septiembre 16, 2021

Mesa Acorralado


Por Oscar Silva -. 


El recuerdo de las vacilaciones presidenciales de Carlos Mesa, durante su gestión de presidente sucesor del Goni, se mantienen en la memoria de los bolivianos, que vieron como el intelectual, historiador y presentador de televisión hacia aguas en la conducción del Estado, pese a que apenas iniciada su breve gestión recibió un amplio apoyo ciudadano, ante el descalabro ocasionado por su antecesor.

Las inseguridades y los devaneos del expresidente parecen formar parte de su personalidad. Pero hoy está acorralado y estas características se notan con mayor evidencia.

Seguramente Mesa quisiera volver a ser presidente. Vamos a suponer que se dio cuenta que perdió una gran oportunidad de hacer algo por Bolivia e imagina que en una segunda oportunidad podría mostrar lo que puede hacer. Sin embargo, Mesa sabe que ni en esta ni en ninguna elección podría ganarle a Evo Morales, ni siquiera acercarse en la votación, mas allá de las manipuladas y mentirosas encuestas, por eso se acomoda detrás del fácil discurso del 21F.

Mesa sabe que tampoco podrá liderar a una oposición atomizada e incapaz, porque los intereses personalistas y de grupos de poder, están por encima de cualquier visión política opositora real. Ni siquiera una orden de la embajada gringa podría alinear a todos los grupículos opositores detrás de Mesa.

Por eso es que hasta ahora no decide si será candidato.

Tampoco no lo hará en tanto no tenga alguna certeza o de que Evo Morales no sea candidato o que no le quede más remedio que justificar su inexplicable actuación en el caso Quiborax y así evitar la sanción judicial que corresponde, politizando y electoralizando este problema.

Lamentablemente, se ha rodeado de un entorno tenebroso. Unos cuantos de los que le acompañaron en su gestión de gobierno, que nada bueno hicieron en su momento, y un contingente de sus antiguos y buenos amigos emebelistas, los “trigo limpio”, que arrastran un sucio pasado y que pretenden reciclarse políticamente junto a la “imagen” de Carlos Mesa, a ellos hay que sumar a quienes se autodenominan plataformas ciudadanas que no son otra cosa que grupos operativos de los viejos partidos políticos

Hablando de imagen, la de Carlos Mesa, totalmente venida a menos, tras su desesperante y telenovelesco gobierno, fue saneada, recuperada, por acción del gobierno de Evo Morales, al haberle dado la oportunidad de desempeñarse como vocero de la demanda marítima. Lo hizo bien, es cierto, y ese es un mérito totalmente suyo, porque hay cosas que el señor Mesa sabe hacer muy bien, pero de ahí a pretender colocarlo como el líder de la oposición, como el paladín de la democracia o como el oponente electoral de Evo Morales, hay una enorme distancia que ni el tiempo ni las aguas podrán cerrar.

Mesa está acorralado, cercado, por su pasado ineficiente como presidente, porque sabe que nunca podrá vencer a Evo Morales en una elección, porque sabe que la justicia determinara su responsabilidad en el caso Quiborax, porque su entorno clasemediero sabe que no tienen otra carta que jugar que no sea Mesa, pero está cercado también por los medios de comunicación que ya lo han consagrado como candidato y está cercado por las montañas andinas, porque más allá de que se lo quiera hacer ver como un personaje de alcance nacional, los liderazgos regionales cruceños, tarijeños o benianos, entre otros, aun piensan en jugar sus propias cartas, sin incluir a Mesa.

Nada ni nadie garantiza que Mesa sea candidato, menos puede hacerlo el. Al contrario, todo parece apuntar a que está siendo utilizado como un globo de ensayo para ver si a través de su figura y su nombre pueden evitar de alguna forma la candidatura de Evo Morales en las elecciones del próximo año. Todo lo demás son fuegos artificiales que solo hacen ruido e iluminan por instantes para después perderse en la inmensidad del tiempo y el espacio.

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