septiembre 27, 2021

Oswaldo Guayasamín renace en su centenario

Quito-. Los dolores, esperanzas y sentimientos de los indígenas y pueblos de Ecuador y América Latina quedaron inmortalizados en el pincel de Oswaldo guayasamín, artista de la plástica que hoy cumpliría un siglo de existencia.

Su obra, auténtica, contestataria, y desde lo profundo del ser humano, lo llevó a mostrar la crueldad, la injusticia, el dolor, el amor y la ternura, de una manera original y que impacta por su profundo carácter humanista.

Muchas piezas salieron de sus manos, entre dibujos, retratos, pinturas al óleo, murales y esculturas.

Entre las más significativas, sus grandes series, iniciadas con ‘Huacayñan’, palabra quichua que significa ‘El Camino del Llanto’, la cual recoge, en 103 obras, lo indígena, lo afrodescendiente y lo mestizo.

Luego hizo ‘La Edad de la Ira’, la más conocida de sus colecciones, en la que muestra horrores del mundo en el siglo XX, como los campos nazis de concentración, las bombas de Hiroshima y Nagasaki y la invasión estadounidense a Playa Girón, en Cuba, entre otros.

Más tarde, ‘La Edad de la ternura’, donde refleja la lucha de las madres del mundo por la justicia, por sus hijos, por una vida mejor y sus plegarias para conseguirlo.

Otra serie importante es la conocida como ‘Las Manos’, formada por 13 cuadros que van desde la dominación hasta la protesta, única salvedad de los pueblos ante los desmanes, a juicio del maestro.

Desde 2014 y hasta el mes pasado, el salón de los presidentes, en la sede de la Unión de Naciones Suramericanas, acogió la obra, que ya fue recuperada por la Fundación Guayasamín.

Cuentan en su haber murales como ‘La Imagen de la Patria’, que descansa desde hace 31 años en la sala plenaria de la Asamblea Nacional, o ‘Historia del hombre y la cultura’, ubicado en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Central de Ecuador, por citar algunos dentro del país.

Su trabajo más emblemático fue el complejo arquitectónico denominado ‘La Capilla del Hombre’, que no pudo ver terminado, pero recoge la mayor parte de su quehacer artístico como legado para este territorio andino y el resto del planeta.

Cada 6 de julio, las palabras del llamado Pintor de Iberoamérica recobran vida: ‘Mantengan encendida una luz, que siempre voy a volver’.

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