septiembre 21, 2021

Un pueblo que se merece un corrido


Por Marcelo Caruso Azcárate *-. 


En el conmovedor escenario del histórico Zócalo reventando de pueblo por todas sus arterias, Andrés Manuel López Obrador, AMLO, ratificó los 3 ejes de su futuro gobierno, “No Mentir, No Robar, No Traicionar al Pueblo”. Luces y rancheras decoraron la fiesta más esperada desde el triunfo de Lázaro Cárdenas, con una asistencia emocionada en la cual las capas medias y las mujeres eran mayoritarias. A nuestro entender faltaron los corridos de la revolución, pero tal vez era mucho pedir para los ejes programáticos de su movimiento.

La emoción era inevitable y contagiosa, pero para nuestros trasnochados entenderes se combinada con cierta grima por la falta de contenido de las consignas y canciones que anticiparon el discurso, algo que ya habíamos sentido cuando fuimos invitados a asistir al 35 aniversario de la revolución sandinista. Después de tantas fraudulentas derrotas, por fin ese hermoso y diverso pueblo se pudo poner de acuerdo para intentar otra vez el inicio de un cambio de rumbo. AMLO lo llamó “la cuarta transformación de México”, entendiendo que la primera fue la independentista iniciada por Hidalgo, la segunda la Reforma republicana de Juárez, y la tercera la iniciada por Francisco Madero que lleva a la interrumpida revolución.

Frente a esta transformación que anuncia AMLO y en la cual él se asume en el papel del presidente Madero, un demócrata que aspira a mejorar las condiciones de vida de su pueblo sin realizar rupturas estructurales, es bueno recordar que Madero se encontró en el medio de una creciente confrontación: entre las demandas de un pueblo y en particular un campesinado que en su Plan de Ayala exigía reforma agraria como condición para conquistar mejores condiciones de vida, y las fuerzas de la reacción que terminan destituyéndolo y asesinándolo. En ese contexto se presentan los levantamientos revolucionarios de Zapata y Villa que inician la histórica revolución.

Si bien el contexto no deja de ser parecido, sin duda las condiciones históricas no son las mismas. Madero no preparaba conscientemente la revolución, y tampoco lo hace AMLO, aunque no deja de poner el ejemplo como un juego político donde alerta a los poderes dominantes de sus potencialidades si se dedican a boicotearlo, algo que utilizaba con frecuencia Perón para frenar a la oligarquía. Su programa se ofrece como un rejuvenecedor del capitalismo a partir del desarrollo nacional, democrático y decente, lo cual frente al modelo transnacional y mafioso dominante en México, no deja de tener objetivos progresistas casi utópicos.

El pueblo mexicano de hoy no es el de 1910, ni los zapatistas son los mismos. La migración al norte fue la válvula de escape que controló por décadas sus permanentes luchas y estallidos sociales. Pero ha llegado Donaldo a cerrar esa vía, a revisar el Tratado de Libre Comercio aún más a su favor, luego de que acabó con el autoabastecimiento de alimentos, maíz en particular, quiere apropiarse y acabar con lo que resta de la industria nacional de México. Es bueno recordar que un cierre de fronteras fue lo que aumentó el descontento social e indígena que terminó desatando el levantamiento que culminó en la Comuna de Oaxaca en el 2006.

También conviene recordar a Marx, quien citando a Hegel, nos dice que la historia nunca se repite igual, y que las segundas versiones que intentan copiar lo sucedido, terminan en una farsa o fracaso. Lo que indica que no es un problema de agoreros, como muchos sectores de izquierda se han dedicado a recordarnos con aguda inteligencia, que AMLO no tocará lo fundamental del sistema capitalista neoliberal. Sino de comprender las contradicciones, entender los límites en una población influenciada por décadas por el individualismo neoliberal y sus miedos, y de la necesidad de construir desde adentro y desde afuera del proceso, múltiples experiencias autónomas y creativas de doble poder territorial, en los sitios de trabajo, estudio y de garantías de derechos humanos, que se propongan apoyar y exigir una implementación justa y decente de las reformas progresistas que anuncia el nuevo gobierno, y al mismo tiempo, estar listos para sumarse con objetivos políticos más audaces a la lucha por la defensa del proceso y del propio gobierno, en tanto mantenga sus designios populares y democráticos.

Lo más cómodo es sentarse a esperar el fracaso anunciado, pero lo más coherente es darle a este apoyo electoral masivo un contenido de lucha de clases y de poderes duales, lo cual frenará los intentos de bonapartismo que puedan generarse desde el ejercicio caudillista del gobierno, como las arremetidas del imperialismo y el capital financiero nacional e internacional que buscará doblegar sus intenciones reformadoras.

*   Intelectual colombo-argentino.

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