septiembre 16, 2021

¿El Modelo Económico extractivo está agotado y ha dejado mayor desigualdad?

Por Roxana Azeñas Alcoba-.


Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), señaló que “el modelo económico que se ha aplicado en América Latina está agotado: es extractivista, concentra la riqueza en pocas manos…” y que “el extractivismo (ser meros exportadores de materias primas) fracasó, no sirvió para salir de la pobreza y acentuó la desigualdad”.

Aunque ciertamente América Latina y el Caribe es la región más desigual del planeta, la razón no se debe necesariamente al modelo denominado “extractivista”, de hecho, existen países fuertemente desiguales que no basan su economía en la industria extractiva. Según dos importantes economistas especializados en temas de desigualdad, las causas obedecen principalmente a las relaciones de propiedad privada existentes en el capitalismo, como indica Piketty, o a “…cambios en las relaciones de poder”, como ha destacado Atkinson; es decir que, fundamentalmente, la desigualdad es producto de un sistema hecho para concentrar la riqueza, sea cual sea la base de su producción o generación de ingresos.

Por otra parte, es necesario señalar que el llamado “extractivismo” no ha sido una elección, sino una consecuencia del despliegue del capitalismo mundial y, por el momento, una necesidad para países como Bolivia, pues es difícil distribuir mejor cuando no se tiene qué distribuir; dicho de otro modo, lo fundamental para lograr un modelo de desarrollo más sostenible y menos desigual es contar con una fuente de acumulación de recursos tal que nos permitan desarrollar otros sectores productivos nacionales que vayan reemplazando el rol de los recursos naturales en la economía.

El sector extractivo en Bolivia es vital para su desarrollo económico, pero solo si se encuentran bajo un régimen de prestación de servicios, como es el caso de los hidrocarburos, en el cual lo fundamental es la propiedad colectiva de los mismos. A partir de 2006 se implementa ese tipo de régimen en este sector, después de un largo y muy costoso (sobre todo en vidas) proceso de recuperación de las transnacionales, quienes detentaban dicha propiedad hasta ese momento. Actualmente los hidrocarburos son propiedad del pueblo de Bolivia, como señala el Artículo 359 de la Constitución Política del Estado.

Dijimos que la propiedad es lo esencial en este régimen, y esto porque ciertamente quien la ejerce tiene la posibilidad de tomar decisiones soberanas sobre los recursos y también sobre el uso y destino de los excedentes, mismos que pueden servir para impulsar un modelo de desarrollo alternativo o implementar otros sectores financiando, por ejemplo, importantes proyectos para la concreción de otro sector estratégico, como se hizo con el litio.

De hecho, gracias a que se recuperó la propiedad de los hidrocarburos es que se pudo alcanzar que redujeran tanto la pobreza (la pobreza extrema redujo del 38,2% al 15,2%, entre 2005 y 2018; y alrededor de tres millones de personas salieron de la pobreza hasta 2018), como la desigualdad (experimentó una reducción, según el índice de GINI, de 0,60 en 2005 a 0,42 en 2018) y que se generara un incremento en el Producto Interno Bruto (PIB) en más de cuatro veces desde 2005 a 2018, logrando ser por seis años la economía con mayor crecimiento de la Región.

Y aunque aún estamos por debajo del promedio de América Latina, en términos de pobreza y pobreza extrema –nos encontramos entre los países con los niveles de pobreza más elevados, igual o superior al 30%, y de pobreza extrema por encima del 10%–, según datos de la Cepal, somos de los países que más han reducido estos indicadores.
Pese a los buenos resultados, es importante que nuestra economía deje de depender de la explotación y comercialización de recursos naturales, sobre todo de los no renovables, debido a la vulnerabilidad vinculada a un modelo basado en estos. Sin embargo, para iniciar el alejamiento de la dependencia de la renta petrolera u otra basada en recursos no renovables, el primer paso es establecer una fuente de acumulación de valor que permita, como ya lo hemos señalado, la posibilidad de impulsar otros sectores, pero también de hacerlo de manera más igualitaria, superando la pobreza. Para esto es necesario contar con la propiedad del recurso natural y del excedente de los recursos no renovables. Sin esta acumulación inicial sería imposible hablar de un desarrollo económico sostenible y menos desigual.

La manera de lograrlo no será, por tanto, dejando el extractivismo, sino a través de contar con los recursos necesarios para sostener un mayor desarrollo que permita asumir los gastos y costos que esto conlleve y cambiar las relaciones sociales de producción imperantes que son el eje del sistema capitalista, pues de otra forma caeremos sin remedio nuevamente en la lógica de acumulación para el servicio del capital y de la concentración del mismo, a través del mercado. Que, como vimos, es la verdadera causa tanto de la desigualdad como del fracaso de los modelos de desarrollo.

Como expone Stiglitz, sobre al fracaso del modelo de desarrollo vigente: “…un sistema económico que no proporciona bienestar a una parte muy importante en la sociedad es un sistema económico que fracasa”, en este sentido, el fracaso está relacionado con la desigualdad como un efecto sí, pero no del extractivismo sino de los fundamentos mismos del sistema capitalista. En este sentido, no es el extractivismo al que hay que combatir, sino el modelo de desarrollo imperante, al sistema capitalista y sus relaciones sociales de producción.


* Miembro de la Red de Economía Política.

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