octubre 16, 2021

El idealismo de Thomas Backer y el pragmatismo de James Cohn

El mes de abril nos sorprendió con una sentencia sin precedentes que provenía del juicio contra Sánchez de Lozada y Sánchez Berzaín en la Corte de Florida, Estados Unidos. Un joven rockero y abogado de Harvard, Thomas Baker, había conseguido que los diez jueces de esa Corte se manifestaran a favor de dictar sentencia por las víctimas de la masacre de octubre negro en Bolivia. Por este veredicto las familias de los sesenta y siete asesinados durante aquellos oscuros días de octubre, serían beneficiadas con una indemnización de diez millones de dólares que el expresidente, Sánchez De Lozada y su exministro de Defensa, Sánchez Berzaín, debían pagar. Con esa sentencia se ponía fin a un juicio que había durado cuatro años y se cerraba también una larga una lucha de quince años por la dignidad, por el resarcimiento moral y contra la impunidad.

Muchos se preguntaron cómo el joven abogado de Harvard lo había logrado. Cómo, el país que históricamente había sido refugio de dictadores y genocidas, financiador de innumerables golpes de estado, masacres y dictadores, el país que asesoró a Sánchez de Lozada y luego lo protegió y dio refugio en su territorio, ahora procesaba, mediante un juicio civil, a sus propios entenados políticos.

El juicio civil contra Sánchez de Lozada y Sánchez Berzaín fue considerado el primero sobre derechos humanos contra un exjefe de Estado, y se amparó en la Ley de Protección a Víctimas de Tortura (TVPA, en inglés), que autoriza demandas en tribunales federales de EE.UU. por ejecuciones extrajudiciales. El mismo Backer, idealista y confiado de su logro, después del juicio dijo que “allá en el país que gobierna Donald Trump la leyes y la justicia se respetan y que sería ‘muy raro’ que la decisión del jurado, conformado por diez ciudadanos, de un giro”.

Pero más allá de lo que Backer creía, el giro se dio. Sánchez de Lozada y su exministro apellaron el fallo ante la Corte y este 30 de mayo el Juez James Cohn, desestimó el anterior veredicto y comunicó a las partes que no encontró evidencia alguna de que las muertes ocurridas en Bolivia ese octubre del 2003 hayan respondido a un “plan concebido para matar civiles” de parte del expresidente y, por tanto, determinó revertir la decisión que los declaraba culpables.

Lamentablemente la justicia en Estados Unidos no estuvo a la altura del idealismo de Thomas Backer, era muy difícil que el fallo de la corte de Florida lograra imponerse contra un siglo de intervencionismo de EE.UU. en América Latina eso hubiera abierto demasiados precedentes. Con este dictamen, el Juez Cohn, avaló el crimen contra las sesenta y siete personas, dio un espaldarazo a la impunidad y demostró que el imperio es lo que es, refugio de criminales, el enemigo de la democracia en el continente, asesor y protector de masacradores y torturadores.

La de Thomas Backer es la historia de un rockero que llegó a Bolivia con su guitarra al hombro y cambio la guitarra por las leyes para intentar transformarlo, es la historia de un idealista que creyó en la justicia y en las leyes burguesas. La del el Juez James Cohn, en cambio, es la historia del pragmatismo estadounidense, la del intervencionismo, del colonialismo, de la muerte y del odio. Lamentablemente Cohn se impuso sobre Backer y una vez más el pragmatismo venció al idealismo. Pero más allá del nuevo veredicto, lo que nos debe inspirar es el idealismo de Backer que intentó cambiar el mundo y aunque no lo logró, luchó tenazmente por ello.


*    Socióloga.

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