julio 23, 2021

Bolivia y la política exterior


Editorial La Época-.


La decisión del gobierno boliviano de aplicar el principio de la reciprocidad, bastante frecuente en las relaciones internacionales, con la exigencia de que ciudadanos estadounidenses e israelitas soliciten visa para ingresar a territorio nacional, ha objetivado de manera muy clara el carácter subordinado de la política exterior que manejó el gobierno de facto. Pero no es ese tema puntual que queremos analizar pues hace bien el Estado Plurinacional, del que Áñez era su usurpadora, en exigir ese documento a los ciudadanos de ambos países, ya que es el trato que los dos Estados otorgan a los nuestros.

Queremos más bien referirnos al profundo daño que Áñez le hizo al país. La afirmación del gobierno golpista de que iba a “desideologizar” las relaciones internacionales apenas llegó a ser una burda maniobra y una forma de describir en palabras lo que iba a ser negado en los hechos. Una política exterior “no ideológica” hubiera implicado tolerancia con los gobiernos de varios países que están conducidos por la izquierda y el progresismo, así como no tomar medidas de alejamiento de mecanismos de integración y concertación política que han funcionado en la Región. Pero nada de eso pasó. Se facilitó el asalto a la embajada de Venezuela; se “suspendió” las relaciones con Cuba; se ocupó ilegalmente la clínica de probada propiedad cubana; se tomó distancia de la República Popular de China; se mantuvo a raya a la embajada rusa; se “incorporó” al país al inexistente Prosur y, fundamentalmente, se le alineó con la política de la administración Trump. Por si no fueran suficientes pruebas del abandono del multilateralismo de parte del régimen de facto, hay que sumar el bloqueo sistemático a la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y obediencia ciega al secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Con el retorno de la democracia y el regreso de un proyecto de izquierda nacional-popular, se abre de nuevo la posibilidad de recorrer un camino de diversificación de las relaciones internacionales con todo el mundo. Y respecto de Estados Unidos, habrá que decir que una relación bilateral deberá basarse en el respeto mutuo, el principio de la no injerencia y el reconocimiento de las diferencias. No es una posición ideológica y política la que condujo al rompimiento de las relaciones bilaterales a nivel de embajadores, sino la conspiración plenamente probada contra el Proceso de Cambio, que contó con el apoyo de la embajada de ese país en 2008 y 2009. Y el hecho de que nunca hayan dejado de organizar y/o respaldar planes de desestabilización contra el gobierno de Evo Morales no contribuyó al restablecimiento.

La política exterior de Bolivia se caracterizó en 14 años por una mirada más amplia de la que hubo durante dos décadas de neoliberalismo y que caricaturescamente se acentuó en un año de gobierno de facto. Estados Unidos no es el mundo, más desde fines del siglo XX, cuando se dan señales, hasta ahora no rectificadas, de su pérdida de hegemonía. Bolivia vio al mundo y no solo a una parte del mismo, y ese elemento es uno de los aportes más grandes a la historia de nuestras relaciones internacionales. Es más, su gravitación en la geopolítica continental y mundial en varios temas es algo que no se había logrado nunca.

Corresponde ahora profundizar lo que se hizo en materia de política exterior y pensar en iniciativas que posicionen de nuevo al país en el mundo desde una perspectiva civilizatoria distinta a la actual.

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