junio 17, 2021

Los jerarcas católicos, al lado de la oposición

Algunos miembros de la Conferencia Episcopal Boliviana han vuelto a tomar partido por los ricos. Salvo el cardenal Toribio Ticona, la jerarquía de la Iglesia católica en el país se ha pronunciado contra la habilitación del binomio Evo Morales-Álvaro García Linera para las elecciones primarias y generales que, por mandato de ley, se realizarán en enero y octubre de 2019, respectivamente.

Esta posición de la cúpula católica no es nueva. La ha venido sosteniendo desde que un grupo de legisladores del MAS presentó ante el Tribunal Constitucional Plurinacional, en el primer semestre de 2017, un recurso abstracto de inconstitucionalidad contra cuatro artículos de la Constitución Política del Estado, con el objetivo de habilitar la postulación de todas las autoridades electas, sin mayor restricción que la establecida por la Convención Americana, para las elecciones generales y subnacionales.

Los jerarcas católicos son, por lo general, bastante conservadores. El papel cumplido en Bolivia durante la resistencia popular a las dictaduras militares en la década de los 70 y 80 no debe llevar a equívocos. La coincidencia de la Iglesia católica con los sindicatos y partidos de izquierda en ese momento de nuestra historia, no debe llevarnos a pensar que su cúpula apostaba por una salida que superara el orden capitalista.

No, salvo muchos sacerdotes de base, como el padre Luis Espinal, los jerarcas se pusieron contra la continuidad de los militares en el gobierno porque ya era demasiada grosera la violación de los derechos humanos, por el proceso gradual en la instalación de democracias (viables y restringidas) en la región y por el temor —ojo— de que si no se encontraba una salida política a las dictaduras, el movimiento popular organizado podía proponerse dar un “salto revolucionario” de liberación nacional y social. Por eso, con la derecha instalada en el poder, la cúpula católica retornó al silencio cómplice. Los gobiernos neoliberales transgredieron la Constitución y las leyes permanentemente, pero la CEB nunca los denunció ni fomentó campañas contra esas medidas. Cuando se pronunciaba por el diálogo, no es que estaba del lado de los pobres. Mas eso sólo lo creían los ingenuos. Sus apariciones públicas se orientaban a preservar el orden establecido. Ese comportamiento ha sido en Bolivia y en toda América Latina.

Por eso no sorprende que los altos jerarcas se pongan del lado de los partidos y los intelectuales neoliberales en su lucha contra la continuidad del Proceso de Cambio y del presidente Evo Morales. La apelación a los resultados del referendo del 21 de febrero es sólo un buen pretexto para oponerse a la habilitación del binomio Evo Morales-Álvaro García Linera. Los jerarcas católicos no se dan a la tarea de estudiar la Constitución Política del Estado para confirmar que la sentencia constitucional del 28 de noviembre de 2017 está ajustada al Derecho. Únicamente hacen coro a la derecha y sus acciones violentas.

¿Por qué la Conferencia Episcopal no se pronunció dos semanas y media antes del referendo del 21 de febrero por el uso grosero y antidemocrático de un niño, que finalmente se probó su inexistencia, y contra las acciones de inmiscuirse en la vida personal del Presidente del Estado Plurinacional por medio de la mentira?, ¿por qué no se pronunció por el empleo de la violencia y el racismo de parte de la derecha para organizar el golpe cívico-prefectural de 2008-2009?, ¿por qué no dijo nada estos días sobre la violencia y el odio volcado contra el Tribunal Supremo Electoral, el Gobierno y los dirigentes sociales y del MAS, que incluso ocasionó la muerte de una mujer humilde en Riberalta? Es obvio que no van a responder, pero las preguntas hablan por sí solas.

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