noviembre 27, 2020

El modelo económico y la mezquindad opositora

Bolivia nunca tuvo tanta certidumbre sobre el comportamiento y el horizonte de la economía como ahora. Un manejo de las variables económicas responsable con los destinos de la patria y con los recursos, que son de todos los bolivianos y bolivianas, es la tónica con la que el Gobierno del Estado Plurinacional se ha conducido durante cerca de 13 años y que ha llamado la atención de círculos académicos, organismos internacionales y gobiernos de distinto signo ideológico.

No es un accidente ni una suerte que la economía boliviana haya registrado el crecimiento más alto en el último quinquenio en toda la región y además se haya colocado en segundo lugar en toda América Latina. Es el resultado de la aplicación de un modelo económico que ha logrado un gran equilibrio entre generación de excedentes, crecimiento y distribución de la riqueza para beneficiar, de distintas maneras, a toda la población, particularmente a los más afectados por dos décadas de fundamentalismo neoliberal.

Pero la valoración positiva del modelo económico y de sus resultados tiene sus detractores en el país: exministros de Economía de gobiernos de la “democracia de pactos” que fracasaron en su deseo de producir la “Teoría del rebalse”, de analistas económicos que se quedan en la “Teoría de los juegos” con sus especulaciones de “si sucediera esto o aquello” o incluso “así debería ser”, y opinólogos que hablan sin ninguna responsabilidad.

Todos éstos dicen que la economía creció debido solamente al alza de los precios internacionales de las materias primas, pero guardan silencio cuando se les pregunta por qué otros países, que también se beneficiaron de los precios de los commodities, no obtuvieron un comportamiento económico positivo como el boliviano. Ahí aflora su mezquindad.

La oposición vuelve de nuevo a la carga para instalar, con el apoyo de sus medios de comunicación, la idea de que el comportamiento de la economía no es como señala el Gobierno. El objetivo es levantar sospechas sobre uno de los pilares más fuertes del proyecto posneoliberal y que representa un escudo impenetrable. Bajar o borrar las expectativas es lo que la derecha pretende hacer, actuando de manera irresponsable con el país cuya estabilidad económica ha beneficiado a todos, incluso a los que se oponen a la continuidad del Proceso de Cambio.

El modelo boliviano, hay que decirlo, no sólo se sustenta en el precio de las materias primas, sino en el funcionamiento de un mercado interno que se ha construido sobre la base de los excedentes generados que se quedan dentro del país y no fugan, como en el pasado, fuera de nuestro territorio. Es más, ese mercado interno ha compensado varias veces el descenso en los precios internacionales. Un mínimo de honestidad intelectual, que no se la encuentra en la oposición, debería llevar a reconocer este hecho.

La economía es objetividad, pero también subjetividad. Y por eso la disputa de sentidos también es y seguirá siendo parte de la política. En cerca de 13 años ha ganado el Estado y el pueblo. No hay duda de que debemos estar preparados para esta batalla de argumentos. La política de liberación y el hecho de que la izquierda sí sabe manejar la economía volverán a salir airosos.

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