septiembre 22, 2021

Salarios, empleo y estabilidad política


La Época-.


La decisión no es fácil, pero amerita una enorme y profunda reflexión antes de tomarla. El Gobierno y la Central Obrera Boliviana (COB) están ante el enorme desafío de optar por el incremento de salarios, con el riesgo de que solo beneficie a un porcentaje menor de trabajadores respecto del pasado, o más bien tomar medidas que le garanticen el empleo a la gente.

Durante todos los años del gobierno del presidente Evo Morales los trabajadores nunca dejaron de percibir incrementos salariales con un porcentaje mayor a la tasa de inflación. El Proceso de Cambio le otorgaba, de esta manera, a los trabajadores lo que el neoliberalismo se los había negado pues, salvo contadas veces, el aumento de salarios estuvo congelado.

Pero la situación de la economía nacional ha cambiado producto de la combinación de dos factores que presentan el panorama delicado. Primero, la aparición de la pandemia en el mundo, cuyos efectos económicos son devastadores, principalmente para los países de la periferia capitalista que, a diferencia de Europa y los Estados Unidos, no cuentan con ningún fondo para la recuperación de sus economías, ya maltrechas por los desiguales términos de intercambio. Segundo, las malas medidas tomadas en el gobierno de facto, que buscaban un retorno al neoliberalismo, han disminuido los ingresos para el Estado y llevado a los empresarios, de todos los tamaños, al borde del cierre.

Como muestra la vida diaria, no todo es blanco o negro, y es altamente probable que el gobierno progresista de Luis Arce apruebe un incremento salarial para los trabajadores que en el fondo es una reapropiación de un porcentaje del plusvalor que obtienen los capitalistas. El tema es, sin embargo, de gran responsabilidad, pues un porcentaje equivocado perjudicará el objetivo de marchar hacia la recuperación de la economía; provocará daños, quizá irreparables, en las unidades de producción, incluso estatales; incidirá en el tema del empleo, con el retiro de miles de personas; y además podría abrir un camino a la desestabilización.

El papel de la COB va más allá del salario. No toda lucha por el salario es progresista ni mucho menos revolucionaria. Todo depende de la realidad concreta. Hay que retomar las experiencias de esa organización matriz de los trabajadores que, a partir de un alto grado de conciencia de sus dirigentes y afiliados, asumió en el pasado un papel de primer orden para cuidar la economía nacional ante gobiernos que no representaban sus intereses. Lo hizo en los primeros años de la Revolución Nacional de 1952 y luego ante el gobierno de la reformista Unidad Democrática y Popular (UDP), aunque también ante esta última cometió errores que allanaron el ingreso de los partidos del neoliberalismo. Se trataba de una COB que, dejando de lado las demandas reivindicativas, pasaba a sintetizar el interés nacional. Esa es la COB que necesitamos.

El Gobierno ha señalado que se requieren al menos dos años para que Bolivia retorne al ritmo de crecimiento sostenido que tuvo durante 14 años. Es más, ha sido el actual presidente, el conductor de un modelo económico exitoso, el que lo dijo antes de asumir la titularidad del Estado Plurinacional con la claridad y honestidad imprescindibles para momentos como los de ahora.

Los trabajadores tienen su gobierno y deben hoy priorizar la recuperación del Proceso de Cambio. Eso implica estar con luces largas y no cortas. Son la COB y los movimientos sociales quienes deben cuidar, ante todo, la estabilidad política y social del país, para evitar que la derecha, como ya ocurrió en la UDP, se monte sobre las demandas y movilizaciones populares con el fin de debilitar al gobierno del pueblo.

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