septiembre 16, 2021

La década perdida de los 80 tiende a repetirse

Por Arturo Huerta González *-.


De aumentar Estados Unidos la tasa de interés ante las presiones inflacionarias que enfrenta, ocasionará inestabilidad en el mercado de divisas y de capitales en los países latinoamericanos, debido a que propiciará salida de capitales y menor entrada de estos, por lo que se devaluarán las monedas y caerán los precios de las acciones.

Los países con alta deuda externa, tanto de su sector público como del privado, enfrentarán serios problemas al aumentar Estados Unidos su tasa de interés. Ello incrementará la carga del servicio de la deuda externa, lo que disminuirá su capacidad de gasto y contraerá su actividad económica. Para contener la salida de capitales y menor entrada de estos y la devaluación, los gobiernos latinoamericanos procederán a aumentar la tasa de interés (algunos ya los han hecho, como el caso de México), por lo que los sectores endeudados en moneda nacional verán incrementado el costo de su deuda interna, contrayendo también su capacidad de gasto e inversión para poder cubrir el costo de su deuda, por lo que se contraerá más la actividad económica. El ingreso nacional crecerá menos que el costo de su deuda, por lo que aumentará la cartera vencida y desestabilizará a su sector bancario-financiero.

Se configurará un contexto recesivo e inflacionario por la devaluación y porque las empresas trasladarán a los precios sus mayores costos financieros. A ello se suma que los gobiernos aumentarán impuestos, así como precios y tarifas de los bienes y servicios que ofrecen para evitar caer en crecientes déficit públicos, como resultado del mayor costo de la deuda externa e interna. La mayor inflación nos llevará a un proceso devaluatorio permanente y a alzas de tasas de interés, tal como aconteció en la década perdida de los 80, caracterizada por recesión, inflación, devaluación y creciente desigualdad del ingreso.

La gran mayoría de los países latinoamericanos hemos caído en una dependencia creciente de la entrada de capitales y el alza de la tasa de interés en Estados Unidos disminuirá dichos flujos de capital hacia América Latina. Ello pasará a comprometer el financiamiento del déficit de cuenta corriente, como la estabilidad del tipo de cambio, obligando a los gobiernos a tener que acentuar el carácter restrictivo de sus políticas monetaria y fiscal para evitar mayor déficit externo, como presiones sobre el tipo de cambio, lo cual acentuará el estancamiento, como el desempleo, subempleo y miseria en los países.

Para disminuir la dependencia de la entrada de capitales y la vulnerabilidad externa en que se ha caído, los países tendrían que proceder a impulsar procesos de sustitución de importaciones como a acrecentar el valor agregado nacional de las exportaciones y así reducir el déficit de comercio exterior. Para avanzar en tal dirección los gobiernos tienen que retomar el manejo soberano de su política monetaria, cambiaria y fiscal e instrumentar control al movimiento de capitales, para evitar prácticas especulativas y poder bajar la tasa de interés, ampliar el gasto público y trabajar con tipo de cambio flexible para impulsar la inversión y la esfera productiva.

Al disminuir el déficit externo se reducirían los requerimientos de entrada de capitales y seríamos menos sujetos a las alzas de la tasa de interés de Estados Unidos, como a las vulnerabilidades de los mercados financieros internacionales y no tendríamos que sujetarnos a las políticas macroeconómicas de “estabilidad” (alta tasa de interés, estabilidad cambiaria y equilibrio fiscal) que ellos nos imponen, las que actúan contra el crecimiento económico.

La caída de la producción derivada de los confinamientos que ha obligado la pandemia ha ocasionado rezagos productivos y escasez de producción para satisfacer la demanda que se está incorporando al mercado al irse abriendo las economías, lo que está presionando sobre precios a nivel mundial. Para los países que están ampliando la producción ante las políticas de estímulo monetario, fiscal y crediticio que están aplicando la inflación será temporal, a diferencia de los países latinoamericanos que por lo general siguen con políticas monetarias y fiscales restrictivas y que no están instrumentando políticas a favor de la producción. Ello acentúa los problemas de baja productividad y los rezagos productivos que hacen que las presiones sobre precios continúen, a pesar que contraigan la demanda con las políticas restrictivas.

De hecho, los rezagos productivos y la baja productividad en varios países no presionaban a los precios, debido a que ello era contrarrestado por las importaciones baratas, derivadas del dólar barato con que trabajaban. Ahora, las importaciones resultan más caras por la inflación mundial; y más caras serán al devaluarse la moneda.

De proceder los bancos centrales latinoamericanos a aumentar la alta tasa de interés para contener la inflación y la salida de capitales y la devaluación, más se contraerá la inversión y la producción, por lo que aumentarán las presiones de oferta sobre importaciones y sobre precios, configurando un contexto recesivo, inflacionario, con presiones crecientes sobre el sector externo y el tipo de cambio. La mayor tasa de interés no atraerá capitales para mantener estable el tipo de cambio, debido a que la contracción económica y las mayores presiones sobre las finanzas públicas que ocasiona aumentarán el riesgo país, lo que desestimula la entrada de capitales.

América Latina y el Caribe seguirán sujetas a los vaivenes de la economía internacional, en especial de la economía de Estados Unidos, mientras no se encaminen a desarrollar condiciones endógenas de acumulación que reduzcan las presiones sobre el sector externo y los requerimientos de entrada de capitales. Para ello, los gobiernos deben retomar el control de su moneda, para financiarse con ella a favor del empleo y de los sectores productivos y así reducir las importaciones e incrementar el valor agregado nacional de las exportaciones. Es necesario postergar el pago de la deuda externa para liberar recursos para el impulso de la actividad económica y para reducir el déficit de comercio exterior con el fin de generar capacidad de pago de la deuda en condiciones de crecimiento. Se debe trabajar con tipo de cambio flexible y subordinar lo financiero a favor de otorgar créditos baratos al sector productivo y a la generación de empleo formal bien remunerado.


  • Profesor de posgtrado de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

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