enero 26, 2021

Transparencia encubre la corrupción


Por Carlos Echazú Cortéz -.


Por muy increíble e irónico que parezca, los golpistas han decidido utilizar la institucionalidad de transparencia para hacer justamente lo contrario de promover el propósito para la que fue creada. Efectivamente, después de varios días de silencio en relación a la nueva denuncia de sobreprecio en la compra de respiradores (esta vez chinos), el Gobierno decidió salir públicamente, el jueves 27 de agosto, a «dar sus descargos» y lo hizo, en conferencia de prensa, nada menos que mediante el viceministro de Transparencia, Guido Melgar.

De manera vergonzosa, la máxima autoridad en Transparencia del gobierno de facto, intentó desvirtuar las denuncias con argumentos que suponen que el público fuera estúpido para creer en sus falacias. Su principal prueba fue que el precio unitario de cada respirador era de 18 mil dólares y no así los ocho mil que estaban en la cotización que hizo el periodista denunciante Junior Arias de Gigavisión.

Muy suelto de cuerpo, el Viceministro afirmó que la cotización que realizó Arias correspondía al mes de agosto, mientras que los precios de la empresa productora en los meses de abril, mayo y junio eran mucho más elevados en razón a la crecida demanda en el mercado internacional por esos respiradores. A continuación expuso lo que se puede calificar como “cuentas alegres”, introduciendo gastos adicionales para llegar a la suma que fue la que el Gobierno pagó para cada respirador, es decir, más de 33 mil dólares por cada unidad, según lo afirmó en ese momento el Viceministro; aunque poco después un comunicado del Ministerio de Salud, corrigió ese monto para anotar 35 mil por equipo.

El «argumento» fue rebatido en el acto por el periodista Arias, quien, con documentos en mano, demostró que en las declaraciones de exportación en la aduana china figuraban los distintos lotes de respiradores con precios unitarios que variaban entre los nueve mil a 11 mil dólares, justamente en los meses de abril, mayo y junio. De este modo, los intentos del Melgar por encubrir el abominable hecho de corrupción fueron puestos al descubierto.

El ridículo del Gobierno no quedó ahí. La denuncia no «solo» atañe al sobreprecio de los respiradores, sino a la calidad de estos. Ya son varios los hospitales (Solomon Klein y Del Sur, por ejemplo), que han declarado que no sirven y/o tienen graves desperfectos o, peor aún, estuvieran ocasionando daños a los pacientes.

Al respecto, la Ministra de Salud, que se encontraba al lado del Viceministro de Transparencia en la referida conferencia de prensa, declaró descaradamente que «es imposible que podíamos adivinar que los equipos podían presentar fallas», admitiendo explícitamente su incapacidad de adquirir equipos de calidad.

Sin embargo, en el anterior caso de corrupción, referido a los test Covid, que estaban siendo adquiridos también con sobreprecio por el Gobierno, habiendo hecho a un lado a una proveedora uruguaya que ofrecía los productos a menor precio, la misma Ministra refirió entonces que: «aclaro que Bolivia no compra, ni comprará ninguna medicina y ningún insumo de salud que no tenga calidad internacional».

La afirmación era falaz, puesto que la empresa uruguaya tenía las certificaciones de calidad requerida, pero los golpistas ya tenían armado su negocio por otro lado. Pero bien, resulta relevante traer a colación aquella declaración de la titular de Salud cuando supuestamente velaba por la calidad de los productos adquiridos y ahora viene a decirnos que «nadie podía adivinar que los equipos iban a presentar fallas», incurriendo en una contradicción flagrante. La Ministra dijo semejante desfachatez al lado del principal encargado por velar por la transparencia, sin que este se haya siquiera mosqueado.

Lo nuevo en este caso de corrupción es que hasta el momento el Viceministerio de Transparencia se había mantenido al margen de los casos de corrupción (incurriendo obviamente en incumplimiento de deberes, pues el propósito específico de esa instancia gubernamental, en términos formales, es justamente luchar contra la corrupción). Ahora lo hace activamente para encubrir la corrupción de un modo desvergonzado. No se trata de un caso menor. Es posiblemente el caso más grave de todo el nefasto período del gobierno golpista, que implica quizás más de siete millones de dólares, con el agravante de involucrar equipos médicos para combatir la pandemia. Se tiene entonces que la instancia específicamente creada para combatir este flagelo actúa de modo abierto para ocultar y disfrazar la corrupción. Si bien, todo funcionario público que comete o encubre un hecho de corrupción es pasible a ser juzgado en el ámbito penal, eso se multiplica con creces para el vice Ministro de Transparencia.

Más allá del caso en cuestión, gravísimo por cierto, también es pertinente señalar ya en términos generales, que la institucionalidad de transparencia, creada en el gobierno del Proceso de Cambio, viene siendo destruida de modo sistemático por el gobierno golpista. Hasta el momento, había utilizado esa instancia para realizar el denominado lawfare, es decir, una guerra jurídica contra los opositores al régimen. Eso ha sido muy claramente ilustrado, en estos días, cuando el Viceministro de Transparencia declaró públicamente que formularía una demanda contra la jueza que había decidido que el exgobernador del Beni, Alex Ferrier, pasaría a detención domiciliaria. Ese es el nefasto rol que le dieron hasta ahora a la institucionalidad de Transparencia antes que la utilizarán para encubrir sus actos delincuencialmente corruptos.

La reflexión es muy importante, pues abre paso a señalar que la institución fue creada para combatir la corrupción en el seno del propio Gobierno. Así ocurrió en tiempos de Evo, cuando la Unidad de Transparencia de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) descubrió aquel bullado caso de corrupción en la compra de taladros. Se tenía en mente que la corrupción es atraída por el poder y, por lo tanto, ningún gobierno está libre de ser presa de este flagelo. Para eso se creó transparencia, y eso es lo realmente difícil, combatir la corrupción en tu propio gobierno.

A la inversa, el gobierno golpista utiliza la institucionalidad de transparencia para el lawfare y encubrir la corrupción en su propio seno.


* Militante de la izquierda boliviana

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