noviembre 25, 2020

Con Bolsonaro en Brasil todo puede ser peor


Por Ariel Basteiro-.


¿Se tendrá verdadera conciencia en la población brasilera que están engendrando un nuevo Fuhrer, un nuevo Frankenstein?, que todo lo que hoy el candidato Jair Bolsonaro dice y proclama con respecto a lo que será su plan de gobierno, puede ser multiplicado, implementado sin anestesia, de forma sanguinaria, machista, xenófobo, racista, aun más de lo que anda diciendo por ahí. ¿Cuál es el motivo que lleva a un pueblo que hace 8 o 10 años atrás votaba a un candidato qué prometía garantizar 4 comidas diarias para todos los brasileros, (Lula, año2002) hoy vota por aquel que lo único que garantiza son balas en vez de comida?

El cambio es muy profundo, y poner como justificación las malas administraciones o corrupción a las que se le acusan al PT y el gobierno de Dilma, es minimizar las razones. Las causas hay que buscarlas en el cambio profundo en la conducta de la sociedad para que priorice cambiar comidas por represión, inclusión por discriminación, integración con la región a sumisión y acuerdos con EEUU e Israel.

La campaña de Jair Bollonado se caracterizó por ser brutal, directa, no se guardó nada de lo que quiere decir, lo dice sin filtro, sin reparar que ello puede ser motivo de repudio de aquellos moderados o progresistas que existen en mayor o menor medida en la sociedad brasileña. Incluso el problema no son solo los dichos, y no tan solo Bolsonaro, su candidato a Vicepresidente Hamilton Mourao, un general retirado, puede llegar a convertir a Bolsonaro en un moderado. Su ministro de economía, Paulo Guedes, un chicago boys como los de la década del 90 tiene ya cerrado acuerdos con el FMI para llevar adelante un proceso de endeudamiento semejante al que lleva Macri en Argentina. Su gabinete parece más un batallón militar que un grupo de técnicos para encontrar soluciones a los temas de agenda.

La levantada en los números de las encuestas del propio candidato del PT Fernando Hadad parecería que no alcanza a revertir la diferencia de 12 puntos que días antes aún mantenía Bolsonaro, quizás con una semana más de campaña hubiese puesto en aprietes a la derecha brasilera. Solo queda la esperanza qué este domingo 28 de octubre el pueblo brasilero se despierte, mas consiente, más progresista, y se dé y nos dé una sorpresa a todos.

Habría que empezar a pensar que la definición de este proceso político, con un candidato cuasi fascista como Bolsonaro que se caracteriza por ser nulo en la tarea parlamentaria, pueda convertirse en la esperanza de los brasileros; de suceder ello da más para encontrar la justificación en la psicología o sociología que en la política. Es el afro descendiente, el pobre, el trabajador el que termina votando y llevando a la presidencia a Bolsonaro.

Está claro que nuestras sociedades latinoamericanas quizás de la misma manera que las europeas o asiáticas son fácilmente manipulables a través de los medios o las redes, y que ello lleva a que, con fondos aportados por el establishment financiero y trabajo de laboratorio, logran el objetivo de volcar voluntades. Lula hoy preso, puede vivir sus últimos años de vida en la cárcel, más allá del hecho injusto de tal situación. Esa manipulación llevó a qué se ilegalizara su candidatura y qué Brasil no pueda votar a Lula, quien era el máximo favorito en todas la mediciones. Entonces hoy, en vez de estar hablando de Bolsonaro y la influencia de las iglesias evangélicas y la nueva derecha, estaríamos hablando de la vuelta de Lula, la influencia de los trabajadores de la CUT y el PT y la manera en que el pueblo brasilero le dio una lección a la derecha local y regional. Ojalá que así sea.

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