junio 14, 2021

Colombia: la democracia directa en acción

Por Marcelo Caruso Azcárate *-.


La movilización y acción social es el ejercicio directo de la soberanía popular, de las libertades públicas y de la democracia participativa que reconoce y garantiza la Constitución colombiana. Desconocerlo es una expresión más del irrespeto de su normativa y del Estado social de derecho y un desconocimiento deliberado de sus gobernantes que hoy la reprimen en forma bárbara e indiscriminada.

Quienes hoy ejercen su derecho a la participación son fundamentalmente mujeres y hombres jóvenes que han nacido y crecido bajo la exclusión y desigualdad del neoliberalismo, régimen que apostó a mundializar el predominio del capital financiero, con la conciencia y claridad de cuán doloroso sería su desastroso impacto. Por eso corresponde calificar los resultados de este modelo como un genocidio social planetario, del que se hace parte la respuesta de guerra del Estado colombiano al confrontar la protesta legítima e indignada de esta nueva generación de “condenados de la tierra”, que no tienen nada que perder más que su pobreza y exclusión.

La misma pandemia es una consecuencia directa de la crisis ambiental generada por la aceleración de la extracción y producción a costa de los equilibrios de la naturaleza, y otra expresión de ese genocidio, pues las incapacidades para prevenirla y controlarla nacieron de la mercantilización de la salud.

Nos centraremos en interpretar los aspectos transformadores que han acompañado el actual estallido social, reconociendo que tanto la academia como los partidos críticos al sistema han sido superados por la insurgencia social.

Hay un renacer del espíritu anticolonial que había sobrevivido en las conciencias de los pueblos indígenas, expresado en la carga simbólica que implicó el derrumbe de monumentos que glorificaban a quienes exterminaron por siglos a nuestros antepasados; lo que marca un punto de no regreso en la conciencia social colectiva que nace de nuestra historia viviente.

Por otra parte, es necesario comprender los nuevos sujetos sociales nucleados en organizaciones de base vinculadas al territorio, con motivaciones y proyectos socioculturales, de oficios varios, artísticos, artesanales, ecológicos y de identidades de género y opción sexual; a los que se integran los pequeños transportistas amenazados de perder su medio de trabajo; los pequeños y medianos comerciantes quebrados por los vaivenes de las políticas de prevención y vacunación; y, sobre todo, a quienes en general los incluyen, que son los trabajadores y trabajadoras por cuenta propia, independientes con pequeños emprendimientos y una mayoritaria participación de la mujer, que son la clase trabajadora del presente y del incierto futuro, cuyas familias sobreviven con una comida diaria. Escucharlos, apoyarlos y promover políticas públicas que fortalezcan sus asociatividades y aumenten sus oportunidades de crecer en calidad de vida, es una responsabilidad colectiva. Son ellos los que han aportado creativas formas de participación social que instalaron las movilizaciones continuadas y los puntos de encuentro y debate, los bloqueos regulados y los cacerolazos hacia los cuales se ha dirigido la violencia policial.

La juventud, que en el pasado expresaba su rebeldía con la lucha armada, en causas cerradas en las universidades o migrando en busca de trabajos, hoy marcha en las calles y se organiza en sus barrios y veredas, dispuesta a que no se vulnere aún más su dignidad y puedan promover con libertades y derechos cambios que garanticen justicia social. Y lo hacen con nuevas formas de comunicar y difundir los asesinatos y abusos del Estado, con una capacidad que ha llevado la causa del pueblo colombiano por todo el mundo y colmado de evidencias a una justicia que tiene la responsabilidad de acabar con la impunidad. Por eso, todo acuerdo que se logre concertar deberá ser consultado con ellos en sus asambleas y espacios de control territorial, dado que la lucha es larga y es participando que se construye conciencia.


* Filósofo.

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