abril 11, 2021

Despatriarcalizar el trabajo


Por Maya Verazaín (Feminista Comunitaria)-.


El 8 de marzo de 1857, miles de trabajadoras textiles salieron a las calles de Nueva York a protestar contra las precarias condiciones laborales, por la reivindicación del recorte del horario laboral y terminar con el trabajo infantil. En marzo de 1911, se incendió una fábrica de camisas, donde murieron 123 mujeres y 23 hombres, a causa de que los dueños de la fábrica habían cerrado las puertas y escaleras. Estos fueron los principales eventos que impulsaron que se establezca el 8 de marzo como: “El Día Internacional de la Mujer”.

Creemos que es importante resaltar que este día nace a raíz de la explotación y desprotección laboral en la que se encontraban las mujeres con la Revolución Industrial, que transformó la economía y el modo de trabajo en el siglo XVIII, oprimiendo a hombres y mujeres con el sistema capitalista.

La lucha por las reivindicaciones de los derechos de las mujeres ha sido secuestrada por la última forma de representación de la opresión patriarcal sobre nuestros cuerpos: la violencia física. La sociedad, los gobiernos, las organizaciones internacionales, muchas veces limitan el análisis de las opresiones hacia las mujeres, como si la única manera de representación de las relaciones de poder y opresión fuera la violencia.

Plantean programas y proyectos desde el enfoque de la violencia y cómo evitarla. Escuchamos el típico: “quiérete a ti primero, y nadie te va maltratar”, cuando la estructura patriarcal es mucho más compleja y, sobre todo, multidimensional. El patriarcado es un sistema de opresiones, de todas las opresiones que sufren las mujeres, hombres y naturaleza, por eso nos parece muy desatinado pensar en las mujeres únicamente desde la “lucha contra la violencia” o como un tema aparte, cuando somos la mitad de cada pueblo y cada “tema” social también nos compete.
Al ser el patriarcado un sistema de opresiones multidimensional debemos luchar contra este desde todos los espacios, y la opresión laboral que el sistema impuso sobre las mujeres es uno de los más importantes, porque los roles de género, del cuidado y la violencia económica, son base para la reproducción de otros tipos de violencia. Si bien podemos deducir que, a raíz de la Revolución Industrial, mujeres y hombres fueron explotados por igual, debemos analizar un poco más a complejidad las relaciones de poder, explotación laboral y su impacto diferenciado sobre las mujeres.

Si pensamos la concepción del “trabajo”, su relación con el capitalismo y el papel del salario y cómo, a partir de la Revolución Industrial, existe un cambio en las “relaciones capitalistas” de mayor explotación –gracias a las máquinas–, vemos que esto no se queda ahí, porque el obrero introduce a “su mujer e hijos” como “material humano”, incorporándolos al mundo laboral. El burgués (patriarca) exige más obreros y obreras para cumplir con la producción, con la diferencia de que si antes el obrero producía “x” cosa en su horario laboral, con la introducción de las máquinas esa producción aumenta sustancialmente, pero no se ve reflejado en su salario ya que el patriarca es quien se queda con esa plusvalía.

Las mujeres y niños se encontraban en la misma situación de explotación que los demás obreros hombres, pero, con la suma de otras opresiones que se adjudican a la mujer por ser mujer, las relaciones de desigualdad se agudizan. A pesar de que las mujeres trabajaban en las grandes fábricas el mismo tiempo que los hombres, aún tenían la obligación social del cuidado del hogar: lavar, planchar, cocinar y educar a los hijos. Tareas que históricamente nunca fueron compartidas con los hombres, dejando en nuestras manos toda la responsabilidad. Las mujeres salían de las fábricas y se iban directo a casa a lavar la ropa del esposo y prepararle la comida.

Este trabajo no pagado realizado por las mujeres, suman a la ganancia del capitalismo y no así únicamente del obrero, pues, de no contar con una mujer que lo realice, el trabajador debería destinar recursos extra para cubrirlo y el mismo sería parte de una reivindicación hacia el dueño de la fábrica en un aumento salarial por el costo de vida.

Esta situación de doble explotación hacia las mujeres no quedó solamente en el Siglo XVIII, ya que se reproduce hoy en día en nuestras sociedades, las mujeres aún (aunque con algunos cambios progresivos) son las que se encargan del cuidado del hogar, los hijos, entre otros, y ese trabajo no es reconocido como tal, porque no tiene la representación capitalista de un salario. Por ello, una de las reivindicaciones de las mujeres y, desde el Feminismo Comunitario del Abya Yala, es que además de lograr que se rompan los roles de género y se comiencen a compartir las tareas del hogar, que ese aporte que como mujeres realizamos a la economía sea devuelto en forma de políticas públicas.

Efectivamente, y gracias a la lucha de nuestros pueblos con el Proceso de Cambio, mucho se ha avanzado en relación a las reivindicaciones por derechos y la igualdad, tenemos leyes contra el acoso político y laboral, contra la violencia y, recientemente, bajo el gobierno del hermano Luis Arce y la ministra de Trabajo Verónica Navia, se ha logrado concretar una de las luchas de la Alianza de Mujeres por la Revolución Democrática y Cultural, sobre la eliminación de la brecha salarial.

Como Proceso de Cambio debemos repensar cómo acabar con esa situación de semiexplotación de las mujeres con las dobles jornadas de trabajo, entendemos que no se puede cambiar una sociedad simplemente con leyes. Desde el Feminismo Comunitario del Abya Yala creemos que es clave que las mujeres tengan una posición política con conciencia de clase, ya que esto es fundamental al momento de pararse frente al opresor, la conciencia e ideología política determinarán si se beneficia del sistema patriarcal o se lo confronta desde el enfoque de la construcción del Vivir Bien para todas y todos, y cada 8 de marzo reafirmaremos nuestro compromiso con la despatriarcalización del trabajo.

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