marzo 7, 2021

Neoliberalismo y fascismo

Farit Limbert Rojas Tudela -.


Michael Löwy señalaba que el poder de la clase dominante no es solo el resultado de su fuerza económica y política, o de la distribución de la propiedad, o de la transformación del sistema productivo, sino siempre implica un triunfo histórico en el combate contra las clases subalternas. Por ello todo repunte del neofascismo, el racismo y el sexismo es percibido como una derrota escalofriante.

En un sentido similar Michel Foucault en el curso de 1976, titulado Defender la sociedad, señalaba que las relaciones de poder tal y como se desarrollan y las conocemos en una sociedad como la nuestra, tienen como punto de partida, como momento constitutivo, una guerra históricamente identificable, en la que los que ganaron no elevan un pacto de paz, sino que continúan la guerra a través de otros medios, reinscribiéndola en las instituciones, en las leyes, en el lenguaje y en el cuerpo de unos y otros.

En 1977 Friedrich Hayek, una de las voces defensoras de la libertad visitaba Chile y declaraba que “con Pinochet la libertad es mayor que con Allende”, es decir, la dictadura puede ser necesaria para detener, sino matar, todo aquello que no se someta a la aparente libertad de mercado, la única manera de crear las condiciones para disciplinar a los gobernados que tengan la osadía de pensar en la revolución o en el socialismo. Chile pudo avanzar en un programa económico neoliberal con Pinochet, porque allí, como señala Löwy, había una subjetividad devastada por el golpe militar. Neoliberalismo entonces no parece una categoría antagónica al fascismo, sino que, en distintos momentos, se complementan.

Apartándose de los análisis del neoliberalismo que llevaron a cabo Foucault, Boltanski y Chiapello, el profesor italiano Maurizio Lazzarato, en un libro reciente, titulado El capital odia a todo el mundo, emprende un análisis de los orígenes fascistas del neoliberalismo y la derrota de la idea de revolución que se explicita después de 1968. La derrota convirtió a los vencidos en gobernados y endeudados, expulsando fuera del léxico político la idea de revolución. En un texto anterior, La fábrica del hombre endeudado. Ensayo sobre la condición neoliberal, Lazzarato había empezado el análisis de la gran apuesta del neoliberalismo: endeudarnos a todos, hacernos culpables y responsables de esa deuda frente al capital, que aparece como el gran acreedor universal. El crédito termina siendo el arma más abstracta y formidable del capitalismo, pues no solo nos endeuda, sino que además nos culpabiliza por esa deuda, recurriendo a la idea religiosa de culpa como pecado original por el solo hecho de existir. Nacer endeudados. Lazzarato nos recordaba así el trabajo de Nietzsche, quien encontraba las cercanías etimológicas entre deuda y culpa en sus escritos que van de la obra Genealogía de la moral a otras como Ecce Homo.

Entonces, el neofascismo, el racismo y el sexismo patriarcal, para Lazzarato, solo se despliegan a partir de una serie de tecnologías y aparatos que precisan de una subjetividad derrotada, no solo en lo imaginario, sino derrotada físicamente, históricamente. La derrota no es solo un momento, sino una continuidad que se reinscribe en una nueva lógica de mundo en devenir. Una nueva normalidad.

El nuevo fascista claro que hablará de libertad, de democracia, pero cuando se le reclame el uso de estas palabras –si es que después de la derrota se las puede reclamar– aclarará que se trata de otra libertad, de una otra democracia que fue negada por la masa de la población, esa masa que será calificada de salvajes u hordas.

No debemos olvidar que el horror siempre estará disfrazado de otra cosa. En un mundo globalizado, en el que se cree que todo es mucho más visible, surge todo lo contrario, la invisibilidad del porqué de las desigualdades y de los sufrimientos de los pobres, los migrantes, los otros que no ingresan a la lógica del capitalismo o ingresan como carne de cañón. El nuevo fascista cree (y muchas veces está convencido) que él no es fascista. Hayek, por ejemplo, señaló que nunca apoyó a Pinochet, pero no dijo nada de las muertes que causó y causa el neoliberalismo que él tanto defendió.

Ahora, ¿no es la pandemia que vivimos una fase más del triunfo del neoliberalismo? Si la respuesta es afirmativa, sería lógico relacionar la pandemia con el cambio climático y a este último con una fase más del desarrollo del capitalismo. Y si suponemos que es así, es decir, que la pandemia es una fase más del capitalismo global, ¿cómo se acomodarán los resultados de esta pandemia en el marco del neoliberalismo y el nuevo fascismo? Nuestra respuesta no puede ser otra que catastrófica.


  • Profesor de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la UMSA.

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