octubre 31, 2020

Ciudadanía ¿incluyente o excluyente?

No cabe duda que al ex presidente Carlos Mesa le falta habilidad y estrategia política. Todo indica que el asesoramiento que tiene continúa observando el país como si nada hubiera ocurrido en más de una década de proceso de cambio. La otra interpretación es pensar que el candidato y el partido aliado al neoliberalismo en dos décadas tienen una posición de disimulado desprecio ante el Estado plurinacional.

Uno de los temas que se ha colocado sobre el tapete de discusión está referido al concepto de ciudadanía. Como si eso habría sido negado todos estos años, el ex presidente del gonismo ha planteado construir un movimiento y un país de ciudadanos. A primera vista resulta atractivo para los que miran la sociedad desde una lógica individual. Lo que se aprecia, en el fondo, es una propuesta electoral a contra marcha del Estado Plurinacional. Aunque el historiador no ha tenido la valentía de plantearlo, eso pasaría por la convocatoria a una Asamblea Constituyente y la restauración de una república basada en criterios liberales, donde la ciudadanía se construye a partir del grado de presencia en el mercado.

Ciudadanía y mercado tienen una relación dialéctica desde la concepción liberal. Si bien el liberalismo se basa en el principio de la igualdad y la libertad, históricamente está demostrado que llegan a ser enunciados formales que se niegan constantemente por una realidad en la que el mercado fragmenta a la sociedad. En el caso boliviano, esta fragmentación ha estado profundamente vinculada a la naturaleza del apellido y el color de la piel. Así, aunque la república de Bolivia fue fundada a la impronta de las revoluciones estadounidense y francesa de los siglos XVIII y XIX, lo cierto es que se implantó el liberalismo sustancial para unos y el liberalismo formal para una mayoría condenada a seguir excluida a las relaciones de servidumbre.

Entonces, cuando se propone basar el funcionamiento de la sociedad boliviana en los principios del liberalismo republicano, en lo aparente es una convocatoria a limitar los abusos del Estado –algo que en términos teóricos nadie estaría en desacuerdo-, pero que en lo histórico concreto es un retorno, sobre condiciones distintas, a la ciudadanía excluyente que marcó la historia de Bolivia hasta antes del proceso de cambio.

En el otro polo está la propuesta del MAS y de los conductores del proceso de cambio, ya materializada en gran parte, de continuar el camino de la ampliación de derechos individuales y colectivos a partir de un ejercicio efectivo de la ciudadanía plurinacional y de la propiedad de los recursos naturales en manos del pueblo. Es, por tanto, una ciudadanía fundada en la búsqueda permanente del bienestar de todos los individuos y no solo de una parte de ellos.

El Estado plurinacional no niega lo ciudadano, como la oposición trata de posicionar en el imaginario colectivo. El Estado plurinacional no reconoce, pero desde una base y horizonte social colectivos. Es decir, el individuo y no solo una parte de la sociedad se realiza plenamente a través del Estado plurinacional.

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