abril 4, 2020

¿La OTAN caerá en el juego de Turquía para implicarse en Siria?

¿Los intentos de Turquía para implicar a la OTAN en su desafío a Rusia en Siria mediante la instrumentalización de migrantes hacia Europa surtirán efecto?

Es probable que la tozudez del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, en amenazar con la apertura de las fronteras de Turquía con Europa para presionar al bloque comunitario a apoyarle en sus operaciones militares ilegales en Siria no le ayuden a conquistar los objetivos hegemónicos deseados en Asia Occidental.

Para entender mejor las causas que han llevado a Erdogan a adoptar una medida de tal naturaleza intimidatoria contra los europeos es necesario detallar que los presidentes de Rusia y Turquía, Vladímir Putin y Erdogan, respectivamente, acordaron en septiembre de 2018 en la ciudad rusa de Sochi crear en la región noroccidental siria de Idlib una zona desmilitarizada de 20 kilómetros a lo largo de la línea de contacto entre la oposición armada —apoyada por Ankara— y las tropas sirias, que sería controlada por las fuerzas turcas y la Policía militar de Rusia.

Empero, con el paso de tiempo, los citados grupos opositores armados no solo fortalecieron sus posiciones en esta zona, en contraposición a lo suscrito en Sochi, sino que realizaron ofensivas contra las fuerzas sirias y rusas. Además, otras fracciones, en este caso, de naturaleza terrorista, como es el grupo Hayat Tahrir Al-Sham (HTS), liderado por el Frente Al-Nusra (autoproclamado Frente Fath Al-Sham), aprovecharon la coyuntura y empezaron a lanzar ataques indiscriminados contra la zona desmilitarizada.

Ante ello, el Gobierno sirio, presidido por Bashar al-Asad, ha estado llamando a quienes vulneran el acuerdo de Sochi a que abandonen sus actividades destructivas, bajo la advertencia de una dura respuesta de las fuerzas sirias, de no ser escuchado.

Así pues, Damasco, viendo que sus continuas advertencias a los grupos armados y terroristas caían en saco roto, decidió iniciar una operación militar contra estos elementos nocivos para la seguridad de la provincia de Idlib. De hecho, el Ejército sirio desde el pasado diciembre ha intensificado su campaña en esta región.

Entretanto, Ankara, que no ha podido asimilar la derrota de sus soldados y aliados armados frente al Ejército sirio, ha emprendido una campaña bélica en Idlib en contra de las fuerzas sirias a fin de proteger sus intereses, no obstante, lo único que ha logrado hasta ahora son rotundos fracasos en el campo de batalla.

Rusia, por su parte, señala a la parte turca de ser la causante de la ofensiva antiterrorista en Siria, ya que, según Moscú, los turcos no han querido identificar ni separar a los extremistas de los grupos opositores no armados que operan en Idlib, tal y como se acordó en el citado pacto de Sochi.

Para el Kremlin, esta situación ha dado pie a que los terroristas lancen ataques contra otras localidades cercanas, dejando víctimas mortales, a sabiendas que podían camuflarse entre los miembros de otros grupos no armados con presencia en Idlib y salir airosos de sus actos criminales y esto, conforme a los rusos, da motivo a que las fuerzas sirias efectúen sus ofensivas contra las posiciones terroristas en Idlib.

El mandatario turco ha puesto toda su esperanza en implicar a los países europeos miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), liderada por EE.UU., para que vengan en su ayuda, siendo socio del ente, en su aventurismo militar intensificado desde hace tres meses en la región noroccidental siria de Idlib y, de este modo, posponer lo inevitable, la derrota de su acción militar que significaría un fracasos estrepitosos para sus aspiraciones de dominio regional.

Para tal empresa, de esencia coaccionaría, el Gobierno de Ankara llegó a anunciar que no iba a impedir el cruce de miles de refugiados sirios que habían llegado a Turquía para dirigirse a Europa desde el viernes, que, según los datos ofrecidos por las autoridades turcas, su cifra ronda las 18 000 personas, y ante esta demostración de fuerza, el Ejecutivo de Grecia, cuyo país, al ser miembro de la Unión Europa (UE) y compartir frontera con Turquía, le convierte en paso obligado de los migrantes, dejó claro que impediría el ingreso de todas estas personas dentro de sus fronteras, y, esta advertencia por lógica, entrañase un nuevo drama humanitario en esta zona.

