mayo 27, 2020

La inhumanidad imperialista infesta América Latina


Por Eduardo Paz Rada *-.


El funcionamiento de los mecanismos de acción del imperialismo –grandes capitales transnacionales, gobierno y poder militar de Estados Unidos, Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco Mundial (BM), corporaciones de medios de comunicación, entre los principales– sobre América Latina y el Caribe en los últimos años, ha priorizado los golpes de Estado de nuevo tipo, la injerencia política vía la Organización de Estados Americanos (OEA) y, ahora, aprovechando la pandemia del coronavirus, infestar con su bloqueo e intervención los procesos revolucionarios de Venezuela y Cuba, afirmando así su carácter inescrupuloso e inhumano con los pueblos que luchan por su emancipación e incluso con el propio pueblo estadounidense.

No otra cosa significa la movilización reforzada en los últimos días de sus tropas navales en el Mar Caribe, con el objetivo de asfixiar e intervenir directamente sobre el territorio bolivariano de Venezuela, con el fantasioso argumento de lucha contra el narcotráfico. Donald Trump, quien se presenta como un personaje díscolo e irresponsable, no es más que el mejor instrumento de los grandes capitales y elites mundiales que pretenden mantener su control a nivel regional –minerales estratégicos y petróleo de Venezuela– ante la pérdida objetiva de su dominio y, a nivel interno, primero negar y luego retrasar acciones contra la pandemia en su país, lo que significará la muerte de decenas de miles de norteamericanos.

El gran sacrificio y dignidad del pueblo, el Gobierno, las milicias y la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), que libran una épica batalla contra el bloqueo y boicot de Estados Unidos, ha podido enfrentar los retos más fuertes y ahora ha recibido el apoyo y solidaridad de países y gobiernos del Tercer Mundo y los acuerdo políticos, económicos y militares con Rusia, China, Irán y Turquía le han permitido enfrentar el despojo vergonzoso de más de 60 mil millones de dólares y el bloqueo de alimentos y medicinas por parte de Washington.

La escalada estratégica de la Casa Blanca consistió en quebrar, en los últimos cinco años, los gobiernos antiimperialistas y progresistas de la región con golpes de Estado o manipulaciones electorales, mediáticas y de redes virtuales para desmantelar los proyectos de unidad, solidaridad, apoyo e integración como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y crear pactos fantoches como el Grupo de Lima o utilizar vilmente al Secretario General de la OEA, Luis Almagro, para sus fines intervencionistas.

Así se explica la vergonzosa posición adoptada por el gobierno de facto de Bolivia, encabezado por la autoproclamada Janine Áñez, de respaldar la anunciada intervención militar de Estados Unidos a Venezuela, sin ningún respaldo político, social, ciudadano o parlamentario. Esto solamente puede entenderse por la directa injerencia del gobierno de Trump en el golpe de Estado del 11 de noviembre de 2019 y la presencia de agentes del Departamento de Estado y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en las entrañas del gobierno.

Sin embargo, la historia de lucha y resistencia de los pueblos de América Latina y el Caribe contra el imperialismo y por la unidad bolivariana está presente. La solidaridad de los gobiernos de México, Cuba, Nicaragua, Argentina y de una decena del Caribe y de los movimientos sindicales, políticos y populares con el gobierno de Nicolás Maduro en la región es la señal de la batalla patriótica y antiimperialista. La reivindicación de Malvinas argentinas y latinoamericanas del pasado 4 de abril se inscribe en la gesta liberadora.


* Sociólogo y docente de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA)

Be the first to comment

Deja un comentario