octubre 26, 2020

Bolivia y la geopolítica de la pandemia


Por Juan Carlos Pinto Quintanilla -.


 Las teorías del complot

Son muchas las teorías del complot que se han ido tejiendo a lo largo de este tiempo desde que apareció públicamente el coronavirus. Las primeras, cuando apareció en China, rondaban la discriminación y el alejamiento del problema: eran los chinos en su extraña cultura de comer murciélagos los que habían desencadenado la epidemia; es decir, una cultura de miles de años hoy intempestivamente contraía una extraña enfermedad que no tenía cura visible y que se propagaba como pandemia a lo largo del país.

Entonces, las consecuencias económicas se precipitaron y la producción mundial, controlada por el mercado chino, se contrajo, pero hasta entonces parecía hablarse de un problema localizado y encapsulado, que no tomaba en cuenta la globalización en la que vivimos, de relaciones entre países y culturas, y aparecieron los primeros contagiados en Italia, Irán y España, extrañamente en esos países que habían tenido conflictos con los Estados Unidos, por temas políticos y de mercado. Aquí viene la primera teoría del complot, señalada como acusación  por el Gobierno chino, cuando se refiere a que en Wuhan, donde el año  hubo un encuentro de los representantes de los ejércitos a nivel mundial, los Estados Unidos hubieran traído la cepa que desencadenó la posterior pandemia.

Junto a esa teoría se exhibe el análisis comparativo de las cepas de virus que han atacado en China y en Europa, mostrándose que son distintas, que en definitiva han sido construidas en laboratorio de acuerdo al rango genético que se buscaba atacar, y eso coincide con esos países en particular, alcanzando por supuesto a la Unión Europea (UE) en su conjunto. Lo que no termina de entenderse en esta teoría es cómo ocurrió que Estados Unidos se convirtiera hasta hoy en el país más infectado, con mayor cantidad de gente contagiada, con más muertos y una proyección alarmante.

¿Podría ser esto también calculado en la estrategia geopolítica de los halcones gringos? El de deshacerse no solo del mayor enemigo que le ha quitado el control de los mercados y la hegemonía, sino enganchar esto con otros dos objetivos que coinciden con las declaraciones de jerarcas del Banco Mundial (BM) cuando se refiere a la necesidad de ver la forma de hacer algo en un mundo que tiene cada vez más ancianos y menor productividad, será que ellos son también parte de la estrategia de la pandemia, el finalmente llevar a cabo de forma “natural”, vía pandemia, la teoría darwiniana de la sobrevivencia de los más fuertes, por eso la tasa de mortalidad en el continente europeo con mayor cantidad de adultos mayores es abismal.

La segunda consecuencia esperada es que pueda afectar a los más indefensos, a los más pobres, los migrantes, los de la calle, y en el caso norteamericano son precisamente los latinos y los negros los más afectados, con un 60% de mortalidad, siendo minorías en ese país. Solo que ya hay irradiación hacia otros sectores sociales más acomodados, porque más que nunca vivimos interrelacionados, los turistas adinerados toman contacto con los hoteles o restaurantes donde trabajan los sectores populares, y entonces el poder no puede encapsularse, porque depende del trabajo de los más pobres.

Entonces, en este mundo viajero y globalizado, las consecuencias son impensables hasta ahora por quienes solo vivimos los efectos de las decisiones geopolíticas del poder. Pero para completar esta teoría, están las grandes compañías farmacéuticas, que ya en otros momentos hicieron grandes fortunas con las enfermedades generadas por ellos mismos, al momento de plantear una vacuna o un remedio no tan providencial, ya que ellos tenían la cura cuando se dio la enfermedad.

Entonces también podríamos pensar que algo así estuviera ocurriendo desde la estrategia norteamericana, cuando en medio de la pandemia europea había anunciado junto a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) la realización de ejercicios militares con más de 20 mil soldados a lo largo de ese continente, mencionando que su tropa militar no podría contagiarse; y, sin embargo, ya son miles que en su propio país están muriendo (ejercicios militares que finalmente se suspendieron ante la gravedad de la pandemia en Estados Unidos, pero también afectando a la propia tropa y personal de los principales portaviones militares con los que cuentan).

