septiembre 18, 2020

Elecciones de octubre de 2020: ¿sueño o pesadilla?


Por Fernando Rodríguez Ureña-.


Las instituciones de la modernidad, vale decir las instituciones de la sociedad liberal y burguesa, históricamente han demostrado ser absolutamente funcionales a las coyunturas económicas y, por consiguiente, también políticas, vigentes en el mundo.

Bajo este concepto, democracia y dictadura son las dos caras de la misma moneda, absolutamente funcionales a los intereses estratégicos y geoestratégicos de las potencias mundiales, en sus diferentes olas.

Para quienes estudian la geopolítica mundial, no es ninguna novedad aseverar que en este tiempo se desarrolla una Tercera Guerra Mundial, aunque esta felizmente aún no precisa de su último recurso, como son las costosísimas acciones militares de las potencias en disputa.

Estamos inmersos en una guerra económica en la que las economías más consolidadas del espectro mundial pugnan por la supremacía y el control de mercados en el planeta. Bloqueos, vetos y acciones penales/comerciales son la expresión de esta guerra.

Estados Unidos es la primera potencia económica y militar mundial que, sin embargo, se encuentra en crisis de hegemonía, por la emergencia de otras economías y potencias militares que, en el marco de la multipolaridad global, surgieron con este naciente tercer milenio.

En primer orden se encuentra la República Popular China, de quien se calcula que en 2030 será la mayor economía del mundo; junto a ella Rusia, aliada estratégica de China y que no solamente es una potencia en términos militares, sino que es también un emporio de recursos estratégicos y tecnología. En un segundo orden, pero en cada vez mayor velocidad de ascenso, se encuentran India e Irán. Muy de cerca les siguen Sudáfrica y Brasil. Estas potencias, que igual tienen áreas geopolíticas de control sobre el planeta, no solamente han dejado caduca a Europa, sino que tienen bajo su control Asia, Australia, parte del África y han empezado a asentarse en América Latina, vía alianzas estratégicas con gobiernos de la región.

Esta nueva realidad tiene consecuencias muy concretas sobre Estados Unidos, que se ha planteado rediseñar el nuevo orden mundial para no perder su hegemonía económica y territorial.

En su estrategia de seguridad de 2017, en su capítulo América Latina, se ha propuesto apartar la presencia de China, Rusia e Irán en la región, además de reposicionarse políticamente sobre lo que considera su patio trasero, entendiéndolo como su “despensa” de recursos naturales estratégicos.

En el contexto de “su” guerra económica y geoestratégica, a Washington le preocupa el avance de la presencia chino/rusa en el continente, ya que considera que China estaría proyectando hacia nuestro continente, además de en Rusia y Europa, también la Nueva Ruta de la Seda.

En esta Nueva Ruta de la Seda en América Latina, Bolivia constituiría una pieza clave pues articula Sudamérica hacia los cuatro puntos cardinales: junto a Perú, Ecuador y Paraguay serian el eje sobre el que se desplegaría el Tren Bioceánico, cambiando de manera sustancial la relación del continente con Asia, África, Europa del Este y Australia.

Entonces Bolivia es el territorio clave para la implementación de la infraestructura conectiva transnacional multipolar, pues constituye el núcleo geoformacional, cuyo comportamiento es indispensable para el control de Sudamérica.

Como expusimos en otro artículo en este mismo medio, en noviembre de 2019, este pivote regional tiene una zona central que comprende a Bolivia, Perú, Paraguay y Ecuador al alcanzar sus territorios las costas de los océanos Atlántico y Pacífico. La zona norte caribe, compuesta por Colombia, incluye a Venezuela, Guyana, Surinam y Guayana Francesa. La zona este la ocuparía Brasil. La zona sur la componen Argentina y Uruguay; y la zona suroeste Pacífico la compone Chile.

Estados Unidos considera que China está potenciando en nuestro continente los intereses de los Brics (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica) y debe actuar para impedir su proyección y desarrollo.

La respuesta norteamericana es clara y contundente y nos ayuda a explicarnos por ejemplo la presencia de Bolsonaro en la presidencia del Brasil, para “pinchar este proyecto chino”, evitando cualquier forma de gobierno progresista allí, quitándole la B al proyecto Brics.

Paralelamente, también podemos explicarnos la necesidad de Estados Unidos de mantener lejos del poder y el gobierno al proyecto del Estado Plurinacional del Movimiento Al Socialismo (MAS) en Bolivia e impedir la conexión interoceánica que sin nuestro país no es rentable.

Pero no solo es esa razón geopolítica por la que Bolivia juega un rol clave en la política de seguridad norteamericana, sino que también tiene otro rol crucial en el campo de la Defensa.

Aunque de la estrategia de Defensa norteamericana se sabe muy poco, pues sus documentos son ultra clasificados, quedan claros algunos de sus conceptos eje para sus fuerzas militares: ser más letales, más rápidos, más robotizados y más tecnificados.

