por: Bryan Katari
Como instrumento represivo, siempre se encuentran al servicio de algo o de alguien. Ese alguien puede ser una élite u oligarquía en el gobierno, o un gobierno extranjero en sí mismo. Pedirles una actitud apolítica, entonces, no es solamente idealista, sino imposible. Las propias constituciones que defienden o deben defender son el resultado de luchas políticas donde su acción también es determinante.
Entender a las Fuerzas Armadas (FF.AA.). de los países de Latinoamérica como actores potencialmente políticos es un tabú tanto para académicos como para líderes de opinión de nuestras sociedades. Pero, ¿cómo se puede esperar tal distancia y asepsia de un sector de la sociedad y del Estado que ha sido el principal protagonista de la historia de nuestro continente desde inicios del siglo XIX hasta hace poco más de un par de décadas? Las FF.AA., como todo sujeto político, están inmersas en relaciones de poder que las obligan a adoptar una posición específica no sólo en coyunturas puntuales como las de crisis institucional o política que puede atravesar un Estado, sino en la cotidianidad de un pueblo o una sociedad.
Para bien o para mal, las FF.AA. siempre han jugado un rol en la definición del poder y el rumbo de nuestro continente. Sea como guerrilleros insurgentes contra el poder español; sea como libertadores delineando la actual geografía de América del Sur; sea como instrumento de represión de élites políticas y económicas locales sobre poblaciones indígenas, obreras o campesinas; sea como un engranaje del imperialismo estadounidense para mantener sometidos a los países de la región; o sea como organización matriz de patriotas como Germán Busch o Hugo Chávez. Las FF.AA. salvo en contadas excepciones, han hecho política, por acción u omisión.
René Zavaleta solía decir que si el Estado es la síntesis de la sociedad, entonces las FF.AA. son la síntesis del Estado. El resumen del resumen o la expresión más primitiva de una formación económica social. Así, a un periodo de convulsión post colonial como la experimentada las primeras décadas del siglo XX le correspondían FF.AA. oscilantes entre proyectos de consolidación nacional o sujeción al imperialismo británico; a un periodo como el de la postguerra mundial le correspondían FF.AA. extendidas como apéndices del emergente imperialismo estadounidense; a Estados dependientes y neocoloniales, les correspondían FF.AA. excluyentes, racistas y represoras. Pero, ¿qué hay de los cambios sufridos por algunos países de la región durante las últimas décadas?
FF.AA. progresistas
En el pensamiento militar de Latinoamérica, de Hanz Dieterich, revela que las FF.AA. también sufrieron cambios notables, junto con sus respectivos Estados, en los países que travesaban el giro a la izquierda que se extendió por la región a inicios de este siglo. Fuerzas Armadas con doctrinas e historias diferentes pero innegablemente alineadas a los proyectos de autodeterminación soberana de sus gobiernos, particularmente los de Brasil, Argentina, Venezuela, Ecuador y Bolivia. Siendo el caso brasileño el más anecdótico, pues sin seguir el discurso izquierdista de sus homólogas andinas, el Ejército brasilero comenzó a hacer cada vez más elocuentes las aspiraciones de su Estado por alcanzar el grado de Global Player o Jugador Global.
No sólo con la modernización de su Ejército, sino con advertencias hechas por el entonces ministro Amorim a dos propuestas de la Unión Europea y la India para internacionalizar la Amazonía. “Si cualquier potencia trata de apoderarse de esa parte de nuestra territorio, los esperaremos con una guerrilla”. La contundencia de la respuesta brasilera expresaba, así mismo, la emergencia de Brasil como potencia económica junto con el bloque BRICS, liderado por China hasta el día de hoy, pero con una gravitación mucho menor por parte de Brasil luego de la crisis política que desestabilizó su gobierno a mediados del año pasado.
De la misma forma, periodos de crisis política como los atravesados por Bolivia en 2008 o Ecuador en 2011 no hubieran podido ser superados sin el concurso de por lo menos una de las ramas de estas FF.AA. a favor de los gobiernos progresistas bajo asedio. En Bolivia, por un lado, un bloque cívico prefectural parlamentario se apoderó fácticamente de la mitad del territorio nacional tal cómo se lo hubiera hecho en una guerra de secesión. Por el otro, en Ecuador, la Policía Nacional se parapetó contra el gobierno de Rafael Correa en el centro mismo de la capital de gobierno. En ambas situaciones, la lealtad del Ejército hacia el orden constitucional y, específicamente, a los gobiernos populares, fue un factor decisivo en el momento de resolución de estas crisis.
