septiembre 16, 2021

Áñez no le interesa a los que la empujaron a su autoproclamación


Por La Época -.


A pesar de las declaraciones en favor Jeanine Áñez de parte del alcalde de la ciudad de La Paz, Iván Arias; de la activista en Derechos Humanos Amparo Carvajal, quien guardó un silencio cómplice con las acciones represivas del gobierno inconstitucional que surgió en noviembre de 2019; del empresario Samuel Doria Medina, cuyo partido apoyó el golpe de Estado; y del excandidato presidencial, Carlos Mesa, que ya no sabe cómo llamar la atención; es evidente que el futuro de la expresidenta de facto le interesa a muy pocos. Los políticos que la convencieron para asumir la conducción del país y que no podían contener su alegría cuando iban a Palacio, hoy la tienen olvidada. Solo la citan en declaraciones y pronunciamientos como instrumento para atacar al gobierno legítimo y constitucional de Luis Arce.

En los últimos días, con el apoyo de los medios de comunicación y algunos analistas de derecha que respaldaron el golpe de Estado, se pretende generar en la opinión de la gente la idea de que Áñez enfrenta una cruel, injusta e inhumana detención preventiva, de que se le violan sus derechos y que además no es atendida como se debe de las complicaciones de su estado de salud que son evidentes. “La ansiedad mata, a mí cualquier rato me va a dar un infarto”, afirmó el miércoles pasado la expresidenta de facto en la audiencia de acción de libertad.

Las palabras de Áñez tratan de interpelar a la sensibilidad de la gente, y es probable que, aparte de los pocos que la apoyan, la escasa gente que pueda sensibilizarse unos minutos, al rato vuelve a la realidad. La contundencia de los hechos de 2019 activan en la memoria de hombres y mujeres los malos recuerdos y los dolores que se tuvieron que enfrentar a raíz de un golpe que no debió suceder jamás. Nada de las palabras de madres implorando saber dónde estaban sus hijos e hijas detenidas, de los gestos de angustias por saber si los estaban torturando o no, de demandar justicia por la muerte de sus seres queridos o de exigir que no los persigan por solo opinar contra el gobierno de facto en las redes sociales, conmovió en esos momentos a la exsenadora, que se dejó tentar para ser presidenta inconstitucional. Todo lo contrario, seguía la tesis del “enemigo interno” al que había que derrotar.

A pesar de eso, no es una posición de venganza la que se debe asumir, pero la justicia debe prevalecer. Áñez debe responder por los delitos que cometió antes de autoproclamarse presidenta y permitir que un militar le coloque la banda presidencial, y también tendrá que enfrentar un juicio de responsabilidades por los delitos cometidos en el ejercicio de sus funciones. Y si de Derechos Humanos se trata, explicar el porqué no se otorgó salvoconductos a las exautoridades del gobierno de Evo que, a pesar de su condición de asilados, estaban asediados sistemáticamente por policías y paramilitares enviados hasta la residencia de la Embajada de México por el exministro de Gobierno, Arturo Murillo.

La realidad es distinta a la construida mediáticamente. Las autoridades de régimen penitenciario han explicado que las condiciones de la detención preventiva de Áñez, en la cárcel de mujeres de Miraflores, son buenas y privilegiadas en comparación a las que tiene el resto de la población penitenciaria, y que el seguimiento a su estado de salud se hace con regularidad.

Por lo demás, es recomendable que las autoridades judiciales y penitenciarias vayan documentando las garantías constitucionales de las que goza Áñez, entre ellas la del debido proceso.

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