La segunda teoría, más bien de intento de contra argumentación norteamericana, viene de la mano con que el Gobierno chino hubiera pagado a un científico de la Universidad de Harvard para que creara el coronavirus. Hoy el científico estuviera siendo enjuiciado por traición para respaldar esta teoría del complot a la inversa. Pero, además, otra de las pruebas que exhiben los norteamericanos es que China pudo recuperarse tan pronto a pesar del desastre que vivieron este tiempo, y no solo eso, sino que a pesar de haber parado su aparato productivo, en las condiciones de declive del mercado mundial, fueron ellos los que aprovecharon las bajas mundiales de los precios logrando la hegemonía sobre varios productos que ratifican su preeminencia capital en el mercado mundial.

En esta teoría no tuvo que ver los elementos culturales y de disciplinamiento social que los países del Oriente tienen, y que les ha permitido construirse en lo que son hoy, como lo señala el coreano Byung-Chul Han; condición que no ocurre con nuestras culturas apegadas al consumo y al pleno uso de las libertades individuales junto a interpelaciones permanentes al Estado y al poder que representa. Tampoco el hecho fáctico de que el Gobierno chino seguramente no tendría ninguna razón para acudir a un científico norteamericano si su propósito hubiera estado involucrado en la guerra bacteriológica, pues ellos cuentan con los recursos y conocimiento científico como para desenvolver este conocimiento. Pero hoy, donde hasta lo más inverosímil es asimilado por la opinión pública como verdad, se impone una forma de ver la realidad, de leerla y que suele terminar siendo impuesta como parte del imaginario colectivo.

El miedo a la democracia

Y ¿qué ocurre con los países como los latinoamericanos frente a esta estrategia de la pandemia? Que los poderes oligárquicos tienen la justificación perfecta para generalizar el miedo entre la población, generar muerte entre los más pobres, arrinconar a los inconformes y rebeldes bajo la idea global de que ahora luchamos por todos y los que se oponen o reclaman solo quieren muerte para todos.

Finalmente, afirmar dictatorialmente a las democracias que tienen gobiernos neoconservadores, generando gobiernos neofascistas que tienen su sostén más importante en la represión y el autoritarismo y, por supuesto, son nuevamente las FF.AA. las que se convierten en las guardianas del bienestar a nombre de todos y sin que fuese una atribución democrática; pero todo se justifica por la emergencia, las persecuciones, los muertos por represión, la no vigencia de leyes y constituciones, de derechos fundamentales y  DD.HH. en general. Una vez más nos dicen, para que te cuide de tus miedos (los que ellos mismos han engendrado), que debes dejar de lado tus libertades.

Entonces, no es la venganza de la naturaleza o la ira de Dios la que nos ha traído la pandemia que hoy vivimos, o más bien es la combinación entre la estrategia geopolítica mundial de los poderosos para el nuevo tiempo junto a las condiciones de vida mundial que el sistema capitalista ha generado para las mayorías que ahora y desde hace mucho son vistas por el poder como una amenaza, pues las redes informales del trabajo y los millones de desechables, junto a países y gobiernos que se niegan a doblegarse ante los poderes imperiales, han provocado crisis internas en los ejes imperiales, que solo podían ser resueltos creando una crisis mundial aún mayor.

Sin embargo, el sistema de mercado continúa, y los empresarios y los gobiernos presionan para el retorno a la productividad, en peores condiciones para los trabajadores; y en medio de una crisis energética, con mayor agresividad Trump se apresta a la invasión a Venezuela, pues le urge contar con el petróleo que le permita nivelar los precios que hagan rentables a las más de 100 empresas gringas la producción petrolera a través del fracking.

