octubre 22, 2020

Kamala Harris y la vicepresidencia de Estados Unidos


Por Julio A. Muriente Pérez-.


La senadora Kamala Harris ha sido designada como candidata a la vicepresidencia de Estados Unidos por el candidato a la presidencia del partido Demócrata, Joe Biden. Este había anticipado que designaría a una mujer para ocupar ese cargo. Además, se trata de una persona afrodescendiente, cuya madre es oriunda de la India y su padre de Jamaica.

Harris tiene una larga trayectoria en la gestión gubernamental, sobre todo en el estado de California. Intentó infructuosamente obtener la candidatura a la presidencia para las elecciones de 2020 y ahora ha sido reclutada como candidata a un cargo de gran relevancia en el gobierno de ese país.

En la sociedad estadounidense, tan fragmentada por razones étnico-raciales, de género, económicas, sociales y culturales, adquiere gran importancia que un candidato blanco a la presidencia seleccione a una mujer afrodescendiente como su compañera de papeleta. Biden, a su vez, fue el vicepresidente del primer presidente afrodescendiente en la historia de Estados Unidos, Barack Obama. Si Biden resultara victorioso, Kamala Harris sería la primera mujer en llegar a la vicepresidencia de Estados Unidos.

Paradójicamente, esa es una sociedad que se distingue lo mismo por asesinar ciudadanos afrodescendientes a manos de la policía blanca, que por designar a una afrodescendiente a la vicepresidencia del país. Algo parecido a una “casa de espejos”, en la que la imagen puede distorsionarse repetidamente, sin que la realidad deje de ser la que es.
Seguramente, esta decisión provocará simpatías en millones de habitantes afrodescendientes de Estados Unidos.
También en sectores femeninos y probablemente de inmigrantes latinoamericanos y caribeños con derecho al voto. Así sucedió cuando se dio la candidatura de Obama, en 2008. Que un cargo exclusivo para “blancos” pudiera ser ocupado por un “no blanco” generó esperanzas en millones de ciudadanos que se vieron motivados a participar en las elecciones de ese país, en las que el promedio de participación electoral no suele exceder el 50% de los inscritos.

Esas expectativas derivaron en grandes frustraciones. Tras la fachada racial o de género están la ideología, la visión de mundo, la lealtad al orden establecido y la defensa del capitalismo y el rol hegemónico de Estados Unidos en el planeta. Obama no pasó de ser un presidente de raza negra que defendió puntillosamente los intereses políticos, económicos y militares del imperialismo estadounidense, como si hubiera sido de raza blanca.

Recordemos que bajo la presidencia de George Bush hijo, dos figuras fundamentales de esa administración ultraderechista y agresora fueron Condoleezza Rice, mujer afrodescendiente y destacada intelectual conservadora, y Colin Powell, general guerrerista afrodescendiente encargado de mentirle a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para justificar la agresión contras Irak. De igual forma, consideremos que el afrodescendiente Clarence Thomas es el juez más derechista del tribunal supremo de Estados Unidos.

Más allá de consideraciones raciales, de género o de otro tipo, los partidos Demócrata y Republicano de Estados Unidos tienen muchas más coincidencias que diferencias, particularmente en lo referente a la condición de ese país como gran potencia capitalista e imperialista. Fue un presidente demócrata, Harry S. Truman, quien ordenó el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, hace 75 años. Fue un demócrata, John F. Kennedy, quien ordenó la agresión contra Cuba por Playa Girón en 1961 y quien impuso el bloqueo económico contra la isla.

Fue un presidente demócrata, Lyndon Johnson, quien desató una agresión brutal contra el pueblo de Vietnam a mediados de la década de 1960.

De manera que, estemos atentos a cuanto acontece en ese país y su desenvolvimiento electoral; pero sin demasiadas ilusiones.


* Catedrático Universidad de Puerto Rico y dirigente del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH) de Puerto Rico

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