octubre 28, 2020

Puerto Rico: George Floyd y el plebiscito estadidad sí o no


Por JULIO A. MURIENTE PÉREZ -.


El padre de la novia descubre que, oculto tras los millones que promete con aparente generosidad, el sujeto que quiere matrimoniarse con su hija es un abusador de siete suelas, racista y fanfarrón empedernido, que mal disimula con la Biblia debajo del brazo, para destruirlo todo a su paso. Un farsante.

El padre, que no es tonto ni está dispuesto a venderse a ningún precio, piensa consternado: si de novio ha sido tan maltratante, ¿cómo será de marido? ¿Cuáles son sus verdaderas intenciones?

Esa es un poco la historia de Puerto Rico. Hace casi 122 años –el 25 de julio de 1898– nos invadieron y lo primero que hicieron fue divulgar una proclama, en la que prometían abundancia, felicidad y progreso.

122 años después, Puerto Rico enfrenta una crisis total.

En la oferta que le hace el Partido Nuevo Progresista (PNP, anexionista) a nuestro pueblo, en una consulta mal llamada plebiscitaria pautada para el próximo tres de noviembre, solo hablan de dinero. Mucho dinero. Quieren llenarnos los ojos con fondos federales, ayudas, cupones, chequecitos y muchos etcéteras más.

Nada dicen de Derechos Humanos, de nuestra cultura y nacionalidad, ni del culto a la guerra y la violencia que distingue a Estados Unidos. Nada dicen de racismo, de discrimen, ni de la pobreza y la inferioridad a la que han estado sometidos millones de compatriotas por muchas décadas. Nada dicen de las inmensas riquezas que han acumulado en estos 122 años, que representan mucho más de lo que invierten aquí.

Puerto Rico y Estados Unidos son dos grandes extraños entre quienes los afectos y las querencias brillan por su ausencia. Es una relación marcada por el desprecio y los prejuicios. Desde mucho antes de Trump.

En su visión dolarizada de la vida, los anexionistas pretenden que por unos pesos nos integremos a una sociedad que se ha forjado en la supremacía racial, el discrimen étnico cultural, el fundamentalismo religioso y la violencia indiscriminada.

George Floyd fue asesinado por un policía de raza blanca casi 244 años después de la declaración de independencia de las trece colonias norteamericanas. Cuando se constituyó Estados Unidos, pocos años después, había en ese país cuatro millones de esclavos negros. Muchos de ellos eran propiedad del hacendado George Washington y de otros “padres fundadores”. Ninguno fue liberado. En el proceso de expansión al Oeste que siguió a la independencia, millones de indígenas fueron asesinados.

El país, fundado por hombres-blancos-ricos-fundamentalistas-esclavistas, fue concebido solo para ellos. La inferiorización de los no blancos –negros, mulatos, mestizos, latinoamericanos y caribeños, asiáticos, mujeres y otros– forma parte esencial de la idiosincrasia de esa sociedad.

En esa lógica planetaria de inferiorización racial-étnica-cultural-nacional y de género, los puertorriqueños y las puertorriqueñas estamos en la rueda de abajo. No somos blancos ni anglosajones. Somos “hispanics”. Somos “spicks”.
Si George Floyd hubiera participado en la consulta del tres de noviembre, hubiera votado No a la anexión. Nos hubiera advertido de los peligros de semejante pretensión anexionista. Nos hubiera aconsejado seguir otros caminos, de paz y libertad. A él la intolerancia racial le costó la vida. A nosotros la anexión nos podría costar la existencia como pueblo y nación.

Queremos ser amigos del pueblo estadounidense, ese que lucha en las calles reclamando justicia. Queremos relacionarnos con el pueblo multicolor de George Floyd, en condiciones de respeto e igualdad. Distinguimos claramente entre esos ciudadanos comprometidos como nosotros, y sucesivos gobiernos abusadores e insensibles que nos han sometido al colonialismo por más de un siglo.


* Catedrático Universidad de Puerto Rico y dirigente del (Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH) de Puerto Rico)

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