septiembre 20, 2021

El Mosca

Por  Sergio Salazar Aliaga *-.


Cómo es la vida… alguna vez pasé por el Capotraste a tomar un tequila, escuchar música y pasar la noche. Recién, el otro día, que me dio por la onda retro y buscar vinilos para atesorarlos en mi sala con mis discos de rock y muchos más, conocí a Sergio “Mosca” Claros.

Di con una tienda muy tentadora en la Av. 6 de Agosto, dentro del Café Typica, llamada “Zurco”. Entre idas y vueltas comencé a hablar con los propietarios y quedé fascinado con su forma de vida, lo mínimo que podría hacer es reproducir una charla que tuvimos en relación a la música.

Sergio Salazar (SS).- Sergio, somos tocayos, eso es bueno… ¿cómo entraste a la música?

Sergio Claros (SC).- No sé cómo, pero mis padres escuchaban mucha música, mis abuelos también, estaba rodeado de música, siempre había música en la casa. Empecé a coleccionar discos desde los 10 años, me compré el “Jesucristo Superstar” en la versión de la ópera; ahí principió mi colección poco a poco, cuando estuve en los últimos cursos de colegio tuve mi amplificación, eso me permitía ganar plata para comprarme más discos.

Los discos también los vi como material de estudio, analizarlos, ver la ingeniería, ahí nace mi colección muy variada, desde música autóctona del norte de Potosí, pasando por música clásica, jazz, rock, de todo, me gusta mucho la música brasileña. Ahora calculo que tengo unos tres mil discos de vinilos y en cd alrededor de unos 700.

Tuve una época que me he desligado de la acumulación, fue en los 90, dejo de comprar discos, después vuelvo en los 2000 con la colección, tengo una década medio perdida. Poseo cosas muy antiguas, algunos discos de Jaime Laredo; en jazz bastantes discos muy experimentales, usando instrumentos medio africanos, mucha percusión; de los discos chistosos tengo pop music de los 80, en una versión en paralelo, el surco pegados, edición alemana.

Siendo sincero, la mía no creo que sea una colección tan grande, hay ricas melómanas y grandes coleccionistas, por ejemplo, están los Calero (Sergio y Juan Carlos) en el tema de The Beatles, en los Rolling Stones está el Puka Reyes Villa, en el jazz está Nico Peña y que además es impresionante su conocimiento, están las Flaviadas en música clásica, está el grupo la Comunidad del Vinilo con Huascar Cajías, que son coleccionistas de vinilos, además mayoritariamente coleccionan lo que se llama ediciones de época, no les gusta las reediciones; es decir, hay gente que está mucho más arriba.

Retomando con la historia, después me fui a estudiar Ingeniería Eléctrica, pero no aguanté el primer año y tuve la suerte de caer en una de las pocas universidades que ofrecía Ingeniería de Sonido, ahí es cuando decido cambiarme de carrera y empiezo a estudiar sonido, yo no tenía una formación musical, tuve un profesor que me dio un año de prueba para entrar formalmente, ahí aprendí a tocar piano y una vez graduado volví a Bolivia con Pablo Muñoz para crear Pro Audio.

SS.- ¿Cómo nace Pro Audio?

SC.- Fue una iniciativa de Pablo, gran guitarrista, tenía un grupo a finales de los 70 llamado “Cantos Nuevos”, junto al poeta Juan Carlos Orihuela y Óscar García. Entonces había la necesidad de armar un estudio, lo planeamos, encargamos los equipos al Japón, y en agosto de 1986 nace Pro Audio.

Lastimosamente fallece Pablo años después, se suman a eso Ricardo Sasaki, Bernarda Villagómez, Óscar García y yo, que somos los socios actuales.

SS.- ¿Cómo descubren Coda 3, lo que luego sería Octavia?

SC.- Esa es una historia bastante simpática, todos eran mayores que yo, que acababa de llegar de estudiar. Lo conocí a Nico Suárez, otro gran músico y gran amigo mío, el igual acababa de llegar de Washington de haber hecho su segunda maestría o su doctorado en Composición, y estaba de profesor en el conversatorio… trabajamos en temas de publicidad, y un día viene y me dice: “Tengo un grupo de alumnos que están haciendo rock, es algo interesante”. Los escuchamos y decidimos producirlos, era una banda de adolescentes, sacamos el primer disco en casete.

Posteriormente Coda 3 saca su segundo disco en Discolandia y años después vuelven a nosotros a través de Sony Music para grabar el disco “Aura” en 1996, y es allí que cambian de nombre a Octavia; el disco fue espectacular, sobre todo por la participación de Óscar García en el manejo de instrumentos nativos.

SS.- ¿Qué experiencias tuviste que nos puedas compartir?

SC.- Una de las experiencias más linda fue grabar el primer casete de Música de Maestros, en realidad Rolando Encinas se financió solo, pero me dio la posibilidad de conocer a grandes músicos, entre ellos estaban William Centellas; después la orquesta fue creciendo, sigue vigente, enaltece la música folklórica y el valor de recuperar la música de los años 30 y 40.

Otra experiencia, entre comillas descubrimiento, va ser el grupo Pateando al Perro, que pronto se vuelve Gogo Blues, eso va ser gracias a Óscar García. Llegó del Festival de la Cultura, a mediados de los 90, trajo un casete y me dijo: “He conocido un grupo de gauchos roqueros, ¿por qué no los producimos?”, yo le digo, “no me hables de gauchos, son muy pajpakus”; al final trajo a Gonzalo Gómez al estudio, lo conocí y, bueno, era todo lo que no es un porteño, un cordobés espectacular, hasta el día de hoy somos muy amigos, grabamos el primer disco “Disfrazados”, Marco Loayza hizo la tapa.

Más tarde grabé dos discos de Grillo Villegas, “Almaqueloide” y “Hidrometeoros 2”. Hubo un momento donde entraron las transnacionales a Bolivia, Sony Music, BMG y Warner Music, yo tenía una amistad que se fue formando en años con Eduardo Beise, él tenía un estudio en Cochabamba –es el hijo de Julia Beise, la cineasta–, llegó a ser Gerente General de Sony Bolivia y se va a Chile para ser gerente allá, pero cuando estaba acá quería empujar mucho la música nacional, él nos dio el empujón para el disco de Octavia y el disco del Grillo.

También grabé con David Portillo, Coral Nova, he hecho mucho cine, música para cine, con Marco Loayza he trabajado muy de cerca, películas como “Las Bellas Durmiente”, “El Olor a la Vejez”, “Cuestión de Fe”.

He grabado los festivales de Luz Mila Patiño, música de Moxos, del norte de Potosí, de los valles, con todo el estudio antropológico que la Fundación Patiño hacia sobre eso.

Uno de los mejores discos y de los que estoy más orgullos que he grabado es “Memoria del destino”, de Óscar García y Juan Carlos Orihuela, música de poesía boliviana musicalizada, un poco de lo que hace la Vero Pérez, pero hecho hace 25 años.


  • Cientista político.

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