Editorial La Época-.
Hace unos días un grupo de senadores de los Estados Unidos aprobaron una resolución legislativa que insta al presidente Evo Morales a no presentarse en las elecciones generales de octubre de este año y a respetar la Constitución Política del Estado Plurinacional. Además, sostienen que “Bolivia se encamina a una dirección muy peligrosa, alineándose con regímenes ilegítimos e ilegales”.
La resolución obviamente ha sido rechazada enérgicamente por el gobierno y la Asamblea Plurinacional, y un mínimo de dignidad debe conducir a que la mayor parte de los bolivianos y bolivianas la condenen, aún se trate de personas que no se identifican con el Proceso de Cambio, pero que son firmes en la defensa de los principios de no intervención y de soberanía nacional.
Los senadores reflejan un claro desconocimiento del ordenamiento jurídico boliviano. El binomio Evo Morales-Álvaro García Linera está plenamente habilitado por una sentencia constitucional basada en el artículo 256 de la CPE y los artículos 23 y 24 de la Convención Americana. Por lo demás, el derecho preferente fue utilizado por primera vez por el presidente Oscar Arias de Costa Rica para presentarse en las elecciones generales de su país, donde hasta ese entonces no se reconocía constitucionalmente la reelección ni diferida ni continua.
Pero el tema no es jurídico sino político. No hay que ser ingenuos. La resolución de ese grupo de senadores es parte de la contraofensiva imperial de los Estados Unidos hacia América Latina con el objetivo de “destruir” a los gobiernos de izquierda y progresistas e instalar en su lugar a “lugartenientes” que obedezcan las instrucciones del gobierno de los Estados Unidos, acaten las recomendaciones del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) y entreguen nuestros recursos naturales a la voracidad de las empresas transnacionales. Las declaraciones de Bolton, asesor de Trump en temas de seguridad nacional en sentido de que ojalá pronto las compañías petroleras estadounidenses estén operando en Venezuela hay que tomarlas como la manifestación del deseo de que eso ocurra en toda la región. En América Latina están los mayores reservorios de Petróleo, gas, litio, agua y otros recursos que EEUU necesita para satisfacer su irracionalidad consumista.
Pero, además, a esos intereses económicos hay que sumar la decisión estadounidense de recuperar el control geopolítico y político de América Latina. Estados Unidos no cree, no lo hizo nunca, en el equilibrio de poder, ha señalado su ex canciller Kissinger en su famoso libro La Diplomacia, escrito durante el gobierno de Obama. Ahora, con Trump la tendencia se confirma. En la mayor parte de los políticos estadounidenses, sean demócratas o republicanos, existe la firme convicción de que América es de los americanos, como sostiene la Doctrina Monroe desde 1823.
Pues bien, en octubre hay elecciones en el país, pero sería una ingenuidad o un error de dimensiones estratégicas si el gobierno, el MAS y los movimientos sociales no se preparan para derrotar los planes imperiales que están en marcha para interrumpir el Proceso de Cambio.

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