noviembre 27, 2020

La oposición sigue en su mal momento y el MAS aún demuestra tener las cosas bajo control

Hacia una nueva Asamblea Legislativa


Por José Galindo * -.


El proceso de selección de candidatos a diputaciones y senadurías ha concluido. Los partidos en competencia han demostrado ser muy diferentes: disciplina por un lado, improvisación por el otro. La Asamblea Legislativa que emerja de esta competencia será muy diferente de la que tenemos ahora, e influirá mucho sobre la calidad de la democracia que tengamos, así como sobre su gobernabilidad. Con todo, el MAS ha demostrado mayor vigorosidad y agilidad que la oposición, que parece arrastrar los mismos problemas y defectos que la llevaron a ser derrotada en las elecciones de 2006; 2009 y 2014.

Las listas de candidatos para el máximo espacio de representación política de la sociedad boliviana han sido entregadas al Órgano Electoral Plurinacional éste último viernes. Los nombres que aparecen en ellas han sido el resultado de luchas, pactos y negociaciones que han dejado muchos descontentos al interior de todos los bandos que se disputarán el poder en las elecciones generales venideras. No obstante, es razonable afirmar que algunas fuerzas han superado esta prueba con mayor éxito que otras. Dos elementos fundamentales diferenciaron al actual partido de gobierno de sus contrincantes: liderazgo y organización.

Se ha superado así uno de los momentos más conflictivos del calendario electoral: la definición de los nombres que ocuparan la Asamblea Legislativa Plurinacional. Reemplazos repentinos, enroques, salidas y abandonos. Muchos descontentos han criticado este proceso, que ya ha cerrado sus puertas. Los defectos de la oposición se han expresado durante estos días, y los errores cometidos tendrán consecuencias que se harán notar durante los próximos meses de intensa campaña.

Las listas presentadas por Comunidad Ciudadana, Bolivia Dijo No y el Partido Demócrata Cristiano (PDC) no provocaron mucho ruido, a diferencia de la presentada por el MAS, criticada sobre todo por la presencia de algunos invitados con un pasado político cuestionable desde una lógica militante. Pero estos partidos de oposición han tenido semanas cuando menos turbulentas y su conformación despierta más dudas que certezas: Bolivia Dijo No perdió a su candidato a vicepresidente y PDC a su propio presidenciable. La oposición sigue en su laberinto. En suma, no tienen liderazgo, que en teoría debería evitar este tipo de turbulencias.

Tendencias diferenciadas

En el oficialismo, se pueden distinguir dos tipos de candidatos: aquellos que vienen de las organizaciones sociales que forman parte del Pacto de Unidad e invitados provenientes de otros sectores de la sociedad boliviana. Los primeros han sido el resultado de un riguroso y competitivo proceso de selección, plagado por rivalidades y tensiones; los segundos, han sido elegidos principalmente por los liderazgos más descollantes al interior del MAS, sin mucha resistencia en su contra.

En la oposición, los candidatos se caracterizan todos por carecer de militancia política en un sentido estricto y por haber sido elegidos en asambleas, mítines y reuniones a puerta cerrada. No cuentan con el respaldo de bases sociales, pero tampoco tienen la plena confianza de los líderes de cada partido. En muchos casos, los nombres surgieron a último momento, y por recomendación de asesores que se orientaban sobre todo por las credenciales de activo rechazo a Evo Morales.

En todo esto, la cultura política boliviana juega un papel rector en la forma en que se elige a las personas. Los partidos, todos, son esencialmente caudillistas y sus jefes suelen tener la última palabra para aprobar o vetar a un posible candidato. Son el último filtro de los candidatos. Ningún nombre en las listas presentadas por el oficialismo y por la oposición es desconocido para el presidente Evo Morales, Carlos Mesa u Oscar Ortiz; la diferencia radica, sin embargo, en la cualidad de cada uno de estos liderazgos:

Evo Morales es posiblemente la personalidad más sobrecogedora e imponente que ha visto la política boliviana en las últimas décadas; Carlos Mesa y Oscar Ortiz, por otra parte, son los capitanes de naves recién construidas y tripuladas por soldados de desconocida trayectoria. Esto pesa mucho, pues tiene consecuencias sobre la disciplina con la que se conducirá la campaña durante los próximos tres meses así como del apoyo que se pueda reclutar en la sociedad.

El MAS funciona de acuerdo a las reglas de juego de la política boliviana, verticalista y caudillista. Comunidad Ciudadana y Bolivia Dijo No, por otra parte, tratan de innovar en un momento donde la improvisación puede resultar más que peligrosa. En esto, parecen no diferenciarse de las otras organizaciones que trataron de disputarle el poder al MAS durante las últimas tres elecciones generales.

