Jorge Tuto Quiroga siempre ha sido considerado como un político de ultraderecha. Los argumentos que sustentan esa definición tienen directa relación no solo con el origen de su militancia –Acción Democrática Nacionalista (ADN) del dictador Hugo Banzer Suárez- sino con las posiciones y acciones que ha tomado dentro y fuera del país durante años.
La más reciente es la del pasado miércoles 7 de marzo, cuando el político boliviano, junto al también ex presidente de Colombia, Andrés Pastrana, llevó adelante una verdadera provocación contra el Estado, el gobierno y el pueblo cubano al trasladarse hasta La Habana sin la visa respectiva y a pesar de que fueron advertidos de que “no serán bienvenidos en Cuba.
Es evidente que los dos ex presidentes sabían que no ingresarían a territorio cubano. Nadie ingresa a un país sin la visa respectiva. De eso tenían plena certeza. Pero igual fueron en cumplimiento de la agenda coordinada con sus socios mayores: el Departamento de Estado y su jefe inmediato, el secretario general de la OEA, Luis Almagro. El objetivo de ambos políticos no era tanto participar de un acto supuestamente organizado por la hija de un disidente cubano, quien les haría entrega de un premio en representación de la Iniciativa Democrática de España y las Américas (IDEA). El objetivo real de ambos mandatarios era, en realidad, desarrollar un acto de provocación y de injerencia inaceptable contra la revolución cubana.
Pero la provocación de Quiroga no es una excepción: forma parte de su práctica cotidiana. De su larga historia política, es conocida su posición dentro del gobierno de Banzer para que las fuerzas policiales repriman con dureza las movilizaciones de abril de 2000 y su acuerdo con el Pentágono estadounidense para instalar una base militar de ese país en el Chapare. En ese momento fungía como vicepresidente de la república. Pero, su falta de escrúpulos para cumplir con la legalidad se remonta a enero de 2002, cuando Quiroga, ya como presidente por la muerte de Banzer, acordó con la embajada de Estados Unidos tramitar con sus diputados y senadores la expulsión del entonces diputado Evo Morales.
El heredero de la dictadura y alineado a la escuela de los Chicago Boys piensa que siendo duro contra los gobiernos de izquierda en la región podrá acumular caudal electoral. Sin embargo, a pesar de la espectacularidad que le pretende dar a sus acciones y discursos, Quiroga no ha podido construir en el imaginario colectivo la imagen de un político viable y alternativo. Salvo en 2005, cuando rebasó la franja del 25% en las elecciones generales que Evo Morales ganó con un 54%, en el resto de las elecciones no ha superado la barrera del 10%. En el fondo sabe que no es un político con viabilidad dentro del país, que ni siquiera cuenta con el apoyo de la gente alineada contra el gobierno de Evo y el proceso de cambio.
A Quiroga no se lo debe ver como adversario electoral, que a eso no llega. Pero si no hay que subestimar las acciones que pueda promover y hacer. Sus jefes ya le dieron la tarea y el ex presidente tiene decisión para llevarlas a cabo. No hay que subestimarlo.

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