diciembre 3, 2020

El pueblo debe defender el Sistema único de salud


Por Emilio Rodas Panique -.


El Sistema Único de Salud (SUS) es sin duda la medida revolucionaria de mayor impacto social en este tercer ciclo de la revolución, no hay nada más real que darle certezas a toda persona de que en los momentos más difíciles de su vida tendrá un Estado que velará por su bienestar. No tendrá que hacer colas interminables para hacer uso de un servicio, no tendrá que vender o emprendar sus bienes para someterse a una cirugía o pagar la del familiar, o en último caso, morir o ver morir al ser querido por falta de recursos. De eso se trata el SUS, por ello es que es inadmisible que los liderazgos logieros de los gremios vuelvan a tomar protagonismo para impedir que una medida vital para el bienestar del pueblo sea implementada.

Todos sabemos que a pesar de que el sector médico cuenta con miles de profesionales capaces, conscientes y con compromiso con su profesión, en la dirigencia de los gremios medicos sin embargo se encuentran los grupos de interés corporativo para los cuales la enfermedad de una persona se valora según el ruido de la caja registradora, ahí están los que paran por cualquier motivo en los hospitales públicos, pero jamás cierran sus consultas, laboratorios o clínicas privadas, pues allí se concreta el negocio de la crisis del sistema público de salud que ellos mismos generaron.

Es inmoral ver el estado de nuestro sistema de salud y aceptar impasible que estos mercachifles de la enfermedad tienen el derecho de plagar de infortunio nuestras vidas, sólo en función del interés de sus cuentas bancarias, un estado responsable y comprometido con el interés de todos tiene que tener el valor responsable de enfrentarse a ellos a cualquier precio para preservar el derecho del pueblo a la salud y la vida, pero también el pueblo debe ser capaz de defender esta medida que sólo va en su beneficio.

Hace casi un año, estos mismos dirigentes médicos tuvieron la habilidad de sabotear una de las transformaciones más importantes para la comunidad, el Código del Sistema Penal, sólo para proteger los intereses corporativos de la élite de los médicos, mediante una muy eficiente estrategia de sabotaje montada sobre una sarta de mentiras se movilizó a una parte de la sociedad civil haciendo creer que esta norma afectaba negativamente sus vidas, lo cierto era que en realidad apuntaban a la anulación de tres decretos supremos que establecían atribuciones para la regulación de los servicios de salud públicos y privados, esto era lo central, es decir que el eje del problema ni siquiera estaba en el CSP; sin embargo, lograron su objetivo sin importar para nada el atentado que se hacía contra el derecho del pueblo a la justicia.

Hoy los cruzados de la negligencia intentan oponerse al SUS, oponerse por los mismos motivos que se opusieron al CSP, para garantizar que la enfermedad siga siendo un negocio privado, que les permita tener el control absoluto sobre la vida de nuestra gente, saben que cada paciente que el sistema público pueda absorber con eficiencia y calidad será un cliente menos en sus negocios privados. La pregunta es, ¿volverá la gente a creer las mentiras de las batas blancas? Volverá a movilizarse en contra de sus propios intereses?, ¿volverán a aparecer los pegatines de yo apoyo a mi médico? es hora de orientar al pueblo, de forma masiva explicar ambas cosas, cómo funcionará el SUS y a la vez las razones que hay detrás de las medidas de presión de los gremios médicos aliados a los políticos opositores, que quede claro que busca cada uno.

Seguro se activará otra vez el aparato comunicacional monstruoso que operó durante el conflicto del código, la fábrica de mentiras volverá a producir e intentará confundir al pueblo, lo cierto es que esta batalla hay que ganarla por el bien de todos, la gente no puede caer nuevamente en el engaño mediático, a la hora de valorar el conflicto hay que mirar a la familia, los padres, los hermanos, los hijos, los abuelitos, pensar en ellos, en lo que pasa cuando alguien se enferma y no hay cómo responder a las exigencias económicas de la enfermedad, lo que nos está diciendo hoy el Estado es: tranquilo, aquí estoy yo para apoyarte; mientras los mercachifles de la enfermedad sólo te dicen: aquí está la factura, al final de todo, de eso se trata.

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