abril 16, 2021

Estados Unidos ante el cambio climático en la era post-Trump

Por Camila Ugalde-.


Tras el intento de golpe de Estado del pasado 6 de enero en Estados Unidos, a manos de la extrema derecha, el miércoles 20 concluyó la administración de Donald Trump e inició la de Joe Biden. Entre lo que deja la administración republicana están los resultados de una política antimultilateral, que se evidencia, por ejemplo, en la salida de este país del Consejo de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), de la Organización Mundial de la Salud (OMS), de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) y, finalmente, del Acuerdo de París sobre el Clima, que entre luces y sombras plantea la única oportunidad vigente de acción internacional para enfrentar el cambio climático. Esto ha generado interrogantes sobre la posibilidad de un golpe de timón en la política exterior de Washington sobre esta problemática, ahora sin Trump en el panorama.

Durante su campaña electoral, Biden prometió que su país volvería al Acuerdo de París desde el primer día de su mandato, buscando mostrar una posición política sobre el cambio climático diametralmente opuesta a la de Trump. Sin embargo, ¿qué nos dice la historia del cambio climático y el rol de Estados Unidos en ella? ¿La era post-Trump representa realmente una oportunidad para cambios trascendentales frente a esta crisis?

El “cambio climático” consiste en múltiples perturbaciones en los ciclos hidrológicos, los patrones de la temperatura y la frecuencia e intensidad de los eventos extremos. ¿Cuál es el origen? Físicamente esto se debe a la acumulación de gases de efecto invernadero (GEI) e incremento de su concentración en la atmosfera. Históricamente, la acumulación década tras década de GEI es parte de la transformación social, económica y política que tuvo un punto de inflexión en la Revolución Industrial, primero en Inglaterra y su posterior expansión en el resto de Europa, Estados Unidos y más recientemente en los otros continentes.

La expansión de un sistema socioeconómico basado en la explotación intensiva de los combustibles fósiles –primero el carbón y después el petróleo– y otros recursos naturales, y en la acumulación de la riqueza en pocas manos a costa del despojo de otros, trajo consigo la actual crisis climática y una catástrofe ambiental. Esta última primero en los países desarrollados y hasta ahora –bajo estructuras de dominación y explotación– en los territorios del sur global.

En este contexto, es fundamental destacar la responsabilidad actual e histórica de Estados Unidos como el principal emisor histórico de GEI. Entre 1850 y 2011, ese país aportó más del 28% de las emisiones de estos gases, actualmente es responsable de alrededor del 16%; y solamente su brazo militar genera más emisiones que países como Perú, Marruecos o Suecia. [1]

La política internacional de Estados Unidos sobre cambio climático no ha sido un ejemplo de buena voluntad y compromiso. Al contrario, el haber salido del Acuerdo de París no representa solo un exabrupto del carácter o las creencias personales del último presidente, sino –y quizá para sorpresa de muchas y muchos– es coherente con su política de Estado.

A partir del mandato de la Cumbre por la Tierra en Río en 1992, 154 países establecieron la Convención Marco de las Naciones Unidas contra el Cambio Climático. En ese marco, el 2005 entró en vigor el Protocolo de Kioto, un acuerdo vinculante que comprometía a los países industrializados –como responsables históricos de los incrementos en la acumulación de GEI– a reducir la concentración de estos en 5% con respecto a los niveles preindustriales. Este acuerdo fue rechazado por George W. Bush bajo el argumento de que era injusto con su país y que no cumplía con el objetivo para el que había sido diseñado.

En Copenhague el 2009 fue el presidente Barack Obama quien protagonizó –entre otros– el fracaso de la cumbre climática. Donde un grupo de 24 países elaboró a puertas cerradas un “Acuerdo” inequitativo, vago y poco ambicioso, en ausencia de los países más vulnerables, que demandaban un acuerdo vinculante y justo.

Fue a partir de la lucha de las naciones del sur global, incluyendo a Bolivia de manera protagónica, que el Acuerdo de París es adoptado en 2015. Un acuerdo que si bien no es lo suficientemente ambicioso, al menos refleja mejor el Principio de Equidad y Responsabilidades Comunes pero Diferenciadas, a través de un objetivo centrado no solo en estabilizar la temperatura global pero además en la adaptación y el flujo financiero (ambos más importantes para la respuesta de los países en desarrollo).

Dos años después, una vez más, el gobierno de Trump negó sus responsabilidades y determinó su salida de este acuerdo global en nombre del crecimiento económico de su país. Cabe mencionar que, a pesar de esto, las y los negociadores de Estados Unidos continuaron siendo parte de los espacios multilaterales que determinarían las reglas de funcionamiento del mencionado acuerdo, este hecho fue un elemento que continuó reduciendo la efectividad del mismo y menoscabó los esfuerzos del resto del mundo.

Ahora que el presidente Biden volvió a sumar a su país al Acuerdo de París, ¿se pueden esperar cambios de fondo en Estados Unidos sobre este tema?

En los últimos años, la esperanza para transformaciones reales viene de las nuevas voces en movimientos sociales como Black Lives Matter o numerosas organizaciones por la justicia climática y ambiental como Sunrise Movement o We Act, quienes a través de una lucha interseccional demandan y construyen acción climática con justicia.

Por otro lado, si bien no hay mucho que se pueda esperar del Ejecutivo, existen señales interesantes desde el Legislativo y el movimiento democrático socialista, donde voces como la de Bernie Sanders, ahora líder de la mayoría en el Comité de Presupuesto en el Senado, Alexandria Ocasio Cortez e Ilhan Omar en el Congreso, podrían marcar el inicio de un cambio de actitud.

Así que sí, quizá exista lugar para cambios, pero estos se construirán a partir de la presión social y las esperanzas de las mayorías frente a los intereses de las minorías, en Estados Unidos y el resto del mundo.


  • Bióloga ecosocialista, militante de La Resistencia Bolivia.

1       https://watson.brown.edu/costsofwar/papers/ClimateChangeandCostofWar

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