mayo 9, 2021

Vivir bien: la filosofía de vida de los pueblos indígenas nuestra ideología

Por José Percy Paredes Coimbra-.


Este no es un artículo sobre salud o covid ni trata de ninguna pandemia o vacuna, sin embargo, es importante iniciar tocando este tópico, salud, para ir desdoblando el concepto hasta llegar al Vivir Bien como filosofía de vida y/o ideología.

Seguramente ya escucharon que, para los pueblos indígenas, el concepto de salud, es mucho más que la simple ausencia de enfermedades; es sentirse bien, estar bien consigo mismo y con el entorno; y el entorno es más que sólo las cuatro paredes que nos contienen o un pueblo o una ciudad; el entorno está compuesto por las personas, las plantas, los animales y todo lo que nos rodea, incluidas situaciones, acontecimientos y pensamientos.

Los pueblos indígenas de este continente, el gran Abya Yala, estaban conscientes de que las enfermedades se forman en tanto no nos sentimos bien donde estamos o haciendo lo que no nos hace felices, en cuanto hay un desequilibrio en nuestro ser.

Vivir Bien, es todavía para nuestros pueblos, una filosofía de vida, un conjunto de principios y valores que los pueblos occidentales, están apenas vislumbrando. Para los Pueblos Indígenas los conceptos antagónicos de salud – enfermedad, tener – no tener, comprar – vender, carecieron de sentido por mucho tiempo; fueron conociendo y entendiendo esta otra forma de pensar y de ver el mundo y, en la medida que este planeta se globalizaba, los pueblos indígenas lucharon por mantener su identidad, su enfoque ante la vida y, en este camino, nos fueron dejando enseñanzas que hoy muchos asumimos como nuestra filosofía de vida, o más precisamente, nuestra ideología.

Del conjunto de principios y valores que se aúnan en el Vivir Bien, podemos destacar la solidaridad, el respeto entre personas y hacia la naturaleza y la cooperación. Si una persona incluye estos tres elementos en su vida diaria, en su forma de relacionamiento consigo misma y con los demás, incidirá de manera positiva en el mundo.

En tiempos de platón, ya los griegos afirmaban que una mente sana mantiene a un cuerpo sano; estaban indicando que la psique/mente influye en el bienestar del cuerpo y vice versa; los pueblos indígenas del Abya Yala saben que el planeta solo sanará cuando los seres humanos logren retomar su equilibrio con el medio ambiente, su entorno y consigo mismos.

Con la llegada de la nanotecnología y los notables avances científicos, el mundo occidental, finalmente comienza a abrir los ojos y la mente para esta verdad; somos parte indivisible de la naturaleza y todo tiene un efecto rebote o bumerang; todo daño que hacemos al planeta, vuelve a nosotros como más daño a nuestras sociedades, comunidades, naciones.

La ciencia también llegó a la conclusión, no tan nueva, de que los seres que habitamos este planeta estamos interconectados; que un temblor en Malasia va a afectar a Latinoamérica y lo inverso también; que cuanto más serena y tranquila esté nuestra mente y nuestro corazón, más sencillo será tomar decisiones acertadas, proactivas, en definitiva, acciones de colaboración, honrando el paradigma ganar – ganar.

Otro elemento a tomar en cuenta son las ideas e ideologías que hemos vivido y que nos han afectado en la manera de mirar al mundo y de responder ante el; el evolucionismo ha sido factor clave en la definición de nuestra respuesta al mundo y en cómo nos relacionamos.

Cincuenta años atrás, sería imposible cuestionar la teoría darwinista de la evolución o “selección natural”, donde primaba la ley del más fuerte, del más apto sobre el más débil o menos capacitado. No sólo esta teoría, pero en definitiva este enfoque aportó a que nuestras anteriores generaciones vieran y vivieran la vida desde una óptica de permanente competencia y competitividad, totalmente opuesta a la lógica de vida de los Pueblos Indígenas.

En esta lógica, los pueblos indígenas del mundo y, de las Américas en particular, fueron vistos como ciudadanos de segunda, que debían adaptarse a una sociedad ‘hegemónica’, con leyes y códigos hechos a su medida, desconociendo la riqueza que nos ofrece la diversidad.

La resiliencia de estos pueblos y su ausencia de individualismo, nos dio la oportunidad de conocer su cosmovisión, aprender que el Vivir Bien es estar bien y hacer el bien, no aquel bien que busca recompensa inmediata, sino aquel que reconoce que al hacer el bien al otro, se hará una cadena de constante acción que, afectará positivamente a las personas involucradas directa e indirectamente y, por lo tanto, afectará positivamente a quién decidió hacer el bien, y al planeta.

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