julio 9, 2020

Corruptos «luchando» contra la corrupción


Por CARLOS ECHAZÚ CORTÉZ -.


Los golpistas tienen las pretensiones absurdas de presentarse ante la opinión pública exactamente como lo contrario de lo que en realidad son. Así, por ejemplo, pretendieron que su golpe de Estado fascista, racista y masacrador fuera interpretado como una «restauración democrática». Poco después, pretendieron que eran los paladines de la lucha contra el narcotráfico, cuando en realidad estaban cargando avionetas con droga sin ningún tipo de camuflaje, para lo que incluso llegaron a cerrar el Aeropuerto de Guayaramerín.

Ahora que ha quedado develado, con el caso de los 170 respiradores, que están dispuestos a continuar medrando los recursos del Estado en media pandemia, pretenden que están en una franca lucha contra la corrupción. Efectivamente, en un claro intento de dar la vuelta el efecto político adverso que tuvo para ellos la revelación del negociado con los respiradores, ahora intentan mostrarse como un gobierno que reacciona muy fuerte contra la corrupción. Por eso, sus voceros salen a la palestra manifestando que el Gobierno está dando claras muestras que no van a permitir actos de corrupción, «como se hacía en los 14 años de gestión de Evo» (nunca dejan de referirse a la gestión de Evo para denostarla). Para que ese discurso sea creíble han decidido sacrificar al ahora exministro de Salud, Marcelo Navajas. Con aires de triunfo y como supuesta prueba de que sus intensiones de luchar contra la corrupción van en serio, sostienen que nunca antes se había detenido –en la lucha contra la corrupción– a un ministro en funciones. Entonces, sentencian, «vamos a ir hasta las últimas consecuencias, caiga quien caiga». En ese marco, sus medios serviles de comunicación hacen los esfuerzos posibles por amplificar esas versiones relevando «la lucha contra la corrupción que hace el Gobierno».

Ahora bien, su intento de transformar su debacle en un triunfo político, presentándose como «honrados gobernantes que reaccionan inmediatamente ante un caso de corrupción», está palmariamente destinado a fracasar, por varios motivos.

En primer lugar, el caso de los 170 respiradores no es, ni de lejos, el único caso de corrupción que se ha develado en esta gestión de gobierno, por el contrario, constituye el cherry sobre la torta. Evidentemente, los casos de corrupción que se han presentado hasta el momento, en esta breve gestión de seis meses, pueden romper records de intensidad de corrupción en nuestra historia. Ahí están los casos de YPFB, ENTEL y BOA en las empresas públicas; también están las ventas de ítems que se descubrieron en los ministerios de Educación y de Culturas, así como los sobornos para asignar publicidad a medios en el Ministerio de Comunicación y contrataciones irregulares en el de Defensa. No se debe olvidar que un exMinistro de Minería salió denunciando que había corrupción en concesiones mineras o del exDirector General de Tierras del INRA, que denunció tráfico de tierras por parte de un asesor de la Ministra de Desarrollo Rural y Tierras. Cómo olvidar los paseos en avionetas de la FAB que, en media cuarentena, daba el Ministro de la Presidencia a la Miss Rurrenabaque o los que ofrecía la hija de la autoproclamada a su novio y su madre para que asistieran a su fiesta de cumpleaños. Todos estos casos y otros han sido en uno u otro momento conocidos por la opinión pública. Sin embargo, los casos que los medios silencian con un cuidado absoluto son los que atañen directamente a la autoproclamada y refieren su nepotismo en los que ha designado, o a hecho designar, a parientes directos suyos en prominentes cargos de la administración pública. Por todo este registro, o mejor dicho, prontuario, es ridícula la pretensión de los golpistas de presentarse como un «gobierno honesto que reacciona con fuerza ante el primer caso de corrupción que se conoce».

