junio 13, 2021

Una batalla que la debemos ganar todos


Por La Época-.


No hay duda que el comportamiento de la pandemia del Covid-19 es impredecible, en parte por su mutación, y que tiene en una situación extremadamente delicada a todos los países del mundo y particularmente a los del capitalismo periférico. No hay región en el globo que no se encuentre entre la segunda y la tercera ola, e incluso ya se habla en algunos de la cuarta ola.

Bolivia no es la excepción. Salvo el departamento de Tarija, que todavía no sale de la segunda ola, los ocho departamentos restantes se encuentran atravesando la tercera ola, aunque Cochabamba y Oruro son los que llaman a la mayor preocupación por la cantidad de casos registrados, según ha expresado el ministro de Salud, Jeyson Auza, al presentar datos oficiales en la noche del martes.

De acuerdo a informaciones de la autoridad, elaborados con responsabilidad por el Ministerio de Salud, desde que empezó la pandemia al 31 de mayo pasado, Bolivia tiene un acumulado de 371 mil 279 casos, de los que 295 mil 273 se han recuperado, 61 mil 482 están activos y 14 mil 524 personas han fallecido. Y, lo que hay que decir, para evitar el sensacionalismo y la desinformación interesada de parte de los medios de comunicación hegemónicos, es que la tasa de letalidad (que es la cantidad de personas fallecidas por cada 100 enfermos), en la tercera ola registra una cifra menor (2,2%) respecto de la segunda (2,6%) y la primera ola (6,2%).

Por lo tanto, no es responsable que la oposición sostenga que la estrategia del gobierno de Luis Arce no está dando resultados. Los datos muestran fehacientemente que Bolivia se encuentra ahora enfrentando la pandemia en mejores condiciones y resultados respecto de los registrados en la primera ola, durante el Gobierno de facto de Jeanine Áñez, cuando una prolongada cuarentena no fue acompañada por medidas y acciones concretas.

Todos desearíamos que la pesadilla acabe, pero no hay vuelta atrás: el mundo no será el mismo cuando se ingrese a la postpandemia. Y en el país pasa lo mismo, y todos abrigamos la esperanza de que los efectos en los diversos campos de la vida sean revertidos o al menos aminorados con políticas públicas concretas.

En el campo de la salud, el gobierno popular lleva adelante una intensa campaña de vacunación y una activa campaña de diagnóstico a través de pruebas antigenonasales y PCR, lo que ciertamente no ocurrió en la primera ola. Todavía es menos la gente que concurre a los centros de vacunación en relación a la disponibilidad de las vacunas, aunque el número de personas que se hicieron vacunar ha crecido sustancialmente desde que el Ministerio de Salud ha intervenido.

Es verdad, sin embargo, que el panorama no está exento de problemas: hay déficit de oxígeno respecto de lo que se necesita y la disponibilidad de camas en el tercer nivel ha llegado al límite, lo que ciertamente requiere de medidas de colaboración entre los gobiernos subnacionales ya que, como muestran los datos, el comportamiento de la pandemia no es el mismo en todos los lugares. Un eficiente uso de los recursos puede ayudar a mitigar la situación.

Ganar esta batalla, ha señalado el ministro Auza, depende de todos los niveles del Estado (gobierno nacional y gobiernos subnacionales), pero también del grado de responsabilidad y conciencia de todos y todas.

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