enero 8, 2022

Nada nuevo en la oposición

Los binomios de las fuerzas políticas que participarán de las elecciones primarias y generales de enero y octubre de 2019, se han registrado ante el Tribunal Supremo Electoral. Hay nueve en competencia y la verdad es que no hay mayor novedad en el horizonte de la oposición.

Quizá la noticia más sorpresiva de la noche del 28 de noviembre ha sido el gran portazo que la realidad le dio al jefe de Unidad Nacional, Samuel Doria Medina, quien virtualmente estará fuera de la política.
El registro de candidaturas opositoras confirma varios datos de la realidad objetiva:

En primer lugar, que lo único que ha unido a la oposición durante meses es su anti-evismo. Es el odio al presidente indígena, el rechazo a la presencia indígena campesina obrera y popular en el gobierno y la nostalgia de volver a la titularidad del gobierno, son los tres factores que explican la razón de ser de la oposición.

El anti-evismo puede servir para hacer política y copar medios de comunicación que están del lado de la oposición, pero no sirve para ganar elecciones y aún hipotéticamente pueda lograr ese objetivo, será demasiado frágil para mantener un mínimo de estabilidad política y por tanto económica y social. Es retornar a una situación peor que la vivida hasta antes de llegar Evo Morales al gobierno.

En segundo lugar, que los partidos de la oposición son el fiel reflejo del pasado neoliberal que se mantuvo en el país entre 1985 y 2005, mediante un sistema político muy débil y en base a la fuerza de la represión y el sometimiento a los organismos internacionales y los Estados Unidos. Sus figuras ya no militan en sus partidos de origen –como Jaime Paz Zamora en el MIR o Víctor Hugo Cárdenas y Carlos Mesa en el MRTKL o MNR, respectivamente-, sino se mueven con la sigla que han podido conseguir de maneras que todavía no sabemos.

Es decir, son viejos rostros con nuevos ropajes, pero proyectos similares a los ejecutados durante dos décadas de liberalización de la economía, reducción de los derechos sociales, concentración de la riqueza y pérdida total de la soberanía.

En tercer lugar, los binomios principales de la oposición son de carácter urbano, elitista y vacío de contenido y participación popular, lo que da una idea muy clara del carácter de Estado y de gobierno que aspiran a tener en el país. Aunque suene reiterativo, sería de naturaleza colonial en las condiciones del siglo XXI. Un racismo y discriminación de nuevo tipos.

Pues bien, con ese cuadro, la frustración debe haberse apoderado de sectores importantes que esperaban más sorpresas de la oposición. Es evidente que el anti-evismo fragmentado mas que fortaleza refleja debilidad. Es decir, esa forma de hacer política a partir de solo la negación del proyecto que exitosamente se está llevando adelante en el país, sin presentar nada alternativo, lo que muestra es que el proyecto más sólido sigue siendo el que lidera Evo Morales.

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