mayo 27, 2020

Brasil tiembla


Por  Andrés Sal.lari-.


Para el autor de la nota escrita pocos días antes de las elecciones en el Brasil de este 7 de octubre (día de la publicación de este semanario), si bien la elección todavía no finaliza y si bien no es lo que se respira, no es imposible que el candidato de Lula, Fernando Haddad, se imponga en una segunda vuelta.


La noche del martes pasado una bomba (no un balde) de agua fría cayó sobre los sectores politizados que rechazan a Jair Bolsonaro, las últimas encuestas consolidan su candidatura y lo ubican como ganador en segunda vuelta contra Fernando Haddad. El antipetismo parece ser más fuerte que el antifascismo. El mercado celebra, la bolsa sube y el dólar baja. Brasil angustia.

Hace dos semanas llegué al país para documentar el proceso electoral, realicé decenas de entrevistas y en el discurso de la ciudadanía encontré lo mismo que marca la encuesta. Como fenómeno electoral, Bolsonaro se parece más al Chávez del 98 que a las eternas candidaturas lepenianas de Francia que despiertan el rechazo de todxslxs que no le votan. Le ven como la única esperanza de cambio. Sus seguidores más fieles lo llaman “el mito”.
Pero momento, que la elección todavía no finaliza y si bien no es lo que se respira, no es imposible que el candidato de Lula Fernando Haddad se imponga en una segunda vuelta. Entonces aparecen unos fantasmas no menos tenebrosos y la percepción es que hablar de democracia en este gigante es como creer en la revolución de la alegría que prometió Mauricio Macri en Argentina.

Durante mi primera parada en Curitiba, un militante uruguayo notó mi acento y se acercó a hablarme, en pocos minutos me contó un rumor: las fuerzas armadas no tolerarían un triunfo de Haddad. Lo tomé como un comentario más que en momentos de tensión pueden formar parte del acervo común entre grupos politizados.

Luego vine a Sao Paulo y continué el intercambio con diversos actores políticos y sociales. El amigo uruguayo no era el único inquietado por una intervención militar. En dos importantes redacciones de medios de izquierda, la posibilidad de un golpe de Estado se discute asiduamente off the record.

Militares hacen política

A inicios de abril el Tribunal Supremo de Justicia debía definir si Lula ingresaba a prisión o daba lugar a un habeas corpus para suspender su encierro. Un día antes de la decisión el comandante del Ejército de Brasil, general Eduardo Villas Boas escribió en su twitter: “El ejército brasileño juzga compartir el anhelo de todos los ciudadanos de bien de repudio a la impunidad y de respeto a la constitución”. No fue una declaración menor, los indicios muestran que el twitt jugó un papel importante en la decisión de poner a Lula tras las rejas.

Dos semanas después, Villas Boas fue el orador principal de un acto en el que el juez Sergio Moro (quien condenó a Lula) fue galardonado con la Orden al Mérito Militar.

Además de condenar a Lula, Moro también se muestra activo en la defensa de la intervención militar a Río de Janeiro. Desde el 16 de febrero Río es patrullada por el ejército y las decisiones de seguridad dependen de la comandancia de las fuerzas armadas, no de las autoridades legalmente electas. Las masacres se multiplicaron.

Militares también comienzan a dirigir las escuelas de enseñanza básica en el estado de Goiás  antes de que el candidato Bolsonaro posea la facultad de cumplir su promesa de incrustar militares en la dirección de toda la enseñanza pública.

En mayo hubo una huelga de camioneros por el aumento en los combustibles, en las movilizaciones aparecieron carteles pidiendo una intervención militar. Las revistas Forum y Piauí revelaron la probable participación de agentes de inteligencia del ejército en las marchas. 

¿Por qué hacen política los militares? ¿Qué planean?

El 9 de septiembre Villas Boas arremetió nuevamente y en una entrevista afirmó que la candidatura de Lula era una “afrenta para la constitución”.
El 13 de septiembre, el presidente de Tribunal Supremo de Justicia, José Antonio Dias Toffoli (designado por Lula al final de su mandato), nombró como asesor a un general recién pasado a reserva, el influyente Fernando Azevedo e Silva, quien anteriormente integró un grupo de asesores de la candidatura de Bolsonaro.

El pasado lunes durante un acto de conmemoración por el 30 aniversario de la Constitución Federal, Dias Toffoli manifestó que el golpe del 64 contra Joao Goulart no fue un golpe ni una revolución sino “un movimiento” generado por la “incapacidad de la izquierda y la derecha conservadora en ponerse de acuerdo”.

Desde la perspectiva de quien escribe, esta aseveración prefigura la justificación de una intervención cívico militar con Dias Toffoli a la cabeza, ante un escenario de ingobernabilidad generado por una victoria de Haddad. ¿Tal cómo lo ocurrido en 1964?

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