Estos conceptos tienen una condición sine qua non, indispensable para ser realidad: el desarrollo de tecnología militar. Y a su vez esta debe contar con los materiales estratégicos que hagan posible su desarrollo. Es en ese contexto que Bolivia ingresa de lleno en los planes norteamericanos.

Producto del proceso de formación de las cordilleras hace alrededor de 15 millones de años, Bolivia se ha constituido en un emporio de tierras raras y recursos minerales estratégicos indispensables para revolucionar la tecnología militar, como pretende Estados Unidos. Y la denominación de estos recursos, justamente es resultado de su escasez e inexistencia en otros lugares del planeta, a excepción de la China, que por efecto del mismo proceso geomorfológico tiene también cadenas cordilleranas similares a los Andes y con presencia probada de estas tierras raras.

La China ha decidido no vender un gramo más de estos recursos estratégicos a Estados Unidos y estos son indispensables para la Defensa norteamericana. En consecuencia, los tomaran de donde existan. Y para bien o para mal, están en Bolivia.

Por tanto, Estados Unidos requiere la expresión de cooperación de gobiernos dóciles para la explotación de estos recursos estratégicos en el marco de la Iniciativa América Crece a través de sus Mou o memorandos de entendimiento, que no necesitan aprobación congresal (otra estrategia de dominación política y económica norteamericana de aplicación en la guerra económica).

Eso significa que para los intereses norteamericanos es fundamental tener a un gobierno democrático títere que cumpla sus designios. ¿Eso es posible en la política interna boliviana actual?

La derecha boliviana ha demostrado corresponder a un proyecto político y una clase social conservadora, retrograda e inútil para comprender las necesidades estratégicas norteamericanas. La derecha ira dividida a elecciones.

Esto abre muchas posibilidades al retorno del MAS y el Estado Plurinacional al gobierno ya que contará con el voto duro de los sectores rurales y de migrantes urbanos, que se sitúa en un apoyo histórico entre un 35% y 38% del total del electorado, al que podría sumarse cierto porcentaje del voto indeciso.

Es en este contexto en que las palomas y las águilas, locales y extranjeras, entran en acción.

Las palomas creyendo que la derecha puede lograr acuerdos que le permitan unificar a algunas de sus expresiones y alcanzar un ajustado triunfo democrático, y las águilas creyendo que son imposibles elecciones victoriosas para la derecha, aún con fraude, por lo que su opción es el golpe militar clásico que imponga una dictadura militar “cumpliendo el mandato constitucional de las Fuerzas Armadas de preservar la existencia de la nación”.

Ambas opciones en este momento están desarrollando simultáneamente acciones.

Las palomas que lograron el apoyo de la Embajada Norteamericana y ya está colaborando al Tribunal Supremo Electoral, mediante la participación de 20 técnicos especialistas del Departamento de Estado y de Usaid, quienes encabezados por el hijo de la presidenta Áñez, José Armando Ribera Áñez, designado Coordinador del Área de Computo de Resultados y Gestión del Voto, están rediseñando las bases de datos del padrón electoral y los procesos de los programas de la gestión del voto, generando la base material para efectuar un fraude que impida el retorno del MAS al poder.

Por otra parte, las águilas, que mediante los organismos de inteligencia policiales y militares del Estado, vienen creando mediante operaciones psicológicas (Opsic) una atmósfera de inseguridad ciudadana que podría justificar un próximo golpe militar. Desde hacen algunas semanas van apareciendo en la prensa incautaciones de armas, de municiones, de artefactos de guerra como granadas, de grandes sumas de dinero y dinamitas, además de haber aparecido extrañas filmaciones con manifiestos de guerrilleros que anuncian su futura entrada en acción.
Lo evidente es que ambos proyectos están en curso. Y también lo evidente es que cualquiera sea el victorioso, ya sea por fraude o violencia militar, Estados Unidos necesitan que el próximo gobierno sea dócil a sus intereses por lo que, sin la menor duda, también tendrá un necesario corte autoritario, ya que los movimientos sociales, que tienen una clara conciencia antiimperialista, no lo aceptarán, como tampoco aceptarán que se les escamotee su victoria electoral.

Volvamos al principio. Democracia y dictadura son las dos caras de la misma moneda.

Como la derecha resuelva sus diferencias, tendremos o un gobierno hecho del poder por vía del fraude electoral o, en su defecto, un clásico gobierno militar.

Las necesidades estratégicas de Defensa norteamericanas, y las aspiraciones imperiales para volver a dominar la región y el mundo, en la actual coyuntura mundial, no pueden darse el lujo de tener un gobierno progresista y menos revolucionario en el poder en Bolivia.

El pueblo boliviano debe volver a diseñar su proyecto de liberación de los intereses de la antipatria.


* Sociólogo

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