Pandemia e incapacidad sanitaria

Así ocurre en nuestro país, cuando la pandemia se convierte en argumento político para seguir la línea estratégica del poder. Se ha desmontado el poder de un gobierno legítimo y el golpismo busca cobrar presencia ciudadana, ya no a través de las balas y la represión política, sino del miedo al contagio ante el que el aislamiento social va acompañado por la delegación al Estado de la autoridad para manejar la situación.

Entonces nos movemos sobre datos que carecen de veracidad, y que son gradualmente anunciados por los portavoces estatales, para lograr un miedo sostenido que no llegue al pánico social (la misma actitud estatal del gobierno de Trump y de Lenín Moreno en Ecuador, con las consecuencias que hoy estamos viviendo en esos países). Mientras, en Bolivia no se hace vigilancia epidemiológica, por tanto no se identifica la cadena de transmisión de cada paciente confirmado, no se hace búsqueda activa de casos, no hay acciones que nos indiquen que hay un número suficiente de pruebas, además de subutilizar las capacidades ya instaladas  de los laboratorios departamentales.

Se está encerrando a las familias, pero no se ha hecho un trabajo de identificar y aislar a los pacientes que son los que deben estar encerrados obligatoriamente. La letalidad, que puede ser alta, no está dada por la mala atención hospitalaria para este momento, sino por el número bajo de casos confirmados. Somos el país con menos pruebas  realizadas (para muestra, en Bolivia se habían hecho 2 mil 185 pruebas hasta el 13 de abril, mientras en Venezuela ya llevaban  181 mil 335 pruebas, arrojando para Bolivia un promedio de solo 187 personas que han recibido el test por cada millón de habitantes, y teniendo en consecuencia una tasa de mortalidad para esa fecha del 8.2%, la más alta del continente). Entonces, bajo el manto de la ganancia política con el control territorial y represivo,  no se realizan testeos poblacionales para no mostrar cifras reales de lo que puede estar pasando, y eso es muy peligroso.

La única certidumbre que puede producir el Gobierno es el de las FF.AA. y la Policía en las calles para controlar la cuarentena, y sin embargo la falta de transparencia y legitimidad, junto a su incomprensión o negación de las condiciones económicas de las mayorías para sostener el encierro social, están generando levantamientos sociales en cada vez mayor proporción. Pero, lo peor de todo es que en vez de salir más allá de la campaña electoral que realizan, en tanto los beneficios sociales, económicos y alimenticios para paliar la crisis son escasos y no cubren a toda la población; se han quedado como consigna gubernamental el seguir echando la culpa al MAS-IPSP y a Evo por los conflictos que no pueden resolver, llegando hasta el ridículo como el expresarse sobre los compatriotas que no permiten entrar al país como “enviados y pagados por el MAS para romper la cuarentena”; o el que el Ministro de Justicia diga que el alcalde de Colchane (Chile) es “masista”, porque ayuda solidariamente a nuestros compatriotas.

Lo propio en ciudades intermedias como Montero, Quillacollo, San Julián y el propio El Alto, la ciudad más populosa de Bolivia, donde están plenamente expresadas ese 70% poblacional del mercado informal y que vive con la ganancia del día. Algunas de esas alcaldías han generado medidas propias para conjuntamente su población consiente de los casos existentes en su lugar, optaron por el encapsulamiento o la radicalización de las medidas, y así como generar una canasta familiar propia de apoyo a los más desvalidos. Sin embargo, el problema persiste, cuando no basta encerrar a las personas y sobre todo bajo la situación de carencias alimenticias fundamentales para los sectores mayoritarios; si no se acompañan medidas económicas reales y suficientes,  junto a medidas sanitarias acordes a la situación de gravedad en proceso.

Lo que es evidente es no existen suficientes pruebas para masificar la toma de muestras que nos permitan diagnosticar adecuadamente la situación sanitaria y su evolución. Tampoco existe material suficiente que garantice la seguridad del personal de salud que se encuentra en primera línea en el tratamiento de la pandemia; no hay suficientes casos en observación y hasta ahora, bajo esa condición, el número de respiradores necesarios así como las camas hospitalarias y de aislamiento, en realidad no existen como una política estratégica en salud por parte del gobierno central.

