octubre 24, 2020

Democracia comunitaria


Por América Maceda y Maya Verazain-.


La soberanía de un país reside en el pueblo como máxima expresión política, y al hablar de política no nos referimos únicamente a la participación partidaria. Oímos a diario a mucha gente que, decepcionadas de los viejos partidos políticos y el sistema político en sí, fácilmente dicen “a mí no me interesa la política” o “no soy de ningún partido, soy apolítico”, pero en las elecciones salen a votar y se autoconvencen de que, en el momento de ingresar su papeleta al ánfora, ya ha cumplido con su deber ciudadano, de aportar a la democracia.

Todo es político, tomar una u otra posición respecto a cualquier aspecto de la vida es tomar una posición política, es definir de qué lado del poder estás o desde dónde te paras frente al sistema. La política es conciliar intereses, es el debate y consenso sobre todo lo que se refiere al Estado y nos afecta de una u otra manera o ¿creemos acaso que la nacionalización o privatización de los recursos naturales no nos afecta a todas y todos los bolivianos? Por ejemplo, hacer política es pensar en educación, salud, organización territorial, medioambiente, en la estructura estatal y sus diferentes niveles; es pensar en las reglas básicas de convivencia, en los intereses grupales y sectoriales de la sociedad en su conjunto.

Escuchamos reclamos, descontento, desesperanza en relación a muchas instituciones del Estado y la política en sí, como la corrupción en la Justicia; la corrupción en las instituciones militares y policiales; la precariedad en el sistema de salud; la precariedad del sistema educativo; sin embargo, alguna vez nos hemos preguntado ¿qué hago yo para cambiar esto? La respuesta no puede ser simplemente: “He votado por el partido ‘x’ para sacar al partido ‘y’”, o el tan aclamado “voto útil” sin propuestas útiles. Cuándo votamos por un partido, por un candidato, se supone que votamos por propuestas y planes de gobierno, que de alguna manera reflejen respuestas a problemas sociales, económicos y de políticas públicas en sí, el voto debería ser consciente, no un voto de odio, y la participación política no termina ni debería terminar ahí.

Durante el Proceso de Cambio, cuando planteamos descolonizar el Estado, proyectamos la recuperación de nuestros orígenes, revalorizar los principios de nuestros y nuestras ancestras, en la lógica comunitaria de buscar el bien común. A diferencia de los sistemas democráticos representativos impuestos, alejándonos de las visiones individualistas de las sociedades capitalistas y neoliberales.

La organización política y comunitaria de nuestros pueblos, de nuestra cultura ancestral, tiene una función principal, y es que las autoridades comunales, Mallkus o Jillacatas, deben “mandar obedeciendo”. No hay lógica occidental de poder y prestigio, lo que prima es el servicio a la comunidad. La Asamblea Comunal es la máxima autoridad y las decisiones son obligatorias e irreversibles. Desde el Feminismo Comunitario, creemos que es posible construir, en nuestro país plurinacional, la Democracia Comunitaria, estableciendo bases para la participación horizontal de todas y todos los bolivianos, en todos los espacios de poder político.

Debemos dejar de lado los viejos conceptos de la democracia burguesa, de que el voto en las urnas es la única forma representativa, pues estas prácticas permean nuestro diario vivir y nuestras proyecciones sobre Vivir Bien, soberanía, descolonización y despatriarcalización.

Es un deber social continuar con el proceso de reconocimiento de la plurinacionalidad, para pensarnos y proyectarnos desde nosotros, para nosotros. Los partidos políticos han perdido la costumbre de discutir propuestas políticas y políticas públicas, porque los partidos de derecha nada o casi nada nuevo tienen para ofrecer, ya nos conocemos de memoria las recetas políticas de organismos internacionales, y del Fondo Monetario Internacional (FMI), que solo traen ajustes económicos y pobreza a nuestros países. Es por eso que en estas elecciones, caracterizadas por la guerra sucia, las fake news, ataques personales y el descrédito político, es necesario profundizar el debate y la construcción de la democracia comunitaria y que esta no termine el 18 de octubre.


* Feministas Comunitarias del Abya Yala

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