septiembre 18, 2020

Los micrófonos no nos dan tregua


Por Soledad Buendía Herdoíza –.


Estimados lectores quiero compartir con ustedes algunas reflexiones sobre el rol de los medios de comunicación y su poder, el poder que les otorgamos o el que nos imponen.

Los micrófonos no nos dan tregua. Los medios los usan para vender un producto, y vaya que si lo hacen con lujos, pero cuidándose de no hurgar en los detalles, cuando no es conveniente a sus intereses, no dejan que se escuche más allá de lo debido, amparados en la quinta enmienda de las espurias intenciones, con que se esconden detrás de los contextos, que callan o tergiversan.

Si el marketing está de acuerdo, lanzan al mundo su engendro mediático de voces apocalípticas en los santos infiernos su homilía diaria.

Si el engendro está bien envuelto, se propaga en la clase media que obedece y replica, utilizan todas las armas, cosifican todos los cuerpos, fortalecen patrones socioculturales, machista, sexistas y violentos, mientras se estaciona entre los pobres, que con los ojos cerrados, nunca alcanzan a entender porqué la justicia los tiene vendados y vedados, mientras los entretienen disfrutando, en tiempo de salsa y reguetón.

Los micrófonos son un regalo para los que oyen, aunque no escuchen, y menos, entiendan lo que dicen, de lo que no les pasa, cuando no comen sushi ni cubren sus necesidades de hamburguesas light, y bebidas cero calorías.
Solo unos pocos, los sutiles inconformables e irónicos rebeldes, nos préstamos a hacerles creer lo que desean, mientras nos divertimos viendo cómo nos interpretan y subestiman.

Mis queridos insolentes, amigos de rompe y raja, los rebeldes con causa, aquellos rebeldes con convicción, sabemos que si los micrófonos nos apuntan, siempre tenemos el recurso de la palabra para dispararles, y la ironía para divertirnos a su costa.

Los micrófonos cortan, sacan de contexto y manipulan con saña edulcorada para la tribuna, con el beneplácito direccional, del tribuno que los emplea. Los micrófonos perpetúan la violencia, todo tipo de violencia, aquella naturalizada en la sociedad, la justifican, la reproducen y la alimentan. Son jueces y fiscales, que sin pruebas arman guillotinas para que rueden las cabezas de sus detractores. Pueden con mágica elocuencia convertir al peor tirano en un santo, al mismo tiempo que condenar al escarnio público a un inocente y después de su hazaña esperar aplausos y reconocimientos por su contribución a la sociedad y a la defensa de la libertad de expresión. ¡Los micrófonos se autoproclaman héroes!

Juegan con el “buen nombre”, son dueños del sentir y pensar de la opinión pública y son implacables al momento de mentir, se creen todopoderosos, para cuando se dan cuenta que les devolvimos la intención, nos miran con desconfianza, y nos acusan de sediciosa intelectualidad, porque en verdad ellos saben, que nosotros sabemos, los bloquea el miedo paralizante, de su rabo de paja, encubierto en la pauta y los contratos de publicidad a dedo, en sus oscuros intereses, cuando preguntan y saben que a mansalva, contestamos. Y saben también que ahora ya nadie les cree y que poco a poco la gente los apaga hasta silenciarlos por completo, pese a ello los micrófonos no dan tregua.

* Asambleísta por la Provincia de Pichincha de la Asamblea Nacional del Ecuador

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