septiembre 27, 2021

La corporación mediática y el golpe de 2019


Por Óscar Silva Flores * -.


La corporación mediática jugó un papel más que importante en la preparación, la ejecución y la consolidación del golpe de Estado que llevó al Palacio a Jeanine Áñez en noviembre de 2019 y todo indica que tiene la pretensión de jugar también un papel similar en obstaculizar el juicio y sanción a los responsables del golpe y del asesinato de decenas de bolivianos, entre otros crímenes.

El informe del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), entregado en días pasados al Gobierno, ha vuelto a poner en tela de juicio a tres instituciones fundamentales del Estado, señalándolas como responsables de una buena parte de las vulneraciones de los Derechos Humanos en los días posteriores al golpe.

Igualmente, es contundente al señalar que Áñez se proclamó sin quórum, primero como presidenta del Senado y luego presidenta del Estado, sin ningún respaldo constitucional o reglamentario, es más, violentando totalmente ambas normativas. Lo del militar colocándole la banda presidencial, como señal de acción de investidura, va más allá de lo anecdótico y debe ser considerado como otro elemento de la usurpación que llevaron adelante Áñez y sus cómplices. Fue golpe, eso ya no tiene margen de discusión.

Empero, hay un aspecto que queda al aire en este importante y riguroso informe, que es el relacionado al papel que jugó la corporación mediática en la incitación a la violencia, el indisimulado apoyo a los principales actores del movimiento sedicioso, la manipulación y desinformación sobre los sucesos de violencia generados desde el gobierno de facto, como en los emblemáticos casos de las masacres de Senkata y Sacaba, en los cuales los titulares de la prensa afirmaban que se pretendía “hacer volar” la planta de Senkata o que los manifestantes de Sacaba “se habían disparado entre ellos”, para justificar la cantidad de muertos.

Esta narrativa coincidente entre todos los medios del “sicariato mediático”, como lo denomina Atilio Boron, fue amplificada por estaciones de radio y canales de televisión, también parte de esta corporación, de manera absoluta. El gobierno de facto, entre tanto, con la finalidad de garantizar esa voz única de la corporación mediática, procedió al asalto y silenciamiento de decenas de radios de los pueblos originarios, las instalaciones de Bolivia Tv y el periódico estatal Cambio.

El informe del GIEI señala taxativamente qué sucedió en los días posteriores al golpe, a partir de la aprobación del DS. 4078 del 14 de noviembre de 2019, que fue aprobado exclusivamente para otorgar impunidad a los agentes militares y policiales que recibieron el encargo de reprimir y masacrar al pueblo boliviano como la única forma de “consolidar” el golpe y la presencia de Áñez en el Palacio Quemado.

Asimismo, la farándula organizada por la corporación mediática golpista se solazaba exhibiendo en todos sus espacios informativos un recorrido turístico por las habitaciones del depuesto presidente en la Casa Grande del Pueblo, para sorprender al televidente por “los lujos” de la recámara presidencial, seguramente parecida a la de los jeques árabes o reyes medievales, en tanto el aparato represivo estatal cumplía con su tarea de silenciar cualquier intento de oposición en las calles, en la ciudad o en el campo.

Puestos en evidencia, con el informe del GIEI, aquellos opositores que impulsaron la conspiración golpista y el sicariato mediático, no solo boliviano, sino transnacional, aparecen nuevamente distorsionando aquel documento, falseando sus conclusiones, manipulando sus recomendaciones, pretendiendo no solo adjudicar a terceros la responsabilidad de la violencia y de los muertos que esta originó, sino, fundamentalmente, eludir la acción de la justicia y la sanción a los culpables del llanto y dolor sembrado en los hogares de compatriotas acribillados por la dictadura.

¿Cómo enfrentar a este monstruo de mil cabezas, alimentado y amaestrado por las agencias imperiales? ¿Tendrá el pueblo y el Estado la capacidad de enfrentar y poner en su lugar a esta corporación? ¿O tendremos que resignarnos a luchar en total desigualdad de condiciones y recursos contra este enemigo transnacional? Tengo las preguntas, pero las respuestas no, al menos por ahora.


* Periodista y abogado.

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