abril 13, 2021

Relación Estado- Iglesia: tensión estructural o coyuntural


Por José Galindo * -. 


La cuestión se presenta de dos formas: una oposición al gobierno de Morales que viene de la Iglesia a través de la gente, por un lado; o de una clase social a través de la Iglesia, por otro lado.

Los sutiles gestos de acercamiento entre el cardenal boliviano Toribio Ticona y el presidente Evo Morales han desatado una ola de críticas al primero, en lo que parecía ser una campaña de desprestigio para evitar la consolidación del éste primer indígena boliviano en el ejercicio de este cargo religioso. Las relaciones entre el Estado boliviano y la Iglesia Católica, desde un nivel más general, siempre se han mantenido dentro de los márgenes de una cultura conservadora orientada a preservar las asimetrías de poder y riqueza dentro del país, y de dependencia fuera de él. Como todo, incluso aquellas relaciones entre gobierno y religión o Estado e Iglesia Católica han cambiado en diverso grado durante los últimos años, aunque aquello no quiere decir necesariamente ningún tipo de rupturas con el pasado.

La Iglesia en el mundo

La llegada de Jorge Mario Bergoglio, hoy llamado Papa Francisco, abrió una nueva etapa en la historia de la Iglesia Católica en el mundo y, por ende, en Bolivia. Giro necesario, producto de una crisis de representación a nivel global explicada en parte por los casos de pedofilia y violación ejercida por sacerdotes en todas partes del mundo, por un lado, y por una actitud conservadora e indiferente de la Iglesia frente a problemas sociales como la aceptación de la diversidad sexual o la desigualdad entre naciones. El anterior para, Benedicto XVI, no pudo renovar la imagen desgastada de aquella Iglesia, aunque al parecer tampoco hubo una seria intención de hacerlo, lo que llevó a su eventual dimisión del cargo y la llegada de Bergoglio, quien como Papa Francisco se mostró notablemente más sensible a la crisis que atravesaba su institución.

Poco después de su posesión como Papa de la Iglesia Católica en marzo de 2013, se emitieron mensajes en contra de la concentración del 82% de la riqueza planetaria en sólo el 1% de su población, abogó por los migrantes y desplazados de todo el mundo, se aceptó la teoría de la evolución, dejó a un lado la tradicional condena envilecedora a los homosexuales y, por supuesto, se disculpó por los casos de pedofilia y abuso sexual cometidos por sacerdotes y denunciados desde hace décadas. El carisma del Papa Francisco y su capacidad para mantener buenas relaciones diplomáticas con todos los gobiernos del mundo repercutieron positivamente en la imagen de la Iglesia en todo el mundo, aumentando el número de católicos a un 17% de la población del planeta.

La Iglesia en Bolivia

Es en ese marco de transformaciones profundas que se debe comprender el nombramiento de Toribio Ticona como Cardenal boliviano, aunque se debe diferenciar del fenómeno global de su resultado local. En Bolivia, la religión católica nunca atravesó un periodo de crisis como lo estaba haciendo a nivel mundial, y siempre se mantuvo como la primera religión del país, superando generalmente el 60% de ejercicio entre la población. Su relación con el Estado se ha mantenido fluida durante periodos de gobiernos dictatoriales y conservadores, tensándose solamente con la llegada de gobiernos progresistas como el propio MAS. Su cercanía con las élites políticas y económicas no es sólo una característica suya en Bolivia sino en toda la región latinoamericana.

La llegada de Morales, como fenómeno político, económico e internacional de implicaciones antisistémicas no pudo haber tenido otro resultado que el distanciamiento entre Estado e Iglesia, sobre todo en un país como Bolivia, donde debe sumarse además el rol de esta institución en la colonización del continente. La Constitución aprobada en 2009 declaró laico al Estado boliviano, se revirtieron tierras improductivas de la Iglesia dentro de su territorio, y se eliminó a la religión católica como materia obligatoria en las aulas escolares. La resistencia fue, obviamente, inmediata: curas y obispos organizaron homilías como “Defiende tu Fe” en vísperas del referendo constitucional que llevaría a Bolivia, de todos modos, de la República al Estado Plurinacional; al mismo tiempo, otros padres se pronunciaron contra el gobierno en diversos momentos de tensión política coyuntural como la crisis del TIPNIS, la demanda por mayores recursos de los discapacitados, etc.

Tipos de tensión

No se trata, aparentemente, de una relación antagónica per se o persistentemente contradictoria, sino, más bien, de episodios que suelen acompañar a contextos más generales de enfrentamiento o tensión en todo el país. En este sentido, los ejemplos mencionados abarcaron en su mayoría el periodo 2006 – 2010, durante el cual se puede hablar de una oposición estructural al gobierno de Morales y su proyecto de país, fenómeno que se entrelaza con el carácter conservador de la mayor parte de la población católica boliviana y que tiene connotaciones de clase, en el sentido marxista del término. En otras palabras, se trata de una oposición al gobierno de Morales que no viene de la Iglesia a través de la gente, sino de una clase social a través de la Iglesia.

Simultáneamente, no obstante existen también algunos ejes de conflicto permanentes entre gobierno e Iglesia en Bolivia, relacionados a cuestiones doctrinarias o, como algunos dirían, de principio, como el matrimonio entre individuos del mismo sexo, la aceptación de la comunidad LGTB como miembro de la sociedad boliviana con los mismos derechos y obligaciones que del resto, la legalización del aborto, el levantamiento del celibato para los curas. Se trata de asuntos puntuales que usualmente despiertan reacciones inmediatas y adversas por parte de la Iglesia cuando éstas entran en discusión. En éste caso, se trata de una oposición de la Iglesia a políticas o acciones gubernamentales que son vistas como un ataque a sus principios. Está claro que la jerarquía de la Iglesia se opone a una nueva respostulación de Evo no tanto por principios liberales que por una posición de clase.

El gobierno, por otra parte, tampoco puede ser visto como un actor radical o revolucionario en ninguno de los ejes descritos en el párrafo anterior, con la mayor parte de sus legisladores abiertamente opuestos al aborto en cualquiera de sus formas, con rasgos homofóbicos en algunos de sus autoridades, y, en fin, conservadores en muchos aspectos que no tienen que incomodar a la Iglesia. La ola de ataques contra el obispo Ticona serían entonces, en realidad, la expresión de descontento de una clase empresarial y de clase media alta acostumbrada a sentirse acompañada por la Iglesia.

  • Politólogo

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