abril 23, 2021

“Amazonía, el río tiene voces”

Por Homero Carvalho Oliva-.


Amazonía, el río tiene voces, de Ana Pizarro, Premio de ensayo Ezequiel Martínez Estrada 2011, de Cuba, es una magnífica investigación que revela la poderosa literatura que se escribe en la región amazónica que abarca varios países de este subcontinente; a juicio del jurado que le otorgó el premio: “Se trata de una acuciosa y reveladora investigación que nos ayuda a entender un universo geográfico fundamental y sus implicaciones culturales”.

Pizarro es una reconocida investigadora chilena y su libro me era necesario para continuar mis investigaciones acerca de la literatura en la Amazonía boliviana, que vengo realizando desde hace varios años y que la literatura nacional ha omitido.

El libro está concebido como una expedición, en la que la autora se interna en la región amazónica, con un mapa de navegación, descubriendo sus formas culturales y su construcción discursiva. Pizarro afirma: “En la Amazonía confluyen ocho Estados soberanos: Brasil, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Surinam, Guayana, más la Guyana Francesa, y las formas culturales comunes tienen que ver con la vida de sus poblaciones de veintitrés millones de personas, en uno de los territorios más vastos del continente que tiene como eje una red de aguas situadas en torno al río Amazonas y sus afluentes (…) Se trata de una hoya hidrográfica enorme que ha generado históricamente formas diferentes de relación del hombre con la vida que significa también formas diferentes de producción en los imaginarios sociales. Múltiples lenguas indígenas, diferentes lenguas metropolitanas apuntan sin embargo a la constitución de un imaginario con articulaciones comunes. Estas articulaciones tienen que ver tradicionalmente con una vida en diálogo intenso con el medio ambiente”.

Pizarro nos va narrando la estética de la selva y la oralidad mitológica de este espacio de encantos y desencantos, “espacio paradisiaco e infernal, caótico, poblado por criaturas extrañas, objeto privilegiado de lo demoniaco y por tanto aptas para su transformación en siervos de la Iglesia”. En el segundo capítulo se ocupa de las “Crónicas de viajes de conquistadores y naturalistas”, especialmente de Carvajal y la expedición de Orellana; Lope de Aguirre contra Dios y contra el Rey, Acuña y el viaje de Texeira, así como de la imaginería europea que bautiza al río Amazonas. “Son los discursos de una nación de aguas. Nación en el sentido figurado de un área cultural formada por ocho países que tienen referentes comunes, con centro en el río y en la selva”, afirma Pizarro.

En el capítulo tres llega a la época de la goma y se encuentra con las voces del seringal, en sus lógicas y desgarramientos amazónicos. Nos habla de los barones de la goma y, por supuesto, de Nicolás Suárez, de Bolivia, y de Julio César Arana, de Perú, en lo que vendría hacer una especie de gesta civilizadora según estos potentados. En este proceso, pleno de leyendas negras, se da la presencia activa de intelectuales y escritores citados por la autora. Sin embargo, en el caso de Bolivia es notable la ausencia de Juan B. Coímbra y su crónica novelada Siringa, fundamental para comprender este periodo nacional.

En el capítulo cuarto el tema central es “modernización y pluralidad de voces”, la estética ilustrada, discursos e imaginarios orales y los pueblos indígenas. En esta parte, Pizarro cita a varios autores representativos de la literatura amazónica, entre ellos a Paes Loureiro, Marcio Souza, Mario de Andrade y Thiago de Mello de Brasil; César Calvo, de Perú; José Eustasio Rivera, César Uribe y William Ospina, de Colombia; y a Nicomedes Suárez y Homero Carvalho, de Bolivia. Todo un honor para mí, que Pizarro se haya ocupado de mi producción literaria como representativa de esta región que amo, a la que he dedicado tres poemarios y dos antologías de poesía, y me haya incluido junto a escritores que ya admiraba desde joven.

El capítulo quinto está referido a la cultura del narcotráfico en la Amazonía: “Estudiar los discursos de esta región es entrar en las tensiones originarias de la cultura del continente. Tierra de promisión, espacio de renovadas utopías, la Amazonía abriga la diversidad, la multiplicidad cultural, el espacio de lo inacabado, de la dislocación”, afirma Pizarro.

Para el literato colombiano Juan Gustavo Cobo Borda: “Amazonía, el río tiene voces es un libro que la historiadora literaria y analista de culturas Ana Pizarro ha realizado desde su natal Chile al abarcar el riquísimo cosmos del Amazonas. Un lugar único no solo por su riqueza en agua, minerales y biodiversidad, sino que allí ocho países, veintitrés millones de personas, integran ‘la diversidad más diversa’, en el bosque tropical húmedo más grande del planeta y a orillas del río más caudaloso de la Tierra. Pero esto no es todo. Quienes lo descubrieron, desde el Atlántico hasta los Andes, o lo recorrieron desde Quito y Lima hasta las bocas del Orinoco, crearon en torno suyo la más apretada, ramificada y bifurcada selva de símbolos y leyendas (…) el libro debe leerse en su integridad y analizarse con inteligencia. Ana Pizarro ha puesto en él tanto sensibilidad como conocimiento. Es un aporte fundamental para valorar una cultura no comprendida en su totalidad como aquella de la inmensa Amazonía”.

Y para Caroline Stamm, de la Université Paris-Est: “La lectura de este libro es semejante a escuchar las distintas voces ya mencionadas, descubriendo un gran número de referencias, ante todo literarias, sobre la Amazonía. Aunque no sea el propósito de la autora, la obra ofrece, al mismo tiempo que una multiplicidad de voces, un panorama de la literatura de la región que permite entrar en sus discursos y entenderlos (…) Tal vez el mayor mérito de esta obra sea lo referido en las líneas precedentes: la Amazonía sobrevive ante los ataques que, sin sacar cuenta verdadera de la riqueza total del continente, centra sus esfuerzos en lo material y desfigura a su paso la expresión de los pueblos. Con todo, el llamado es a poner atención especial sobre esta zona, para rescatarla de una inminente debacle”, con mayor razón ahora que la pandemia ha constatado el abandono secular en el que los Estados latinoamericanos han confinado a esta región, ejemplo patético es la tragedia que vive el Beni.


  • Escritor y poeta, Premio Nacional de Novela.

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