Se habían interrumpido, por razones políticas, la culminación de toda una cadena hospitalaria en casi todos los departamentos, así como el financiamiento que estaba en marcha para el equipamiento adecuado, lo propio con materiales ya adquiridos hoy sin uso y que podrían ser utilizados para las muestras como el GenXpert, distribuido en los nueve departamentos, que son equipos de diagnóstico molecular rápido que ya fueron utilizados en el país para la detección de la tuberculosis y luego el VIH. Para el Covid-19 da resultados en 45 minutos, probado por la FDA, que es la autoridad de regulación de medicamentos y dispositivos de Estados Unidos (información de una profesional en salud).

Sin duda, lo que podemos concluir sobre el tema es que se había avanzado en salud, incluido el Sistema Universal de Salud (SUS), pero faltaba mucho por hacer en cuanto a formación profesional, especialidades y equipamiento sanitario. Entonces hoy vivimos las consecuencias de un olvido histórico de la salud de las mayorías, que empezaba a paliarse en parte, pero el golpe y la emergencia de la pandemia precipitó las consecuencias encima de un sistema sanitario olvidado y sin la capacidad suficiente para responder a las condiciones de emergencia actuales.

Organización popular por la vida de todos

Entonces sí que deberíamos impulsar medidas desde la población y con la población mayoritaria y los propios gobiernos subnacionales que tienen posibilidades de gestión pero también de presión sobre el gobierno central, que debe dotar de los insumos necesarios a la población. Necesitamos generalizar las iniciativas populares de solidaridad, que vienen desde el campo, por una parte, para entregar alimentos y frutas a los sectores más pobres a nivel urbano, pero también rural. Al mismo tiempo, se deben  garantizar flujos de abastecimiento de alimentos de los sectores organizados del campo rumbo a las urbes y de distribución zonal de manera directa; eso se puede coordinar con las alcaldías para controlar los precios y una adecuada distribución.

Las alcaldías, y en su caso las gobernaciones, deben hacerse cargo territorialmente, no solo de garantizar este flujo alimenticio, sino de generar iniciativas ciudadanas que permitan que los que tienen puedan apoyar a los barrios periféricos, involucrar a las dirigencias vecinales, a las parroquias, a los centros de madres, a las organizaciones de jóvenes; tanto para lo organizativo como para el control social, ahora sí las convocatorias directas o mediante las redes sociales, serán importantes. Pero además, impulsar iniciativas que vayan más allá de las miserias con las que actúa el gobierno central, realizando contactos directos y compras y acuerdos a nivel exterior para la dotación de insumos suficientes, así como para la canalización de donaciones materiales de países amigos.

Es tiempo de activar la organización ciudadana, que podamos organizar en las comunidades y los barrios en coordinación con el sistema sanitario departamental, para que pueda existir un control preventivo zonal y de prevención; desde donde se supervisen la toma de muestras y que estas sean suficientes, la información adecuada, y finalmente un protocolo de actuación en los casos sospechosos y confirmados ya con el sistema de salud, ya sea para su aislamiento, así como incluso si se producen decesos (para que no lleguemos a situaciones como las de Guayaquil en el Ecuador).

Ahora más que nunca la vida está primero, y no hay ciudadanos de primera y de segunda, todos adelante y organizados para defendernos y avanzar. Que la democracia sea parte de nuestra organización para romper los eslabones de poder que quieren decidir sobre la vida, que podamos coordinar con quienes tienen los recursos para todos, y controlar que las necesidades fundamentales, tanto económicas como sanitarias, se hagan efectivas. Si solo esperamos en el aislamiento, las consecuencias pueden ser fatales, debemos obligar al Estado a coordinar con las organizaciones y el sistema político, para lograr transparencia y un plan nacional que tenga como objetivo fundamental el respeto y la preservación de la vida de todos.


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