Las FF.AA. hacen política, parecería ser la conclusión de estas experiencias. Aunque no siempre en consonancia con el gobierno. La fragmentación del Estado no es una ficción, después de todo. No olvidemos que la propia teoría del derecho político, en sus bases fundamentales dibujadas por Jean Jaques Rousseau, aclara muy bien que el poder Ejecutivo es una facción diferenciada del Poder Legislativo y hasta del propio soberano, expresión política del pueblo. De esta forma, al igual que podemos observar FF.AA. alineadas a proyectos políticos hegemónicos como los de Bolivia y Ecuador, también podemos observar FF.AA. aún atravesadas por una mentalidad heredada de la Guerra Fría y la Doctrina de Seguridad Nacional. Esto fue lo que pasó en Venezuela y Honduras y, hasta cierto punto, en Paraguay, donde la acción, pasiva o activa, de las FF.AA. fue un elemento importante para la desestabilización de los gobiernos progresistas de Lugo, Zelaya y Chávez. Solamente en el último caso el concurso de lo nacional popular pudo evitar un quiebre con lo avanzado hasta entonces.
Como instrumento represivo, siempre se encuentran al servicio de algo o de alguien. Ese alguien puede ser una élite u oligarquía en el gobierno, o un gobierno extranjero en sí mismo. Pedirles una actitud apolítica, entonces, no es solamente idealista, sino imposible. Las propias constituciones que defienden o deben defender son el resultado de luchas políticas donde su acción también es determinante.
FF.AA. e ideología
De acá también se extrae otra conclusión. Las FF.AA., como sujeto político, también tienen una ideología, una doctrina que guía su comportamiento y que les sirve de brújula para diferenciar lo bueno de lo mal, lo legítimo de lo ilegitimo. Esta brújula va más allá de la formación de sus academias y colegios militares, sino que responde también a influencias desde la propia sociedad y la historia. En su libro, Orígenes del Poder Militar: Bolivia 1879-1935, el reconocido historiador británico James Dunkerley registra muy bien el carácter casi corporativo de esta institución, atravesada por las contradicciones de su tiempo, caóticas y tempestuosas, en el que el simple hecho de acceder a la carrera militar se convertía en una posible plataforma de lanzamiento político que se alcanzaba con la fuerza. Estos alzamientos, revoluciones, conquistas, golpes o como se los quiera llamar, respondían a una lucha de proyectos y clases de las que no podían escapar estas propias FF.AA.
Carlos Montenegro, en su brillante ensayo Nacionalismo y Coloniaje, distingue a estas facciones dentro de las propias FF.AA., separando a militares nacionalistas portadores de un proyecto soberano de estatalidad de los militares supeditados a las élites de la plata, primero, y el estaño, después, y por lo tanto de poderes extranjeros. Los nacionalistas, primero heredero de las guerrillas por la Independencia, como Sucre, Santa Cruz, Ballivíán o Belzú. Les seguirían luego Toro, Villarroel y Busch.
No obstante, las FF.AA. no solo pueden ser comprendidas desde el terreno de la filosofía política, sino desde enfoques mucho más pedestres e inmediatos como el simple interés corporativo. En Bolivia, es un sector que se jubila con el 100% de su salario, a pesar de su cuestionable utilidad pública, y como tal ha desarrollado no sólo una identidad institucional que ata a todos sus miembros en una suerte de chauvinismo corporativo, sino que a logrado superar algunas contradicciones de la sociedad boliviana en su propio seno. Así, diferencias regionales se hacen superfluas o nulas, mientras que otras de carácter clasista, como la existente entre oficiales y sub oficiales, se mantienen intactas.
Es la institución más sensible a la influencia política, nacional o extranjera, que puede tener el Estado. El periodo de dictaduras que azotó Latinoamérica durante los 70s y 80s no sería explicable sin el contexto de la Guerra Fría y la Doctrina de Seguridad Nacional impulsada por Washington, como tampoco lo sería su repliegue democrático sin la caída del Muro de Berlín y el advenimiento de la Tercera Ola Democrática que señala Huntington. Esta extraña sensibilidad política innegable produce personajes como los generales que masacraron a mujeres y niños durante los levantamientos de Octubre de 2003 de la misma forma que militares como Hugo Chávez en Venezuela.
Pista de despegue hacia el ascenso social, síntesis de las contradicciones que atraviesa un Estado, órgano represivo a favor de una clase contra otra, bastión de la soberanía estatal, represores o revolucionarios. Las FF.AA. están atravesadas por las contradicciones que afectan a la sociedad como conjunto y, posiblemente, de forma mucho más dramática que el resto de la sociedad. Su adoctrinamiento va más allá de las consignas de guerra, y responde al poder que tiene el Estado como conjunto frente a sí mismo como frente a potencias extranjeras.
* Es filósofo.


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