julio 2, 2020

Frente al el golpe suave: retomar la iniciativa política


Por Fernando Rodríguez Ureña * -.


El cuarto triunfo de Evo Morales no resulta una novedad para quienes entienden las profundas pulsiones del pueblo boliviano. El triunfo de Evo fue materializado por lo indígena originario campesino y una Bolivia mestiza con identidad cultural. Por eso el voto rural una vez más fue definitivo para darle el porcentaje necesario para que no exista una segunda vuelta. Evo no es candidato prestado, es el pueblo mismo con identidad mayoritaria y por eso una vez más es gobierno.

Frente a él se encuentra la otra Bolivia, republicana, elitista, excluyente y consecuentemente minoritaria y que se manifestó en las candidaturas de oposición, representantes todos de una burguesía dependiente, administradora de los intereses transnacionales, servil a los dictámenes de los organismos como el Banco Mundial y el FMI y socia menor de burguesías como la chilena, peruana y brasilera. Amiga y afecta al liberalismo político burgués y su hermana y concubina: la democracia liberal. Afecta a mirarse en el espejo occidental y por eso, con un tufillo racista.

Evo ganó con más de un 10%, lo que según la ley electoral lo convierte en ganador en primera vuelta. Sin embargo, los datos históricos muestran que Evo redujo el porcentaje de su mejor votación en 1/3, es decir que perdió un 33% de su electorado, pero manteniendo firme el voto duro: el voto con identidad nacional, anticolonial y anticapitalista.

Eso tiene una consecuencia concreta: se perdió los 2/3 en la Asamblea Plurinacional, lo que pondrá al cuarto gobierno de Evo, que para garantizar gobernabilidad se verá en la necesidad de hacer permanentes concesiones políticas y económicas a las brigadas opositoras que representa a los agroindustriales, ganaderos, cooperativistas mineros socios de las transnacionales, traficantes de tierras urbanas y banqueros, quienes, fueron ventajosamente beneficiados en los últimos años, en desmedro de quienes constituyen el sujeto histórico de la Revolución Democrática y Cultural: los indígenas originarios campesinos.

Esas contradicciones en el frente interno, se ven profundamente agudizadas por la política exterior norteamericana que por la crisis económica interna que tiene, ve como una imperiosa necesidad volver a controlar con mano dura al que considera su patio trasero. Las materias primas baratas y sus los recursos estratégicos para sus fines hegemónicos, se encuentran en abundancia a pocos días de los puertos norteamericanos.

Los conflictos internos en Chile, Ecuador, Argentina y Colombia, Paraguay son producidos por sus barcos insignia matriculados con las siglas FMI y BM: en democracia liberal, son estos organismos que con sus medidas provocan protestas populares y la radicalización hacia la derecha de sus gobiernos, generando en el continente, una temperatura térmica que busca consolidar a los gobiernos neoliberales una línea fascista, pretendiendo hacer lo mismo en Bolivia.

Estos dos factores internos y externos, conjugados, hacen sumatoria con las estrategias de conspiración, injerencia y subversión de los Estados Unidos de Norteamérica, que no ha dejado de conspirar un solo día para derrocar al gobierno de Evo Morales. No podemos negar el fuerte impacto que su guerra de cuarta generación ha producido en los jóvenes, especialmente de clase media, atrapados por su propaganda anti Evo, así como su peligroso acercamiento a militares en retiro y policías en ejercicio, buscando que una mecha encendida salga de uno de esos factores de poder e incendie la pradera de la Revolución Democrática y Cultural, de manera similar a como la acción imperialista incendió la Chiquitanía, para generar condiciones electorales adversas a Evo, tal como ocurriera con el caso Zapata, antes del referendo del 21 de febrero, generando una correlación de fuerzas adversa al proceso.

El resultado concreto, es que un golpe suave imperialista está en curso, con la bendición de la OEA y algunos países títeres que quiere imponer arbitrariamente y lejos de toda normativa, una segunda vuelta electoral con la que la derecha cipaya pretende derrocar a Evo y desbaratar el Proceso de Cambio para iniciar un nuevo ciclo neoliberal.

Frente a esta presión del imperialismo y la derecha oligárquica que busca producir una guerra civil de terribles consecuencias para la patria toda, es preciso recuperar la iniciativa política: declarado oficialmente Evo Morales Ayma como Presidente Constitucional por el periodo 20-25, podría plantear como una medida de pacificación de los bolivianos, anular las elecciones de Octubre de 2019, constituir un Poder Electoral de consenso y convocar en un lapso entre seis meses y un año a elecciones, con monitoreo de observadores internacionales.

Esta sugerencia no sólo sería una válvula de escape a la olla de presión que el imperio y sus aliados internos inflaman, sino también sería una pateada de tablero al intento de injerencia norteamericana que apuesta por una segunda vuelta o una revuelta.

Devolver efectivamente la titularidad de sujeto histórico de la Revolución Democrática y Cultural al indígena originario campesino en alianza con obreros e intelectuales patriotas y progresistas, realizar una profunda autocrítica que habilite el debate político ideológico interno, depurar junto a las bases a los oportunistas y corruptos camuflados al interior del instrumento, puede devolver a Evo al 33% de los electores alejados para iniciar en mejores condiciones legislativas y ejecutivas una nueva fase del proceso.

Audacia revolucionaria, despliegue de la iniciativa política, crítica y autocrítica como motores del desarrollo ideológico y político junto a la construcción orgánica del instrumento, garantizaran la continuidad y profundización del proceso cambio.

Materializar la agenda 2025 como un programa revolucionario cuyo objetivo estratégico sea construir la propuesta del socialismo comunitario, protector de la madre tierra y la comunidad social, significará reorientar la dirección y sentido histórico del proceso de cambio, expresión de un nuevo momento epocal de las transformaciones estructurales iniciadas por el primer presidente indígena de la historia de Bolivia.

Revolución que no se profundiza, inexorablemente retrocede.


* Sociólogo y guevarista.

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