julio 9, 2020

Jeanine, lo de la fe deje para los fieles

Han transcurrido más de seis meses desde que la vimos ingresar a Palacio con la metralla en una mano y la Biblia en la otra. Como en la época de la Conquista, habla a diario del Señor, hace mensajes y actúa en su nombre.

Posiblemente seamos muchos, millones los que hasta hoy masticaron su rabia por todo lo que hizo a nombre del Padre.

Voy a decirle que no es necesario ser clérigo o pastor evangélico para salir en defensa de lo que creemos es sagrado. De algo estoy seguro, que si continúo guardando silencio, me hago cómplice de tanta y repetida ofensa al Señor.

Si creyó que con la Biblia en la mano, podría tener el perdón divino por disponer de vidas inocentes, se equivocó, ese momento empezaba a faltar a uno de los fundamentos de la fe: “No matar”. Hizo lo de los emperadores romanos, dar de comer a los leones el cuerpo de cristianos, de humildes hombres que han dejado en la orfandad a niños que aún aguardan con esperanza el retorno de sus padres y hermanos.

En nuestra frágil democracia, llevó al límite sus frivolidades personales, ofensivas para la mayoría del pueblo del Señor. Faltó a otro de los mandamientos: “No mentir”. Pero lo hace a diario: dijo que no se postulaba a las elecciones y ahí está, despilfarrando los dineros del pueblo.

Continúa con embustes, engañando y mintiendo en nombre de la fe, llamando a orar, cosa que dudo que Ud. haga. La fe va más allá de sus mezquinos y pueriles intereses, se nutre de la virtud de los hombres leales y fieles, capaces de acercarse sin temor al Señor. Es más, la fe no es una mercancía, es un don divino para acercar al hombre a la obra del Señor.

Usted y sus cancerberos Murillo y López, cual fieras sedientas de sangre, asesinaron a los pobres, los más humildes, aquellos que salieron a demandar lo mismo que a Cristo lo llevó a la cruz, la dignidad, la libertad, solidaridad, la igualdad entre los hombres.

Me temo que el camino que eligió difícilmente la llevara al lado del Padre, pero el que no está con él ya sabe dónde termina. Están matando la obra del Señor, si no se enteró, él era partidario de los pobres, de los humildes, de los esclavos. Hasta hoy no comprendemos el valor que le asigna a la vida de las personas, aquellas que son una unidad de alma y cuerpo. Los llamó salvajes, el mismo valor de bestias de labor que se les asignaba en tiempos de Cristo. Sabe, quien se distancia de los pobres, se distancia de Cristo; el que traiciona a los pobres traiciona a Cristo.

Debo recordarle que Juan Pablo II, afirmó: “La fidelidad de la iglesia a Cristo, se verifica por su compromiso con los pobres”. La humildad es una virtud, no un medio para tapar la hipocresía. No llore, el papel no le queda, sus lágrimas no aliviarán el martirio al que ha sometido a niños, madres y ancianos que viven el consuelo de una cruel espera.

Cristo, en El Sermón de la Montaña pronunció: “Es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja, que un rico entre al cielo”. Fue muy radical, no olvide cómo echó a los fariseos del templo –hombres de doble moral y ninguna ética–. Abundo con otro ejemplo, un día se le aproximó un joven y le dijo: “Padre quiero estar a tu lado”, a lo que Cristo respondió: “Vende todas tus cosas y repártelas entre los pobres, luego sígueme”.

Tiene encarcelados presos de conciencia (políticos), sabemos que se están usando la tortura y el maltrato físico; se los acusa de sedición y terrorismo ilegalmente, muchos de ellos son jóvenes a los que sus familiares no han podido aún verlos, se está judicializando toda oposición a su Gobierno. Usted, Jeanine, es la única responsable del martirio cruel e injusto que están viviendo estos hermanos y sus familiares, por tener ideas opuestas a la suya o simplemente no estar de acuerdo con sus políticas.

Le recuerdo que las almas impías no alcanzarán el perdón divino, porque en poco tiempo ha sembrado dolor y luto irreparable ante los ojos del Señor.


* Militante de la izquierda boliviana

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