julio 3, 2020

La primera víctima no nata de la dictadura


Por MARÍA BOLIVIA ROTHE-.


La dictadura de Áñez tiene varios muertos en su haber; desde los primeros de Senkata y Sacaba, hasta un muerto no nato, el bebé de Patricia Hermosa. Esta, seguramente, es la víctima más silenciosa pero más cruel de todo este tiempo, porque no pudo defenderse, porque no se valía por sí misma y porque su único pecado fue estar en el seno de su madre al momento del golpe.

Patricia Hermosa desempeñó por 10 años funciones de secretaria privada del presidente Morales; como tal, era quien manejaba los documentos que Evo le había confiado y que eran requisito para que este pueda inscribirse en el Órgano Electoral Plurinacional y ser candidato a Senador. Cuando se disponía a presentarlos, fue víctima de engaños y trampas para, finalmente, ser tomada presa en el mes de enero y acusada de terrorismo y sedición. ¿Su delito? Haber conversado telefónicamente con Evo Morales para, imaginamos, coordinar los detalles de la entrega de dichos documentos ya que era en ese momento su apoderada legal y, para esa fecha, las elecciones estaban establecidas para el 3 de mayo.

“Solo los indios estamos en la cárcel”, dijo Patricia. Una frase que caracteriza claramente el golpe de Estado que arrebató el gobierno legítimamente elegido en urnas, por un gobierno autoproclamado que representa solo al 4% de la votación nacional. Un Gobierno que no solamente es neoliberal y fundamentalista. A tan terribles atributos, se añade el odio visceral hacia los indios e indias, que son la mayoría del pueblo boliviano. Su encierro sin condena no se resuelve porque es india. Patricia sufre discriminación múltiple: por género, autoidentificación originaria, clase, y obviamente, ideológica. La venganza contra los indios es porque se atrevieron a empoderarse y liberarse de la clase –oligarca pero minoritaria– que los ha sojuzgado hacen ya cinco siglos. Este es, en realidad, el pecado original de Evo Morales y por lo que no le perdonan; haber recuperado la dignidad para los vilipendiados de siempre, como él mismo llamó a los indígenas originarios de Bolivia.

En el marco de este escenario tenebroso y por culpa de una detención absurda y absolutamente ilegal, Patricia ha perdido el hijo que llevaba en el vientre y el gobierno de facto, cruel como es, no le ha permitido ejercer el más mínimo derecho de acceso a la salud. Como si fuera poco perder un hijo, encima, tuvo que soportar que le nieguen el más elemental derecho a la salud y a llorar a su pequeño muerto con dignidad.

EL hijo no nato de Patricia Hermosa es un símbolo de la carga misógina de este gobierno, que, en una paradoja perversa, está presidido por una mujer. El hijo perdido por nuestra hermana es el símbolo del arrebato sanguinario de un régimen que se regodea en la sangre y el dolor ajeno; que desconoce los derechos humanos, especialmente los derechos de las mujeres, y que considera que, cuando las personas saben leer, son peligrosas. El hijo no nato de Patricia son todos los hijos e hijas de la cultura y la educación que Jeanine Áñez lanzó por la borda de un plumazo porque es muy peligroso para su orden de cosas, todo aquello que tenga que ver con abrir el cerebro y alimentar el espíritu de las personas. Áñez y su gobierno son la antítesis de todo lo bueno y lo noble del mundo.

El hijo no nato de nuestra hermana Patricia, es el más grande símbolo de una dictadura que está infectando y potencialmente matando, con premeditación y alevosía, a miles de bolivianas y bolivianos al dejarlos librados a su suerte en una pandemia como el coronavirus, con un altísimo riesgo de contagio y velocidad de propagación.

De esta pesadilla despertaremos por fin el 6 de septiembre, cuando al abrirse las urnas, se abran las voces y los brazos; y recuperemos nuevamente el sentido común de lo que nos reclama para la vida en democracia y paz.

En ese día luminoso que llegará pronto, el hijo no nato de Patricia Hermosa será el recordatorio de lo que no puede volver a pasar en Bolivia nunca más, por lo que, desde ahora, debemos recordar, como solo las mujeres sabemos recordar, con absoluto detalle, una y otra vez, para que nunca más abramos ni un resquicio que le permita a esta rancia derecha asesina volver a arrebatarnos la posibilidad de ser libres.


* Médica salubrista

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