En segundo lugar, la detención del que fuera Ministro de Salud no fue si no el sacrificio que hicieron los golpistas para evitar que el caso de los 170 respiradores manchara a todo el Gobierno, con la misma regla del ajedrez, según la cual, es pertinente sacrificar al alfil, para salvar a la reina. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el sacrificio que hacen no es uno mayúsculo, pues Navajas nunca fue del grupo íntimo de los golpistas. Más bien fue el incauto que encontraron cuando el entonces ministro de Salud, Aníbal Cruz, renunció. Ciertamente se trataba de un incauto puesto que asumió la tarea de enfrentar un problema de dimensiones gigantescas (la pandemia del coronavirus) para la cual en el Gobierno no estaban ni remotamente preparados. Por eso es que su pretensión de mostrar la detención de Navajas como una prueba de su «tenaz lucha» contra la corrupción, en realidad no vale ni la milésima parte de lo que ellos pretenden. Tiene el mismo valor que cuando uno cambia un fusible que se ha quemado.

En tercer lugar, su pretensión de ir hasta las últimas consecuencias «caiga quien caiga» no tiene ninguna credibilidad. Por lo que se sabe hasta ahora, la canciller Longaric y el embajador de Ciencia y Tecnología, Mostajo, están de uno u otro modo comprometidos en el asunto, pero no hay ni asomo de intensión de detenerlos, puesto que ellos forman parte del grupo íntimo de los golpistas. En lo que se refiere a las justificaciones que ha dado Longaric, estas son absurdas. Cae en el ridículo cuando sostiene que la carta que le remitió el cónsul de Barcelona, advirtiéndole que había alternativas más baratas, fue derivada a sus viceministros y, por tanto, ella no se enteró del mensaje del Cónsul. Ese solo hecho le vale a ella y a sus viceministros responsabilidad penal. Por su lado, Mostajo –antes que estallara el caso– estuvo pavoneándose en medios de comunicación, haciendo alarde de su rol en la compra de equipamiento para enfrentar al coronavirus. Ahora dice que no tuvo ninguna participación en la compra de los 170 respiradores. Esas contradicciones, además de las revelaciones que ya han hechos algunos de los detenidos en el caso, revelan que Mostajo está evidentemente implicado.

Finalmente, es inadmisible que los golpistas quieran sustentar sus pretensiones de «una lucha seria contra la corrupción» en una investigación que muestra tan grandes contradicciones. Resalta entre ellas la presentación de un supuesto «testigo clave», salido de la nada, sin vínculo alguno en el Ministerio de Salud ni en el Gobierno, presentándose voluntariamente, proclamando que tiene pruebas de que el Gobierno fue estafado y finalmente terminará inculpándose a sí mismo. Eso no tiene ningún sentido y más parece una cortina de humo para encubrir otros hechos.

Por otro lado, aparece una consultora relacionada con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que habría elaborado un informe advirtiendo que los equipos no eran los adecuados y que no recomendaba su adquisición y, sin embargo, ella es detenida, sin que se sepa nada más, cuando lo lógico (si es cierto lo revelado al respecto) es que más bien cumpla el rol de un testigo de cargo contra los corruptos. Por si esto fuera poco, el Juez Huacani, que tenía a su cargo la audiencia cautelar de Navajas y los otros detenidos el día viernes 22 de mayo, fue sorpresivamente detenido por la Policía, sin que hubiera ningún mandamiento de apremio de parte de la Fiscalía.

Posteriormente se supo que fueron los gorilas de Murillo los que detuvieron al Juez, evidenciando de modo muy grotesco la amenaza que se formulaba a Navajas, pues le demuestran que el Gobierno puede hacer lo que quiera con los jueces que atiendan su caso, por lo que le conviene callar. Por otro lado, el rol del BID es sumamente escandaloso, pues otorga un crédito para la emergencia de la pandemia y luego avala su utilización en un negociado que a simple vista está contaminado por la corrupción, evidenciando de manera muy clara que esa institución está involucrada en el ilícito.

En razón a todo lo argumentado, la pretensión del gobierno golpista de presentarse como un ejemplo en la lucha contra la corrupción, es un absurdo de proporciones muy grandes, pues implicaría que los «corruptos estuvieran luchando contra la corrupción».


* Militante de la izquierda boliviana

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