julio 7, 2020

Uno más, por el Beni


Por Verónica Navia Tejada-.


Era el viernes 27 de marzo cuando Arturo Murillo, presunto ministro de Gobierno, pidió a la fiscalía departamental del Beni “iniciar acciones contra el Alcalde de Trinidad, por el delito de atentado contra la salud”, ¿cuál fue el hecho que esa vez encolerizó a Murillo? La ausencia del burgomaestre trinitario en una reunión del Comité de Operación de Emergencia Departamental (COED). Obviamente las aguas se calmaron cuando el Alcalde justificó diciendo que no le habían invitado.

Más allá de ese show mediático con el que la prensa nacional nos distrae todo el tiempo –desde que Murillo es nada menos que ministro de Gobierno–, el objetivo central era empezar con la coordinación entre los diferentes niveles de gobierno para la atención del coronavirus pandémico.

Hay que recordar en esta parte que, entre el 17 y el 24 de marzo, tanto el alcalde de Trinidad como el Gobierno Departamental del Beni ya habían promulgado normativa para manejar recursos propios en tareas preventivas, de equipamiento y de solidaridad con los habitantes que más lo necesitaran en todas sus provincias. Entonces no era extraño que Murillo pretendiera acaparar la contingencia, pese a que el gobierno nacional no había llevado ni siquiera espejitos.

Tres semanas después, el 20 de abril, el Beni reporta sus primeros dos casos confirmados, al día siguiente uno de ellos ya era reportado como fallecido. A partir de ahí, el nivel central del gobierno no encabezó más el COED; Murillo no volvió a aparecer ni para amenazar a nadie y la Sra. Jeanine Áñez delegó a Rodrigo Guzmán, el ministro de Energías, residente en Trinidad, como su representante en ese departamento, el mismo que el 29 de marzo había autorizado el ingreso de gente a la capital.

Luego de eso, empezaron las designaciones irregulares de autoridades, los intentos de despidos a personal de salud a título de “iniciar procesos de institucionalización de cargos” en medio del encapsulamiento y la emergencia, el gobernador y el director del COED dieron positivo en sus pruebas y tuvieron que ser aislados; y así en la población trinitaria, surgió el sentimiento de abandono que dura hasta hoy.

La disciplina de la población en el acatamiento del encapsulamiento nunca ocupó un espacio en la prensa, más allá de los esfuerzos de medios regionales, ni qué decir del olvido de las autoridades por atender la emergencia “en su propia casa”, la Presidenta y tres de sus ministros son benianos.

Pero mientras el pueblo beniano clama por ayuda, sin entender porqué hasta ahora no los toman en serio, en el Ministerio de Salud se culpan e inculpan por un caso de corrupción en la compra de respiradores con un sobreprecio de 20 mil dólares cada uno, los militares invaden y amenazan a la Asamblea Legislativa Plurinacional y las detenciones ilegales continúan incluso como artimaña para postergar audiencias.

De pronto el Beni es el segundo en cantidad de contagiados a nivel nacional, sobrepasando los mil casos confirmados de los seis mil a nivel nacional. ¿Cuál es la maldición que se carga a todo un pueblo en esta pandemia pese a tener tantos representantes en el Ejecutivo nacional? ¿Por qué Jeanine Áñez se olvidó del Beni, su tierra natal?

Nada parece explicar la situación, nadie asume responsabilidad; las expresiones de solidaridad abundan en las redes sociales, pero hasta ahora el gobierno de Añez no presenta un plan de atención a esta emergencia.

Se acercan las elecciones, esperamos que esta vez no se suspendan ya que benianas y benianos necesitamos un gobierno legítimo y que sepa gobernar, que se tome y lo tomen en serio, aunque el Beni solo signifique el 5% del padrón electoral.

* Socióloga

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