octubre 29, 2020

Un paso en Chile

Santiago de Chile-. El 25 de octubre alrededor de 14,8 millones de personas están convocadas a las urnas en Chile, para decidir en un histórico plebiscito por una nueva Constitución o mantener la actual, impuesta en 1980 por la dictadura de Augusto Pinochet.

La convicción generalizada es que no se trata de cambiar simplemente una ley fundamental por otra o reformar la vigente. Pero ese será solo el primer paso de un dilatado proceso.

En el sufragio decidirán si se establece una carta magna que exprese los anhelos de millones de chilenos que —el 18 de octubre hace precisamente un año—, se lanzaron a las calles en protestas sin precedentes reclamando cambios en todos los órdenes, incluyendo el desmantelamiento del modelo neoliberal, blindado por la reinante ley fundamental.

En declaraciones exclusivas para Orbe, el jurista y político Eduardo Contreras recordó que la convocatoria a este plebiscito se gestó el 15 de noviembre de 2019.

‘El Acuerdo por la Paz y una nueva Constitución entre la derecha y los partidos de centro que formaban ‘la Concertación’ fue la respuesta de parte de la clase política a la movilización popular de hace un año atrás’. Para Contreras ‘es positivo que se inicie un procedimiento que ponga fin a la actual Constitución.

Sin embargo, señala como ‘un factor negativo el hecho de que —en el supuesto de que ganen el Apruebo y la opción de Convención Constituyente (como mecanismo para redactar la carta magna)— nada asegura que se podrá elegir la suficiente cantidad de constituyentes capaces de alcanzar dos tercios del total, de manera que garanticen aprobar una nueva forma de organización política de la sociedad chilena’.

A juicio del también miembro de la dirección del Partido Comunista de Chile, se trata de lograr con la unidad de las fuerzas partidarias del cambio una mayoría lo suficientemente fuerte para decidir también en el proceso subsiguiente de elección de delegados constituyentes, y conseguir ‘una Constitución que permita al Estado recuperar la propiedad de las riquezas naturales del país y de los principales medios de producción’.

Concluyó que ‘si aquello no se logra, será imposible que el Estado pueda garantizar educación, salud, vivienda, previsión social y cultura al pueblo chileno, tal como se aspira, y seguiremos igual que hoy’.

En tanto, a solo una semana de que se abran las mesas de votación, se da por seguro que saldrá adelante el plebiscito, que habrá una notable asistencia —en un país marcado por el abstencionismo— y que resultarán victoriosos el Apruebo y la opción Convención Constituyente.

Ello, a pesar de las campañas de los de- tractores del cambio en alertar de supuestos peligros de contagio de Covid-19 por acudir a votar, en evidente intento de estimular una baja asistencia.

Pero a medida que esta se ha ido desvaneciendo, buscan instalar el cuestionamiento de los resultados del plebiscito, ofreciendo la imagen de un presunto clima de violencia del que hablan con insistencia por estos días políticos de derecha y medios de prensa, aprovechando acciones aisladas de elementos ajenos al vasto movimiento social chileno.

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