sistémico de prácticas sociales, culturales y políticas a partir de un corpus tan complejo como lo son las series de televisión es un reto interesante, pero además es una manera de llamar la atención respecto a una tensión/pulsión de la modernidad, esta necesidad de saber la verdad, de creer en una verdad.

Referencia bibliográfica:

●    Zizek, Slavoj. Bienvenidos a tiempos interesantes. La Paz, Vicepresidencia del Estado. 2011.


*    Cientista social, actualmente cursa la maestría en Teoría Crítica del CIDES.

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