octubre 15, 2021

Género y educación


Por Soledad Buendía Herdoíza * -.


Vincular el género y la educación se vuelve una tarea cada vez más urgente para nuestras sociedades latinoamericanas. La capacidad transformadora de la educación transversalizada con la categoría de género que incluya una mirada interseccional puede ser en externo potente.

La voluntad política es indispensable para iniciar procesos inclusivos para entender entre todas y todos los impactos de una política educativa inclusiva y no discriminatoria. Romperemos paradigmas, esquemas y estereotipos profundamente arraigados en la educación.

La revisión de metodologías, contenidos curriculares, didácticas, procesos académicos que vayan poco a poco deconstruyendo conceptos discriminatorios de manera amplia.

Realizar un diagnóstico que nos permita tener una línea base será la primera acción, reeducarnos en clave de género será la fortaleza. Estoy segura, muchos ya lo entendieron o lo empiezan a entender, la nueva versión de la Cenicienta de Disney presenta a una protagonista, Camila Cabello, que no quiere casarse, rompiendo el estereotipo de que las mujeres debemos casarnos, tener hijos y mantenernos en el ámbito de privado del hogar. La nueva Cenicienta se elige a ella y su realización personal para “vivir muy feliz”. Desarrollar su trabajo, construir un camino propio, con sueños propios que son parte de la nueva mirada de esta protagonista. Resta todavía seguir deconstruyendo el amor romántico que tanto daño hace a las relaciones interpersonales manteniendo a numerosas mujeres en relaciones tóxicas y violentas que terminan en femicidios.

Las nuevas generaciones de mujeres y niñas latinoamericanas entienden dolorosamente que el “felices por siempre” está distante de su realidad cuando eres pobre y te cruzan otras condiciones como el color de la piel, el origen o la cultura, que profundizan la discriminación. Solo con políticas públicas transformadoras en el ámbito educativo podremos lograr cambios verdaderos.

Las nuevas generaciones no buscan cuentos de hadas para transformar sus vidas, tampoco esperan la llegada de “su príncipe azul”. Estas generaciones exigen derechos en plazas y calles, hablan de amor entre personas iguales. Con pañuelos verdes en sus cuellos crean consignas que acaban con el silencio de opresiones profundas, en una sociedad que no entiende su fuerza reprimida. Y esperan con desesperación respuestas de un Estado machista, que las cuestiona, juzga y culpa mientras las siguen matando.


* Miembro de la Asamblea Nacional del Ecuador.

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