A nadie se le escapa el hecho de que Erdogan, para callar las voces opositoras que le recriminan su desastrosa campaña militar en el norte de Siria, ha recurrido a la guerra psicológica y mediática que implica esta tragedia humana a las puertas de Europa, con el estacionamiento de miles de migrantes en condiciones pésimas y lejos de los estándares internacionales.

De hecho, resulta que el dirigente turco se ha apoyado en el uso propagandístico que supone la mencionada desdicha de los migrantes en busca de sacar tajada política tanto a nivel interno como externo a fin de minimizar, por un lado, los efectos negativos de la cifra de las muertes entre las filas de sus uniformados por un ataque aéreo del Ejército sirio contra las posiciones de los grupos terroristas en la provincia siria de Idlib a la opinión pública de su país, y por otro, enredar a la Alianza Atlántica en su citada agresión sobre el vecino sureño.

Ankara ha llegado a este planteamiento después de comprobar que no solo sus demandas a Rusia para que deje de apoyar al Gobierno sirio, presidido por Bashar al-Asad, no han surgido efecto, sino todo lo contrario, al ver cómo Moscú insiste en que el Ejército sirio está actuando dentro de su propio territorio y tiene todo el derecho a salvaguardar su soberanía y acabar con la presencia de los terroristas, tal y como recogió el entendimiento de la declaración final de la 13.ª ronda de conversaciones de Astaná rubricada en julio de 2017 por las autoridades de Rusia, Turquía e Irán, en la capital de Tayikistán.

Desde el principio del estallido del conflicto en Siria, allá en 2011, Irán, Rusia y Turquía han sido los tres principales promotores de los diálogos de paz para solventar crisis, que por patrocinio de los países occidentales a los grupos terroristas y opositores armados, se ha ido extendiéndose en el tiempo, en lugar de finalizar.

Aunque Ankara haya apostado por jugar un papel importante en un momento determinado para influir en la finalización de la crisis siria, ahora resulta que, al percatarse de que sus aspiraciones regionales pueden peligrar, ha decidido cambiar de postura e incumplir los pactos antes referidos.

Los turcos no solo no cumplen sus compromisos adquiridos en escenarios internacionales, sino que llegan a cambiar de aliados con una facilidad pasmosa, como cuando Ankara decidió comprar los sistemas antimisiles rusos S-400, en lugar de los habituales Patriot que le venía suministrando hasta ese entonces EE.UU., su socio de la OTAN, una decisión que en estos momentos Erdogan se lo podría replantear en detrimento de la entrega rusa.

Los europeos son bien conscientes del incumplimiento turco, ya que desde el estallido de la crisis en Siria, Ankara que venía prometiendo a Bruselas contener el flujo migratorio del territorio sirio lo ha estado violando por su incapacidad de rebajar la tensión en esta zona y de desarmar a los grupos terroristas afines al Al-Qaeda, tal y como garantizó con su firma de los citados documentos.

Esto sumado a que los países europeos y, por ende, la OTAN, por mucho que EE.UU. lo pretenda, no están dispuestos a seguir los pasos de Turquía para enfrentarse militarmente a las fuerzas de Rusia desplegadas en Idlib en el marco de apoyo al Ejército de Siria en su lucha contra el terrorismo en esta región noroccidental, considerada el último bastión terrorista en el país árabe, es evidente que a Ankara no le queda otra opción que abandonar sus planes hegemónicos, que entre otras cosas, busca controlar los ricos campos petrolíferos de esta zona siria.

La jugada de Erdogan de usar la catástrofe humanitaria de los sirios, que buscan refugio en Europa, no le va a servir en absoluto para saciar sus ansias de crear un nuevo imperio fundamentado en el anhelo otomano.

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