Un legislativo decisorio

Ahora bien, la Asamblea Legislativa Plurinacional que se conforme a partir de la próxima gestión de gobierno será cualitativamente diferente a la que se tiene ahora. Muchos analistas predicen que la conformación de mayorías parlamentarias será menos homogénea que la actual. “Habrá la necesidad de hacer pactos”, dicen algunos, preocupados por un posible retorno del fantasma de la ingobernabilidad.

Es tal vez una paranoia, puesto que el MAS y el sistema de partidos que construyó durante los últimos años se diferencia mucho de la democracia pactada que imperaba en el país durante los años 90s. No es un partido pequeño, ni tampoco un partido desorganizado; a pesar de los cambios que ha sufrido desde que pasó de las áreas rurales a ocupar todo el país, aún funciona de acuerdo a una lógica orgánica bien definida; a pesar de las diferentes tendencias que lo conforman, una implícita ideología nacionalista y antimperialista guía todas sus políticas; y finalmente, su liderazgo es indisputado y cohesiona como el cemento todo el edificio de ésta organización.

No obstante, se debe admitir que ha habido cambios durante los últimos tres años. A pesar de la dificultad con la que despegan actualmente los partidos de oposición, es innegable que la actual elección es la más difícil que enfrenta el partido de gobierno desde que asumió el poder por primera vez en 2006. La victoria no es segura y la incertidumbre está a la orden del día. En éstas circunstancias, lograr los dos tercios parece improbable para el oficialismo, pero es casi imposible para la oposición.

La gobernabilidad, en otras palabras, dependerá mucho de las personas que ocupen estos espacios y ahí radica la importancia de los nombres que fueron presentados este último viernes. Se tratará de personas con mayor poder e influencia que hoy. Tendrán mayor capacidad de decisión; serán actores políticos mucho más cruciales que los actuales legisladores. El sistema de pesos y contrapesos que teóricamente guía la división de poderes en toda democracia se hará más efectivo y ello conllevará nuevos desafíos.

La democracia en teoría

Otro problema sobre el cual se debe reflexionar a partir de éste momento es el concerniente al tipo de democracia que se tendrá a partir de 2020 y a partir de la Asamblea Legislativa Plurinacional que se tenga. En teoría, el poder legislativo cumple tres funciones: representa los intereses y las preocupaciones de la sociedad civil en el Estado; fiscaliza a los otros poderes, particularmente al Ejecutivo; y, finalmente, es el espacio donde se elaboran leyes y normas en beneficio de la sociedad.

Ninguna de estas funciones se ha llevado a cabo plenamente desde la actual Asamblea Legislativa y muchos de sus representantes se han caracterizado por la inacción o la pasividad. Pero sería injusto decir que se trata de una situación particularmente boliviana. Ninguna democracia liberal ha funcionado así hasta el momento. En teoría política, se llama a esto “el problema de la representación”. Los representantes se divorcian de sus representados ni bien asumen el cargo, y terminan respondiendo más a intereses particulares que a colectivos.

Jean Jaques Rousseau lo planteaba así:

“Tan pronto como el servicio público deja de constituir el principal cuidado de los ciudadanos, prefiriendo prestar sus bolsas a sus personas, el Estado está próximo a su ruina. Si es preciso combatir en su defensa, pagan soldados y quedan en casa; si tienen que asistir a la asamblea, nombran diputados que los reemplacen. A fuerza de pereza y de dinero, tienen ejército para servir a la patria y representantes para venderla”.

Nuevamente, se comprende a partir de esto la importancia fundamental que tendrán los legisladores durante los próximos años y porqué la forma en la que el MAS elaboró su lista influirá mucho sobre el futuro del sistema de partidos que se ha construido desde 2006. El equilibrio logrado entre representantes de las organizaciones sociales e invitados no hubiera sido posible sin un liderazgo fuerte como el de Evo Morales, que de resultar vencedor, enfrentará tal vez la gestión de gobierno más definitoria de las últimas décadas.

Es un momento en que las organizaciones sociales atraviesan un proceso de redefinición en el panorama político boliviano, y no son las mismas que dieron al traste con el viejo orden. Armaron uno nuevo a partir de 2006, enfrentando obstáculos y desafíos que las han debilitado o por lo menos han agotado.

El programa de nacionalizaciones, inclusión política y recuperación de la soberanía nacional ha sido consumado durante los últimos 15 años y es necesaria la formulación de una nueva agenda. La participación política de estas mismas organizaciones no puede limitarse al espacio legislativo, pero será de todos modos un escenario de debate y construcción fundamental.


* Politólogo.

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