octubre 16, 2021

La in “justicia” gringa

Aunque alguna de manera ilusa esperaron no solo los diez millones para las víctimas de octubre, sino principalmente el resarcimiento moral con la sanción a los asesinos más sangrientos de este siglo XXI en nuestro país, era lógico esperar que “entre bomberos no se pisen las mangueras” y obviamente “entre gringos no se condenen”.

No es sorpresiva, para nada ni para nadie, que el juez de Florida hubiese determinado dejar sin efecto el veredicto del tribunal ciudadano y deje libres de pena y culpa a los Sánchez. Es únicamente una consecuencia lógica del comportamiento político y moral del imperio, es decir, un sistema dentro del cual, la justicia responde no precisamente a sus leyes, ni siquiera a los veredictos ciudadanos, sino a las directrices políticas que surgen de Washington.

En otras palabras, estamos hablando de un sistema judicial subordinado no solo al gobierno estadounidense, sino a los objetivos estratégicos del imperio. No existiría forma de explicar que sus prohijados asesinos fuesen sancionados o sentenciados por su propia justicia, porque estarían abriendo las compuertas a que toda la sarta de operadores y testaferros, diseminados no solo en nuestro continente, sino casi en todo el planeta, empiecen a sentirse desprotegidos para seguir cometiendo fechorías.

Si los Sánchez fuesen sentenciados, podrían preocuparse los Piñera, los Macri o los Temer, como también tendrían que hacerlo los terroristas del estado islámico, los judíos, los guarimberos venezolanos o los contras nicaragüenses, porque sentirían que su protector estaría dejando de ser tal y tendrían que pensarlo más de una vez para ir en contra de la vida y la seguridad de sus pueblos.

Pero como aquello no puede ocurrir, porque ellos deben seguir con sus tropelías sin temor, seguros de su impunidad, dentro y fuera de sus países, el imperio les da una señal por si acaso, para que estén tranquilos, diciéndoles que sigan cumpliendo con sus mandatos criminales y que si por alguna razón algo les sale mal, con seguridad tendrán su refugio casi hogareño, lejos del alcance de toda justicia.

Por eso a nadie debiera sorprender ni el fallo del juez, ni el festejo de los lacayos criollos del imperio en nuestro país. Deben festejar, tienen porque, están protegidos para seguir buscando por todos los caminos la desestabilización, social, económica y política del gobierno boliviano. El que puedan lograrlo por su incapacidad es parte de otra historia.

Sin embargo, no nos basta con estas constataciones para quedarnos tranquilos. También tenemos, como bolivianos, muchas tareas pendientes y desde hace mucho tiempo. Los Sánchez y sus secuaces deben ser enjuiciados y sancionados por la justicia boliviana, no hay razón alguna que pueda eximir a nadie de esa responsabilidad. Resulta poco comprensible que hasta hoy muchos de los delincuentes que gobernaron con los Sánchez, no solo anden sueltos en nuestras calles, sino que se atrevan a hablarnos de democracia, de justicia y de libertades, cuando todos sabemos con precisión en el lugar donde les correspondería estar: en una cárcel. ¿Alguien podrá explicarnos por qué aún no están allá?

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